Opinión | Palabras gruesas
El activismo ciudadano en momentos de transformación: diagnósticos y desafíos para Alicante (II)

Imagen generada con IA
La participación es un instrumento fundamental para construir ciudadanía activa, consciente y crítica, implicada en el desarrollo de la ciudad y en sus transformaciones sobre la base de los derechos y las responsabilidades compartidas, capaz de conciliar intereses contrapuestos. Además, mejora los sentimientos de identidad urbana, impulsando procesos de cooperación que enriquecen la convivencia.
Todo ello ha sido estudiado desde hace tiempo por la sociología, estableciendo una estrecha relación entre el fortalecimiento democrático de las sociedades con los niveles más altos de implicación del movimiento asociativo, algo particularmente importante en nuestros municipios. Es así como la erosión de la participación ciudadana que se viene impulsando desde el Ayuntamiento también está dañando la salud de la democracia municipal.
Ahora bien, el nuevo escenario político que impulsa la derecha reaccionaria global, que también gobierna Alicante, está impulsando cambios en la acción colectiva sobre tres ejes fundamentales, de los que tenemos que ser conscientes. El primero de ellos se refiere al capital, que no solo concentra poder económico, sino que quiere decidir las agendas políticas, generando enormes fracturas entre el territorio en el que se adoptan las decisiones y el que habitan las personas. Para el capital, las ciudades son un lugar en el que extraer los máximos beneficios, recursos, dinero, contratas, privatizaciones, y lo hacen sin límite si los poderes públicos no priorizan el interés general, algo que no hace la derecha posdemocrática, como vemos.
El segundo afecta a los gobiernos de derecha, que están debilitando (o anulando) elementos básicos de redistribución, reducción de la desigualdad, justicia social y participación ciudadana, erosionando con ello los espacios comunes para defender, en cambio, los intereses privados del capital, a distintos niveles y escalas. Todo ello contribuye a desmovilizar a la ciudadanía, llevándonos a una democracia sin ciudadanos.
Por último, estaría el avance de las nuevas tecnologías, las redes sociales y la IA que imponen una visión cada vez más simplificada de la política y la sociedad basada en la polarización algorítmica, la espectacularidad y la viralidad, sustituyendo así el análisis crítico y el debate racional. Las redes sociales neutralizan el conocimiento e impacto de programas y actuaciones, como demostró el PP en las pasadas elecciones municipales al no presentar siquiera un programa municipal a los ciudadanos, ganando a pesar de ello las elecciones.
El resultado es una ciudadanía cada vez más desconectada y desapegada de la política municipal y de los grandes problemas de la ciudad en la que vive, disolviéndose los vínculos comunitarios al avanzar esa progresiva privatización de la vida que impulsan la derecha y el capital. Todo ello toma cuerpo en Alicante, gobernada desde 2018 por un alcalde del PP que mantiene acuerdos de gobierno con la extrema derecha de Vox, impulsando políticas reaccionarias, neoliberales y autoritarias convertidas en seña de identidad en una ciudad en caída libre. Como consecuencia, se vive un proceso de degradación social, urbana y moral, amparándose chiringuitos dogmáticos, disfuncionales e inoperativos.

El alcalde de Alicante, Luis Barcala, sobre el escándalo de las viviendas protegidas: "Me siento víctima de una cacería" / PILAR CORTÉS
Todo ello es visible en el acelerado deterioro y desidia en sus barrios, con un abandono en la ejecución de programas esenciales sobre sectores y colectivos desfavorecidos que lleva a devolver importantes cantidades de dinero por intervenciones no ejecutadas, con un profundo desbarajuste municipal, como estamos viendo en el escándalo sobre la primera promoción de viviendas públicas promovidas por el Ayuntamiento en veinte años y que se han convertido en símbolo de corrupción y la injusticia. Sin olvidar tres aspectos clave en Alicante como son el impacto destructivo de la turistificación descontrolada, el abandono sobre los desafíos ecosociales y la transición ecológica así como el avance hacia una ciudad cada vez más desigual y polarizada.
Así las cosas, es importante preguntarnos por las tareas que como ciudadanos tenemos pendientes, en medio de este escenario político tan novedoso y atravesando una ruptura de los mecanismos democráticos de participación social. Al mismo tiempo, tenemos que ser conscientes también de un retroceso del asociacionismo, desincentivado por profundos cambios urbanos y demográficos, y obstaculizado desde los poderes municipales, dificultando tener un horizonte cívico compartido.
Para impulsar y renovar el tejido ciudadano tan deshilachado que tenemos en Alicante, se podría trabajar desde cuatro grandes ejes básicos, enriquecidos con las aportaciones, la experiencia y las vivencias de los diferentes colectivos.
El primero de ellos pasaría por cambiar el paradigma en la acción para superar particularismos y conjugar las protestas con las propuestas, diferenciando las tareas urgentes de la necesaria elaboración de visiones estratégicas sobre desafíos futuros de carácter sistémico. Para ello hay que reivindicar la ciudad como un patrimonio ciudadano, en lugar de utilizarla como simple mercancía o lugar de negocios destinada a consumidores. El segundo pasaría por un fortalecimiento de la estructura social en el movimiento ciudadano, generando alianzas amplias y promoviendo la codecisión en las políticas municipales. En tercer lugar, estaría la renovación en las formas de lucha, con protestas creativas y positivas que recuperen la utopía y profundicen en la convivencia. Y, por último, impulsar transformaciones que sitúen como responsables políticos municipales a personas cercanas, dialogantes, respetuosas, que recuperen todos los espacios de participación vecinal y respeten al movimiento ciudadano.
El próximo jueves, 26 de febrero, a las 19,00 h, tendrá lugar un debate en la Sede Universitaria con el título: "El activismo ciudadano en momentos de transformación: diagnósticos y desafíos para Alicante", en el que se pretende iniciar una reflexión participativa sobre todo ello.
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