Opinión | La plaza y el palacio
La Cámara de Comercio de Alicante o el caso del nómada subvencionado

El Palas vuelve a cambiar de imagen: adiós Ayuntamiento de Alicante, hola Cámara de Comercio / Pilar Cortés
Nos pilló la Cuaresma. Nos ha arrebatado nuestro buen vivir, nos ha conducido a un tierno purgatorio de suaves penitencias. Estando la Iglesia contenta con la película de la chica que quiere ser monja y con las canciones de Rosalía, se va a venir arriba, que para estas cosas no tienen dos dedos de frente. Pero la que encuentran la manchan de ceniza. Un perla, eso es lo que es algún obispo. Pero, en fin, no seré yo quien les agüe la fiesta de las penas. Por si acaso, ya escribo esto escuchando marchas procesionales y por la noche, antes de recogerme, veo unos vídeos de Semana Santa de aquí y de allá. Es consejo que brindo al lector. Relaja y no engorda. Los apóstoles tampoco eran veganos.
Pero eso no es óbice que nos impida encomendar la redención de nuestros pecados a las numerosas causas de confusión que nos afligen. Lo peor de este tiempo es apreciar, ora por esto, ora por aquello, que lo que creíamos real y tangible, se desvanece. ¿Quién habría de decirnos que en el vientre mismo del ayusismo, esa especie de bolivarismo de oso y madroño, yacía una facción denominada “los pocholos”, una secta que abominaba del bilingüismo -español/inglés- y promovía el culto al Día de la Hispanidad? Dimisiones ha habido. En un país en el que, cada día, se piden miles de dimisiones de políticos por otros miles de políticos, y en el que casi nadie dimite, si no es forzado por las más crueles circunstancias, resulta que en su cap y casal renuncian los pocholos. Algo se nos escapa. Pero vete tú a saber.
En el mismo Madrid capital, Abascal ajusticia a Ortega Smith. Siempre he pensado que una persona que se llame así debe tener un secreto. A mí me da igual lo que sea de Ortega Smith. Mientras no se apunte a algún festejo con Rufián… ¿Le extrañaría?, ¿ha olvidado el destino de Verstrynge y, si me apura, de un tal González?
Los tiempos andan muy movidos y la borrasca Pedro no amaina. El caso es que de lo de Rufián no hablaré. Llevo muchos años apoyando, en el tiempo de descuento, a esa alternativa de postrimerías que se fabrican unas jefas y jefes para salvar, con un 3 % de votos, a la patria y a la matria en peligro. No he olvidado el fervor con Yolanda Díaz la última vez. Fue de ver -hasta fui candidato al Senado-. Estuvo ella en un periodo "de escucha" de meses, que podrían haberse aprovechado para hacer política. Pero no. Los/as hiperlíderes no precisan de eso. Basta con el carisma. Pero el carisma es como las burbujas del cava: si te esperas mucho en bebértelo se ha ido. Así que esta vez han empezado a mamporrearse/quererse y silenciarse con mucho más tiempo. Para el miércoles de ceniza. Unos perlas, en serio.
Así que me repliego, en busca de cercano cilicio. A tierras, cielos y mares conocidos. Y leo que la Cámara Oficial de Comercio, Industria, Servicios y Navegación de Alicante hizo públicas, hace poco, sus cuentas y presupuestos, azuzada, al parecer, por la obligación de cumplir con normas de transparencia -malas gentes las que se dedicaron a eso de la transparencia, montando un sindiós donde antes todo era amable y sencillo-. Aunque la verdad es que, al parecer, faltan muchas cosas por publicarse, lo que podría dar lugar a sanciones. Y me encuentro con que el 88 % de su presupuesto anual depende de ayudas públicas. Eso se llama música de cámara: suave, amable, con un aire de haber sido escuchada antes.

