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Opinión | En pocas palabras

En dirección contraria

Un tren de alta velocidad.

Un tren de alta velocidad.

Si hay algo más absurdo que correr por correr, es hacerlo en dirección contraria al destino que se persigue. Sucede cada vez que viajamos a Andalucía desde Alicante en tren. Confundir la realidad con un videojuego trae malas consecuencias, y en la carrera por la Alta Velocidad la estructura radial con la que están concebidas las infraestructuras ferroviarias ha jugado una mala pasada a quienes habitamos en Alicante y Murcia.

Bien está que como centro del Reino desde Madrid parta el kilómetro cero de todas las carreteras nacionales. Pero imitar ese mapa en la configuración de los viajes por tren no tiene ningún sentido. En nuestro país la mayor parte de la población reside en el perímetro litoral. Lo lógico hubiera sido que España estuviese cosida por vías de tren a lo largo de las provincias que dan al mar. De hecho, mucho antes de que llegase la Alta Velocidad era posible viajar de un lado a otro del Mediterráneo o al Atlántico sin necesidad de pasar por Madrid.

Pero a alguien se le encendió la bombilla y tuvo la genial idea de ir eliminando estos trayectos, argumentando que no eran rentables, en pro de una futura Alta Velocidad que ha llegado para quedarse.

Los alicantinos y murcianos hemos salido perdiendo en ese envite. Viajar desde Alicante a Málaga o Sevilla es desquiciado. No digamos desde Murcia, en el que es el trayecto de Alta Velocidad más desquiciado de España. Los trenes aceleran y aceleran en dirección norte mientras nosotros nos dirigimos al sur. A veces tiemblan, claro que tiemblan, en su afán por alcanzar tantos kilómetros por hora. Recorremos una distancia doble que si trazásemos el viaje, como el sentido común dicta, por el sur. Cómo me acuerdo de nuestros mayores, cuando nos decían “ve despacio que tengo prisa”.

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