Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión | Tribuna

Pablo Andreu Llaneras

Alicante: la presión extranjera que desborda el mercado residencial

La compraventa de viviendas crece un 4,4% en 2025 y el precio supera el máximo de 2007

La compraventa de viviendas crece un 4,4% en 2025 y el precio supera el máximo de 2007 / Europa Press

En Alicante, la tensión en el mercado de la vivienda no es una excepción, es la norma. Los precios suben, la actividad se mantiene elevada y la dificultad de acceso se ha ido consolidando con el tiempo, incluso en periodos en los que la construcción ha mostrado signos de mayor dinamismo. Entender esta continuidad es clave para interpretar la situación actual de la provincia. La evolución del mercado no responde a un desequilibrio financiero ni a un repunte especulativo, sino a una demanda estructural que no concede treguas y que la oferta residencial no ha logrado absorber de forma sostenida.

La explicación tiene una base muy concreta. Año tras año, Alicante incorpora nuevos hogares a un ritmo que no pierde intensidad, lo que impide que el mercado encuentre momentos de alivio. La provincia supera ya los 829.000 hogares tras sumar más de 16.000 en los últimos doce meses, un crecimiento cercano al 2 % anual que se sitúa entre los más elevados del país.

Detrás de estas cifras hay un flujo demográfico continuo que se apoya en un saldo migratorio excepcional, muy por encima de la media histórica. La llegada de población extranjera ha sido especialmente intensa desde 2021. Alicante se configura como un destino preferente para compradores internacionales, lo que añade complejidad al acceso a la vivienda para la población local, que también ha ido en aumento.

El resultado es una presión que se renueva de forma constante. A diferencia de otros mercados donde la demanda fluctúa y permite fases de ajuste, en Alicante el relevo demográfico es permanente. Antes de que el mercado tenga margen para absorber la necesidad existente, una nueva incorporación de hogares vuelve a activar la búsqueda de vivienda. Esa continuidad explica por qué la tensión no se diluye con el tiempo y por qué cualquier análisis que no parta de este rasgo corre el riesgo de quedarse corto.

Con una demanda que se renueva de forma continua, la capacidad de respuesta de la oferta se convierte en el verdadero punto de fricción del mercado. En Alicante, la actividad promotora ha aumentado y muestra cifras relevantes, pero ese esfuerzo llega tarde y resulta insuficiente para compensar el ritmo de creación de nuevos hogares.

En los últimos doce meses se han visado más de 9.300 viviendas, un volumen elevado y claramente superior a la media reciente. Sin embargo, en ese mismo periodo se han formado más de 16.000 hogares, cerca del doble de las viviendas iniciadas. Los datos del análisis residencial elaborado en el marco de Metrovacesa R3search muestran que, en los últimos cuatro años, la provincia ha creado más de 32.000 hogares por encima de la vivienda nueva visada, configurando un déficit estructural que sigue ampliándose incluso en fases de mayor dinamismo constructor.

Este comportamiento marca una diferencia relevante respecto a otros mercados donde el aumento de la oferta ha permitido, al menos de forma parcial, aliviar la tensión. En Alicante, la presión no se disuelve porque el punto de partida nunca se reinicia. Cuando la demanda es permanente, el crecimiento de la oferta necesita no solo intensidad, sino continuidad, y cualquier retraso acaba trasladándose al conjunto del mercado. Es en este desfase acumulado donde se encuentra la clave para entender por qué la tensión persiste y se reproduce año tras año.

Todo esto no paraliza el mercado, pero sí condiciona su funcionamiento. En Alicante, la demanda encuentra salida en un nivel de actividad muy elevado, con un volumen de compraventas que se mantiene en máximos y una rotación intensa del parque disponible. La vivienda de segunda mano absorbe la mayor parte de esa presión y concentra cerca de ocho de cada diez operaciones, actuando como principal válvula de ajuste ante una oferta nueva insuficiente.

La estructura de la financiación refuerza esta lógica. Una parte relevante de las operaciones no recurre al crédito hipotecario, no por restricciones de acceso, sino por el peso de compradores internacionales y por perfiles con mayor capacidad de pago directo. El resultado es un mercado con elevada liquidez y capacidad de absorción, pero que opera de forma permanente al límite de su stock.

Esta combinación explica por qué la tensión no se traduce en un bloqueo inmediato, pero sí en un uso cada vez más intensivo del parque existente. El mercado sigue funcionando, pero lo hace bajo condiciones más exigentes, en las que cada nueva incorporación de demanda encuentra menos margen de ajuste y empuja un poco más los precios y la accesibilidad.

Como resultado, el valor medio ha alcanzado máximos históricos y se sitúa en torno a los 2.700 euros por metro cuadrado, tras registrar un crecimiento interanual superior al 14 % y una subida acumulada cercana al 80 % desde 2019. No se trata de un repunte aislado, sino de la expresión sostenida de un mercado que absorbe demanda a un ritmo superior al de su capacidad de reposición.

La consecuencia más relevante de esta dinámica se observa en la accesibilidad. Aunque el crecimiento de las rentas ha acompañado parcialmente el ciclo, lo ha hecho a un ritmo inferior al de los precios, ampliando la brecha entre ambos indicadores hasta situarla en torno a los seis puntos. El esfuerzo necesario para acceder a una vivienda aumenta de forma progresiva, especialmente en las zonas con mayor presión residencial y turística, y actúa como un indicador adelantado de los límites a los que se enfrenta el mercado cuando la tensión se prolonga en el tiempo.

El caso de Alicante muestra con claridad lo que ocurre cuando la presión demográfica se convierte en un rasgo permanente del mercado. El reto en Alicante no radica en contener una burbuja que no existe, sino en adaptar su mercado a un ritmo de crecimiento demográfico que no da tregua. Cuando ese equilibrio no se alcanza, el mercado sigue funcionando, pero bajo condiciones cada vez más exigentes, con un impacto directo sobre los precios y la accesibilidad. Esta lectura resulta relevante para otros mercados costeros con fuerte capacidad de atracción residencial, donde el reto no pasa por contener la demanda ni por intervenir sobre el crédito, sino por reforzar la capacidad estructural de producción de vivienda y evitar diagnósticos que no atacan el problema de fondo.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents