Opinión | La plaza y el palacio
Sobre las movilizaciones ciudadanas en Alicante. A propósito de la PIC

La PIC se despidió / Pilar Cortés
A Pere Miquel Campos,
amigo entrañable, ciudadano ejemplar, periodista íntegro y veraz,
que fue miembro de la PIC
En los últimos meses asistimos en Alicante a un ciclo de importantes movilizaciones ciudadanas, a la emergencia de grupos reivindicativos. En los últimos días, gente de acreditada solvencia ha reflexionado sobre ello. Es una realidad causada, ante todo, por el malestar provocado por la incapacidad del gobierno local para enfrentarse con credibilidad y solvencia a los problemas. Pero también es un reflejo de la incertidumbre general que se ha adueñado de la política española. En varias ocasiones me han preguntado por la PIC (Plataforma de Iniciativas Ciudadanas), creada hace un par de décadas y que durante más de una decena de años promovió análisis y propuestas sobre la vida ciudadana, siendo su mayor triunfo parar en los tribunales el Plan Rabassa. Todo ello me anima a esbozar estas ideas. Adelanto que se hacen sin mayor presunción, sin ánimo de servir de ejemplo, sobre todo porque los tiempos han cambiado.
1.-La PIC nació como Plataforma contra el Plan Rabassa, pero enseguida decidimos cambiar el nombre y el objeto. El análisis era sencillo: planes Rabassa podía haber en cualquier momento -hubo otro intento de pelotazo, oscuro y mal analizado, contra el que también intervenimos, en el entorno del Rico Pérez y un extraño proyecto de PGOU que deambuló sin destino ni éxito-. Esta vez habíamos llegado por los pelos a reaccionar: o nos preparábamos de antemano o no tendríamos fuerza para vencer en esa lucha, a veces despiadada contra constructores y mayoría municipal del PP -a veces apoyada por el PSOE-. La primera decisión, por lo tanto, consistió en ser proactivos y no sólo reactivos, y en tener una visión global para interpretar la ciudad.
2.- A lo largo de su existencia nos enfrentamos con la disyuntiva clásica de las asociaciones: ¿identidad o eficacia? Dudamos poco: eficacia. Hubo varios debates de los que salieron las siguientes decisiones: asociación y no federación de asociaciones, asociación vertebrada y legalizada y no grupo asambleario. Lo que significó reuniones plenarias cuando había grandes temas y una o dos al año, ordinarias. Además: una Comisión Técnica, con un Presidente y un equipo de unas decena de personas, con responsabilidades claras, que se reunía cada dos semanas. Y un sistema estable de financiación con cuota anual de 50 euros. (El primer acuerdo adoptado fue no pedir subvenciones, salvo, en especie, si era para desarrollar actos formativos). Para gastos extraordinarios se pidió la colaboración de Arcadi Blasco, que cedió un grabado. No faltaron abogados, geógrafos, economistas o arquitectos que hicieron aportaciones profesionales de manera gratuita. Con todo eso se ganó el juicio a Enrique Ortiz y sobró mucho para otras actividades. Lo principal era tener los pies en tierra y analizar los problemas concretos. Recuerdo que al principio apareció un joven que dijo representar a un movimiento anticapitalista o algo así, y anunció que nos apoyaban contra el Plan Rabassa pero que no se integrarían porque no criticábamos con energía a la globalización. Le dije que seguramente tenía razón. Qué le vamos a hacer.
3.- Intentamos evitar la fragmentación. Los diversos problemas de los que nos ocupamos tratamos de integrarlos en discursos que aportaran comprensión ciudadana -sin ganar la opinión pública no teníamos nada que hacer- y que no se segmentaran en un interminable puzzle de buenas causas. Cuestiones como la dualidad urbana, el crecimiento ordenado, la transparencia o la necesidad de planificar, fueron constantes en nuestro discurso. Y me parece que fuimos los primeros en hablar de la incidencia del cambio climático en Alicante. Apoyamos otras movilizaciones pero siempre tratamos de que no se «deshilacharan», aportando más confusión que efectos positivos: movilizaciones «al peso», definidas por la cantidad, sirven de poco, salvo para aburrir a los participantes. Maximizar los recursos y la fuerza de las alianzas era clave en nuestra concepción de la eficacia cívica: hicimos cosas con asociaciones de la memoria, con los movimientos vecinales de la zona sur, con diversas expresiones culturales, colegios profesionales, la Universidad, asociaciones de pequeño y medio comercio, etc. También esbozamos acuerdos e intercambio de ideas con grupos de Elx y València.
4.- Preservar nuestra autonomía era clave para ser creíbles. Por eso criticamos a todos los partidos que consideramos que lo merecían, aunque nunca nos negamos a reunirnos y hasta a colaborar puntualmente con alguno. Pero nadie pudo decir que éramos la voz de un partido. Movimiento plural, tuvimos militantes de todos los partidos de la izquierda, muchos independientes… y hasta de algún simpatizante de la derecha que nos traía discretamente información. Se nos identificaba por lo que hacíamos, no por la bandera que enarbolábamos.
5.- Muy pronto entendimos que la incidencia sobre una ciudad como Alicante no era cuestión de dar voces o de mostrar indignación y pedir dimisiones hoy sí y mañana también. Era más práctico y cosechaba más apoyo de los medios y de la ciudadanía elegir temas centrales y trabajarlos con cuidado, con planos encima de la mesa e informes. Fue clave incorporar conocimiento, buscar especialistas que asesoraran. El reverso de ello fue asumir que una parte importante de nuestra responsabilidad consistía en hacer pedagogía ciudadana. Lo más notorio eran las Jornadas de la Ciudad que anualmente promovían debates, debates, exposiciones, actos para jóvenes… -hace 20 años trajimos al responsable de vivienda de la Generalitat catalana porque ya nos preocupaba la cuestión-. Pero también se publicó un libro y se celebraron ciclos de conferencias y editamos materiales gráficos. (En cambio, no llegamos nunca a disponer de sistemas digitales eficaces, que entonces empezaban a despuntar). Todo ello exigía mucha paciencia, a veces meses de preparación para elaborar estudios o acciones. Pero era un elemento esencial para encontrar aliados que nos consideraran creíbles y no sólo gente ávida de reconocimiento y aplauso. Pocas manifestaciones hicimos: pese a todo, no estábamos en condiciones de mover masas. Mejor que no nos contaran. Mejor ser incómodos con nuestra continua voz, con un tono impertinente para unos, simpático para otros.
7.- A veces nos vimos envueltos en algunas situaciones incómodas: una vez nos desalojó la policía del Ayuntamiento… por ir a un Pleno con una pancarta -que acabamos depositando en el Registro oficial-. Pero, en general, ese no era nuestro estilo. A la protesta preferimos siempre la propuesta. No era fácil. Hubo un momento en que tuvimos enfrente a un potentísimo PP, al PSOE, al principal constructor y a Ikea. Pero ganamos. En infinidad de cuestiones propusimos líneas de actuación alternativa y soluciones puntuales factibles.
Espero que por todo eso se nos recuerde, por si sirve de algo para el futuro. Porque lo que nunca consentimos es ser ganados por la nostalgia y por un exceso de autoestima.
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