Opinión | Tribuna
La conducta resiliente: ¿positivo o negativo?

Eva Bellido
Cuando se dice que una persona actúa con resiliencia es porque es capaz de soportar mucho sufrimiento y tiene capacidad mental y física para soportar golpes. Y esto que, en principio, puede ser entendido como una virtud, a veces no lo es tanto, por cuanto la resiliencia, al principio y al final, va mermando las fuerzas del ser humano y aunque este no sea consciente de ello, reduce su capacidad de resistencia.
En el ámbito de la violencia en el hogar, la resiliencia está muy presente, porque las víctimas aguantan todos los golpes físicos y psicológicos para evitar que la familia se rompa y son capaces de asumir que "esto es así", y soportan malos tratos físicos y psicológicos para evitar una ruptura de la unidad familiar, sobre todo cuando la mujer tiene una dependencia económica de su pareja, lo que incrementa la resiliencia y obliga a la mujer a ser resiliente a la fuerza.
Es por ello, por lo que hay personas que son resilientes por naturaleza, porque por su forma de ser tienen una gran capacidad para aguantar los golpes que les da la vida, pero otras se convierten en resilientes, como consecuencia de aquellos. Así, unas veces viene de origen y otras viene sobrevenida o "aprendida" por no quedarle otra opción a la víctima.
El Tribunal Supremo ha incorporado el término resiliencia a la jurisprudencia en la Sentencia 658/2019 de 8 enero 2020, en el caso de una víctima de malos tratos en el hogar que lo asumía para evitar lo que ella entendía que todo podía empeorar, aunque sin darse cuenta de la gravedad de lo que estaba ocurriendo hasta que, al final, al incrementarse el número y gravedad de los actos de maltrato optó por denunciar la situación. Se recoge, así, que sufrió constantes agresiones físicas y humillaciones que se repetían de modo frecuente, de modo que la víctima vivía bajo constante amenaza y sometida al acusado. Y lo que ocurrió es que se quedó embarazada y cuando él le quiso obligar a que abortara, algo estalló dentro de ella que le llevó a no aguantar más la situación y denunciar.
Y es que puede ocurrir en muchos casos que es preciso que llegue una situación muy grave para que la víctima "abra los ojos" y descubra que debe tomar una decisión y acabar con la victimización. Pero, ¿y si esa situación nunca llega y la víctima no puede abrir sus ojos y salir de allí?
Por todo ello, la conducta resiliente es un inconveniente para salir del maltrato, porque se aguanta la situación por pensar que se evitan males mayores, cuando no puede haber nada peor que ser víctima en tu propio hogar y de tu pareja.

24/09/2017 Cartel 'No más violencia de género'.Un total de 7.159 personas y 665 entidades se han adherido al Pacto Valenciano contra la Violencia de Género y Machista en los poco más de tres meses que lleva en marcha, un acuerdo que "va más allá de un pacto entre partidos", ha destacado este domingo la vicepresidenta y consellera de Igualdad, Mónica Oltra.ESPAÑA EUROPA COMUNIDAD VALENCIANA SOCIEDAD ARCHIVO. Protestas . manifestaciones contra la violencia machista y doméstica / Europa Press
En mi novela "Entre las llamas" se refleja esta situación de una víctima en su hogar en la que después de estar soportando estas reacciones decide dar un paso para salir de este "bucle" y dejar al lado esas vivencias que le perturbaban su vida diaria. Y el objetivo de la novela era, precisamente, hacer ver que es preciso dejar esa fortaleza al margen y no hacerse fuerte para "resistir por resistir", porque este tipo de conductas no cesarán nunca y la resiliencia de la víctima lo que hace es ir debilitándola cada vez más hasta hacerle "presa" de su maltratador que, ante el agotamiento de la víctima, acabará claudicando ante cualquier exigencia que le plantee su acosador físico y psicológico.
No deja de ser curioso que se enfoque la resiliencia como una virtud, ya que se explica por los expertos que es "la capacidad humana para adaptarse positivamente a situaciones adversas, traumas, tragedias o fuentes de tensión significativas, superándolas y, a menudo, saliendo fortalecida de ellas". Curioso, pues, que se perciba como algo positivo. Pero, sin embargo, en el ámbito de la violencia en el hogar, mujeres y niños adoptan una conducta resiliente para intentar protegerse, pero, como decimos, el hecho de no querer denunciar y comunicar a terceros lo que están sufriendo les crea un auténtico infierno del que acaban asumiendo que no podrán salir.
Estas situaciones se dan en muchos casos con menores que han crecido aprendiendo a vivir en un hogar de maltrato sin que nadie les abra la puerta para poder decir lo que pasa allí; de ahí que muchos menores denuncien estos hechos cuando ya son mayores. Por ello, hemos aconsejado en muchas ocasiones que debemos crear lo que denominé en su momento como "comunidades de propietarios libres de maltrato" para que la administración pública se esfuerce en indicar en todos los edificios con carteles unas llamadas de atención para que las víctimas que lo sufren puedan acudir para comunicar lo que están sufriendo. Todo menos seguir haciendo lo que hace una parte de la sociedad, que sigue "mirando hacia otro lado" cuando es consciente de lo que pasa en un hogar vecino.
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