El Palas vuelve a cambiar de imagen: adiós Ayuntamiento de Alicante, hola Cámara de Comercio / Pilar Cortés
Así que me digo: "Voy a acercarme a la Cámara a ver si puedo darles una limosna cuaresmal, que se ve que andan mal". Y me adentro en las fauces del ordenador a ver su dirección. Un cacharrico de IA que, al parecer, vive en mi portátil, me dice que su sede está en la Plaza de Chapí. No me fío, aunque está en varias páginas oficiales. Voy a la página web de la Cámara y aparece como dirección el Edificio Panoramis. Pero no me da tiempo a pensar: en otro rincón de la página aparece, con bello diseño, un mensaje que proclama que a partir del 1 del presente mes de febrero, la Cámara ¡vuelve a casa! Tres cielos distintos y una sola Cámara verdadera. Bien está. Estas cosas pasan. Si tienes poco dinero, te da el nervio y te despistas. En fin, parece que han vuelto a su casa. Al antiguo Palas, para entendernos. Aquella que se compró y arregló con unos dinericos de aquí y allá y luego fue al Ayuntamiento y ahora vuelve… Y no sé qué va a pasar con Panoramis, allí varado.
88 % del presupuesto. Que se dice pronto. ¿Se imaginan lo que diría el presidente de la Cámara si ese porcentaje fuera para, qué se yo, los sindicatos o grupos ecologistas o de defensa del valenciano. Esto no lo digo a humo de pajas. Siendo conseller, casi al principio de la legislatura de 2015, asistí a una bronca reunión con algunos empresarios de nota y otros consellers. El siempre educado y amable titular de Economía, Rafa Climent, estaba en el uso de la palabra cuando, con mala educación digna de mejor causa, el hoy presidente de la Cámara le interrumpió al grito de "¡Habla en español!". Climent, con buena educación, digna de mejor causa, le miró sorprendido y le respondió: "Si es que estoy hablando en español…". El actual president de la Cambra, muy ufano, apostilló: "Ya lo sé. Pero a ti te gusta mucho el valenciano". Mortal pecado, se ve. Un perla el conseller. Allí me quedó retratado el señor empresario. Y nada ha hecho que cambie la opinión que me formé.
De todas maneras, todo esto sería pecata minuta si no fuera porque nadie sabe para qué sirve la Cámara de Comercio. Ya: organiza cursos y eso. Cosa que deberían hacer las instituciones públicas, la Universidad y las asociaciones empresariales. Según disposición legal, es un órgano corporativo mediador entre los agentes económicos y la administración. Lo que en nuestra querida tierra significa que si gobierna la derecha se le aplaude hasta el delirio, y se aclama a sus gerifaltes; y si gobierna la izquierda se insulta a sus representantes. Hay excepciones, claro. Que se lo digan a Barcala.
Luego también tienen como obligación de regla defender el Trasvase, aun en épocas de monzones y de mazones. Ligado a eso va el desprecio por el cambio climático, que aquí no hay. Una noche al año hacen fiesta de guardar. Si gobierna la derecha, echan vivas hasta al Ventorro y el presidente emplea unos cinco minutos en exigir apoyo al turismo y a la construcción en la provincia. Si gobierna la izquierda el presidente usa el 88 % del tiempo en vociferar pidiendo asfalto, cemento, agua, postes eléctricos, carreteras, vías y aeropuertos, para cada pueblo de la provincia. En el 12 % restante de tiempo se defiende el trasvase. Al acabar, siempre hay empresarios que, en privado, mirando hacia atrás sin ira, pero como con susto, te reconocen que eso no está bien. Pero no lo dirán en público, no. Que se ve que tienen voto de silencio. Aquí se da mucho el empresario cartujo.
Menos mal que tampoco sabemos cómo se elige al presidente de la Cámara de Comercio. Es un misterio como el de la Asunción, la Inmaculada Concepción, y otros. Por eso el cielo está poblado de empresarios alicantinos. Por activa o por pasiva, unos perlas en la millor terra del món. Con la parte proporcional a un 88 % de nuestros impuestos y, también ellos, buscando casa. Viviendo sin vivir en sí. Polvo, ceniza, nada. Me retiro. En este momento suena "Azul y plata", de Marvizón, de mucho predicamento en el panorama musical semanasantero andaluz. Escúchela, está muy bien. Y no digo más.
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