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Opinión | El indignado burgués

Lo que le pasó a Hawaii

Banderas de varios países al final de la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl 2026:

Banderas de varios países al final de la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl 2026:

No me gusta el conejo malo, no entiendo su lenguaje ni mi oído capta la mayoría de sus palabras, es como si me hablara en marciano. Aborrezco esa estética de ropas súper dimensionadas estilo locomía. …Y sin embargo, un español, un hispano, no puede menos que emocionarse por la reivindicación que hizo en la Super Bowl de un mundo que los autócratas quieren cargarse.

Caminando por el barrio de La Latina de Madrid, donde ahora paso mucho tiempo, veo a los abuelos y abuelas que se mantienen orgullosos tomando a diario el aperitivo frente a los turistas que arrastran maletas con el horrísono crujir de las ruedas en el adoquinado. Y a los taberneros que resisten frente a la presión de los modernos y las franquicias de plasticuzo. Yo tampoco quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawaii.

El estribillo de Bad Bunny que cantó Ricky Martín debería ser el himno contra Trump/Ayuso/Abascal/Putin: “Quieren quitarme el río/y también la playa/ quieren el barrio mío/y que abuelita se vaya/No suelten la bandera/ni olviden el Lelolai/Que no quiero que hagan contigo/lo que le pasó a Hawaii”. El futuro no es, no debería ser, la gentrificación, la uniformidad, las franquicias globales o el turismo depredador. En este mundo global paseas por calles de Estambul iguales a la calle Serrano de Madrid o a una ciudad de una remota Noruega. Al final no tiene gracia un turismo de monumentos que son parques temáticos y sangrías prefabricadas, pero eso ahora da dinero a los tecnoc-ratas y lo autóctono estorba, por eso se les expulsa.

Si sobrevivimos a esta extinción calculada -bueno, como especie, individualmente no saldremos vivos de este mundo- quizá tenga aspectos positivos. Lo peor de las purgas de Stalin provocó el fin del “comunismo con rostro amable”. Si cae Trump hasta el más lerdo habrá comprendido que el capitalismo sin complejos, la libertad en el sentido ayusino, es la filosofía del todo vale. En Estados Unidos utilizan a los paramilitares contra los hispanos para quedarse sus barrios. En Gaza los bombardean y arrasan para hacer resorts de vacaciones. Putin utiliza a sus ejércitos para robar los recursos de Ucrania.

Es todo parte de lo mismo: la tierra es mía y tú no eres más que un consumidor, un tonto útil en el mejor de los casos y un ser prescindible en el peor. De cualquier manera, sobras en un Planeta que es de los poderosos. La ficción de la democracia y el bienestar universal duró lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks.

Pero no subestimen la capacidad de un pueblo que puede despertar a los acordes de un himno como el de Bad Bunny. Y si son más pijos, como yo, pueden cambiarlo por el coro de los esclavos hebreos del Nabucco de Verdi, que para los italianos del siglo XIX simbolizaba la lucha por la libertad y la unidad de Italia, contra el opresor austriaco. Va pensiero, vuela pensamiento sobre alas doradas.

Lo bueno de que sean tan bestias es que no dejan espacio a la duda ni resquicio para la inacción. Son ellos o nosotros y, de momento, tenemos la ventaja del número y de la razón. En cualquier bosque quemado surgen los brotes verdes y finalmente la naturaleza reclama y obtiene su espacio. El bosque de cañas en el espectáculo más profundamente yanqui es un grito y una consigna para que los ciudadanos del mundo no nos quedemos callados mientras nos quitan la playa.

No sé ustedes. Yo, en las últimas semanas, empiezo a sentirme algo más optimista. Minneapolis, Bruce Springsteen, el conejo malo… No todo está perdido cuando hay gente que se levanta contra el Gilead de “El cuento de la criada” en que quieren convertir nuestro mundo. Estábamos muy tranquilos, sesteando en nuestro sopor tras una buena comida, y de repente nos despiertan los perros al grito de “Enemigo a las puertas”. Aunque parezca mentira, a veces viene bien que nos peguen dos gritos bien dados para que no parezca que esto no va con nosotros.

Si el “Boss” a sus setenta y seis años lo puede hacer, todos tenemos la obligación de intentarlo. En sus “Streets of Minneapolis” canta que “los matones federales de Trump golpeaban a su rostro y su pecho. Después escuchamos los tiros (…). Pues dicen que están aquí para mantener la ley, pero pisan nuestros derechos. Si tienes la piel negra o morena, mi amigo, puedes ser interrogado o deportado a primera vista”. Ya lo hizo con “Streets of Philadelphia” y de alguna manera acabó con el señalamiento de los gays a causa del Sida. Un tipo valiente, un patriota, que en “Born in the USA” luchaba contra la guerra de Vietnam.

Hay brotes verdes y está lloviendo una barbaridad. Son buenas noticias.

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