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Opinión | El teleadicto

Cine de barrio

Inés Ballester en "Cine de barrio".

Inés Ballester en "Cine de barrio". / RTVE

Es curioso que TVE cancele con tanta frecuencia el programa Cine de barrio, que ha cumplido 30 años reinventándose a sí mismo. Poco tiene que ver el formato inicial con el que se puede ver ahora. Las películas son las mismas, más que nada porque el público las quiere y desea verlas una y otra vez. No se entiende Cine de barrio sin Paco Martínez Soria, Lina Morgan ni Manolo Escobar.

Los que han cambiado mucho son los invitados que se reúnen cada sábado en la tertulia de salón que precede cada una de las proyecciones. Los habituales como Luz Sánchez-Mellado, Paco Tomás o Benjamín Prado distan mucho de quienes pasaban por allí hace treinta años.

Ahora el programa contextualiza cada una de las películas en la época histórica en la que fueron rodadas y estrenadas. Y es esa mirada distanciada la que las hace más entrañables. Su directora Machús Osinaga sabe conjugar las esencias del pasado con la modernidad más genuina. De ese cóctel surgen encuentros cuyo único problema es que se hacen demasiado cortos. Cine de barrio merece más tiempo. El clima que se crea en el plató daría para mucho más que para el cuarto de hora tasado que sale en pantalla. Es una pena que cuando se logra alcanzar un tono de programa tan hermoso no se dilate en el tiempo. Supongo que esta premura obedece a cuestiones de audiencia, que se supone desea ver las películas sin preámbulos tan largos. Una pena, porque lo que ocurre en ese saloncito de Cine de barrio es como un trozo de paraíso donde los problemas se olvidan.

No estaría de más que acogiesen las diez películas que filmaron Pajares y Esteso, aunque mucho me temo que al tratarse de una franja infantil protegida resulta complicado. Es sólo una idea.

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