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Opinión | Hola, soy Dios

O yo o el diluvio

O yo o el diluvio.

O yo o el diluvio.

Nota del autor

Hola, soy Dios es un diálogo entre el Padre (Pa), el Dios del Antiguo Testamento: clásico, un punto colérico y vengativo; y JC, el protagonista del Nuevo Testamento: más moderno, tolerante y con un enfoque de la realidad más avanzado. Juntos analizan las situaciones en la Tierra y en especial las de su país favorito: España

─Estoy levemente sorprendido, Pa.

─¿Levemente?

─ Sí, porque de este personaje poco me escandaliza ya.

─Creo que hablas del “amado líder”.

─Efectivamente: PS. Amado sobre todo por el CIS.

─Así es. Pero cuéntame.

─Pues que elección tras elección va perdiendo votos, escaños, y lo que es peor, aprecio ciudadano. Pero él no se digna analizar los resultados cuando estos son malos. Está instalado en el modo supervivencia, no afrontar los problemas de los españoles, ceder lo que sea necesario para mantenerse en el poder, congraciarse con los enemigos declarados de España y levantar, como ya avisó en su discurso de investidura, un muro entre españoles: el que separa los suyos de los otros, los progresistas de los ultras reaccionarios, los buenos de los malos, en definitiva.

─La filosofía de este personaje se basa en resistir a cualquier precio hasta llegar a las elecciones generales próximas.

─Lo sé, creo que lo sabemos todos. Como intuimos cual va a ser su argumentario entonces: Yo soy el bueno, el futuro; los demás representan lo peor del pasado.

─Pues es lamentable que prive a los españoles de un auténtico debate de fondo, donde se analicen pros y contras de las diferentes opciones y donde se juzgue su ejecutoria, porque algo bueno habrá hecho, creo yo.

─Es verdad que España ha aumentado el producto interior bruto, el empleo e incluso la productividad. Pero también es cierto que esta mejora no ha llegado a los ciudadanos, que perciben su situación lejos de la euforia gubernamental y que no pueden acceder a la vivienda digna, gran problema, que este gobierno no ha enfrentado en ningún momento. Y en su debe hay muchas, muchas cosas, especialmente la desincentivación del esfuerzo personal. El 72 % de los entrevistados dice tener poca o ninguna confianza en el Presidente del gobierno.

─Claro. Porque los ciudadanos perciben tensión en el debate público, y esto provoca hastío. Si se añade que los extremismos, los radicalismos y los populismos se nutren de esta falta de confianza, de la desinformación, del desencanto y las dudas sobre cómo abordar el futuro, los votantes concluyen que las soluciones a sus problemas requieren del concurso y el compromiso de todos, lo que está muy lejos de ocurrir. Y muchos miran hacia los extremos.

─En 1912 Machado escribió aquello de que "una de las dos Españas ha de helarte el corazón", y más de cien años después hemos de reconocer que no existen dos Españas enfrentadas, aunque persistan políticos que fundamentan su estrategia electoral en el enfrentamiento con el adversario, como forma de movilizar el voto afín. Y ello, a pesar de la evidencia de que el éxito de la transición y de la Constitución fue precisamente la voluntad de los políticos de entonces de priorizar aquello que tenían los españoles en común: no volver al pasado e integrarse en la Europa democrática. Entonces se dijo, y hoy se repite que "España es, ante todo, un proyecto compartido".

─¿Compartido? En España ahora no se comparte ni los virus. Se ha instalado una situación de enfrentamiento y polarización que nada bueno puede traer.

─Solo hay una receta para evitar caer en manos de los extremistas, de un lado y de otro: el gran acuerdo entre los dos partidos moderados, eso sí, encabezados por líderes diferentes a los actuales, que en ningún caso son capaces de ponerse de acuerdo, ni en el color de la corbata.

─El gobierno podría comenzar por ofrecer a las comunidades autónomas y ayuntamientos una lista de diez temas para resolver conjuntamente: desde construir vivienda, hasta acabar con listas de espera en sanidad, mejorar el poder adquisitivo de los salarios, preparar el sistema eléctrico para una reindustrialización del país o un plan completo de rehabilitación y mantenimiento de todas nuestras infraestructuras, a modo de nuevos Pactos de la Moncloa que tan decisivos fueron en la transición. Y si los minoritarios, de uno u otro signo, se quejan, eso será un signo de acierto por parte de la mayoría.

─La democracia es, en definitiva, un sistema de pactos eficaces para resolver los problemas de los ciudadanos. Y si el PP se niega, tendrá que explicarlo ante sus electores, hartos también de tanta crispación y tanta aproximación frentista e inútil a Vox.

─Llámame pesimista, JC. Pero me temo que en las próximas elecciones el señorito se va a presentar como el único antídoto contra el fascismo: “O yo o el diluvio”, en una sociedad hiperpolarizada.

─Eres un pesimista, Pa. Yo aún creo en España.

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