Opinión
Guerra de Ucrania: Europa, sí se puede

D. Pamies
Cuando se cumplen cuatro años desde la invasión a gran escala de Ucrania, y tras un año desde la vuelta de Trump a la Casa Blanca, se constata que la arquitectura del apoyo a Ucrania ha experimentado una transformación estructural, pasando a ser Europa (UE más Estados Miembros) en 2025 el principal responsable de la ayuda global y militar al país agredido, asumiendo el liderazgo en los compromisos, y tendencialmente en entregas, de equipos armamentísticos.
Especialmente tras la paralización de nuevos paquetes de asistencia militar estadounidense en forma de subvenciones en marzo de ese año, y según el Instituto Kiel para la Economía, durante el conjunto de 2025 Europa incrementó sus compromisos militares en un 67 % en comparación con la media anual del periodo 2022-2024. Este esfuerzo inicial se centró en cubrir el déficit de munición del calibre de 155 milímetros (el más utilizado para la artillería y esencial en la guerra defensiva), ámbito en el que la Unión Europea impulsó, a través de la Comisión Europea y de la Agencia Europea de Defensa, el objetivo de alcanzar una capacidad de producción anual de hasta dos millones de proyectiles hacia finales de 2025, en el marco de los programas de refuerzo industrial adoptados en 2023 y 2024, objetivo que se alcanzó en términos de capacidad industrial. Además, países como Dinamarca están financiando la adquisición directa de armamento producido por la industria ucraniana. Esto permite reducir los plazos de entrega, abaratar determinados costes unitarios y, sobre todo, fortalecer la capacidad productiva interna de Ucrania, contribuyendo a una mayor sostenibilidad del esfuerzo militar sin depender exclusivamente de los inventarios occidentales.
Este desplazamiento del liderazgo no ha implicado la desaparición del material estadounidense en el teatro ucraniano, sino un cambio en el canal de financiación. Mientras que entre 2022 y 2024 Washington suministró mayoritariamente armamento mediante donaciones directas desde los inventarios del Pentágono o contratos financiados por el Congreso —incluidos sistemas como los lanzacohetes HIMARS, baterías de defensa antiaérea Patriot, misiles antiaéreos NASAMS, proyectiles de artillería y munición guiada de precisión—, en 2025 la financiación pasó a depender en mayor medida de instrumentos europeos.

Así ha sido la manifestación celebrada en Alicante por Ucrania con el lema: "La victoria de Ucrania es la victoria del mundo" / INFORMACIÓN
En consecuencia, varios Estados miembros y mecanismos comunes de la Unión comenzaron a adquirir sistemas —entre ellos los citados interceptores Patriot, munición de artillería de estándar OTAN, vehículos blindados, sistemas de defensa aérea y equipos de comunicaciones —incluidos equipos de fabricación estadounidense sujetos a controles de exportación— para su posterior transferencia a Kiev, ya sea como donación directa o mediante adquisiciones financiadas a través de préstamos respaldados por la Unión Europea o por instrumentos intergubernamentales de los Estados miembros.
Además, EE. UU. sigue liderando el apoyo a Ucrania en ámbitos estratégicos como la inteligencia y las capacidades espaciales, incluyendo satélites militares avanzados y redes de vigilancia. No obstante, en 2025 se han producido avances europeos concretos. Autoridades francesas han señalado que una parte sustancial de la inteligencia que recibe Ucrania proviene ahora del Estado galo. Asimismo, empresas y plataformas francesas proporcionan capacidades geoespaciales y de fusión de datos para los servicios de inteligencia ucranianos.
Paralelamente, la Unión Europea y Ucrania han firmado acuerdos para la participación de Kiev en programas espaciales como Copernicus y se avanza hacia la integración en GOVSATCOM, que facilitarán acceso a datos de observación terrestre y comunicaciones satelitales seguras. En el plano industrial, lanzamientos como SpainSat NG y el desarrollo de la futura constelación europea de satélites de comunicaciones seguras IRIS², junto con la movilización de otros programas, están reforzando la resiliencia y autonomía europea en servicios de inteligencia y comunicaciones desde el espacio, reduciendo gradualmente la dependencia exclusiva de capacidades estadounidenses.
Desde el punto de vista financiero, Europa ha movilizado el uso de los rendimientos extraordinarios generados por los activos soberanos rusos inmovilizados en jurisdicciones europeas, principalmente en la depositaria Euroclear. De acuerdo con la arquitectura acordada entre el G7 y la UE, estos rendimientos no se transfieren directamente como subvención presupuestaria, sino que se destinan a garantizar préstamos en favor de Ucrania.
En el marco de esta iniciativa —conocida como mecanismo de préstamos extraordinarios (ERA)— la contribución de la Unión Europea se situó en torno a 18.100 millones de euros dentro del paquete global coordinado internacionalmente. Estos recursos se orientaron prioritariamente a sostener la estabilidad macrofinanciera del Estado ucraniano, así como a reforzar capacidades críticas, incluidas infraestructuras energéticas y sistemas de defensa, compensando la reducción del flujo de financiación directa procedente de Estados Unidos.
Por último, la UE ha comprometido un nuevo marco de asistencia para el bienio 2026-2027 dotado con hasta 90.000 millones de euros en préstamos. El instrumento prevé la emisión de deuda respaldada por el presupuesto de la Unión y complementada por garantías nacionales aportadas por los Estados miembros salvo Hungría, República Checa y Eslovaquia. El plan está aún pendiente de plena activación por el veto de Hungría en el Consejo, por una controversia relativa al tránsito de gas a través de Ucrania.
Comparativamente, desde el inicio de la invasión rusa en febrero de 2022 hasta la actualidad, la Unión Europea y sus Estados miembros han proporcionado cerca de 193.300 millones de euros en apoyo total acumulado a Ucrania, frente a unos 114.000 millones de euros comprometidos por Estados Unidos en el mismo periodo.
Todo ello demuestra que Europa ya ha compensado significativamente la reducción del apoyo estadounidense a Ucrania y que dispone de los instrumentos necesarios para asumir esta responsabilidad si fuera preciso, alejando así el riesgo de verse abocados a aceptar un plan de paz precipitado y desfavorable. Más aún cuando el frente apenas ha registrado cambios sustanciales durante el invierno. Lo más urgente es sellar el cielo ucraniano para evitar que misiles y drones sigan devastando áreas civiles e infraestructuras energéticas, por lo que Europa debe aumentar y acelerar la entrega de equipos y sistemas de defensa antiaérea.
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