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Símbolo de libertad

Yo sólo quiero irme a Francia

Yo sólo quiero irme a Francia / Geraldine Leloutre

"Yo solo quiero irme a Francia"

★★

Autora y directora: Elisabeth Larena.

Con María Galiana y otras

Volvió al coliseo alicantino la popular actriz María Galiana, esa jovencita de 90 años. Ejemplo de entrega y pundonor. No actúa. Lo vive con naturalidad. La terapia del teatro hace sus efectos y ella los siente y atrae a los espectadores con su verdad escénica. De todos modos, es un papel de reducida consideración en una obra con notable frialdad y donde la calidad textual y la puesta en escena no brillan precisamente, salvo en algún pasaje más creativo que rompe algo la rutina.

«¡No se oye!», gritaba el público al principio de Yo solo quiero irme a Francia, una comedia dramática y de carácter tradicional que simboliza la búsqueda de libertad y contribuye a conformar un analgésico contra el dolor. La memoria familiar, la herencia emocional, los secretos del pasado y las viejas heridas guardan relación con los últimos meses de la guerra civil española y la posguerra respecto a la Sección Femenina, circunstancia forzada en lo relativo a la represión de la mujer por parte de las fuerzas autoritarias. Coincide con la creciente intolerancia actual de algunos. Así, todo ello en el ámbito del velatorio de una anciana, la abuela fallecida, cuyo espíritu transita en un espacio explícito más que sugerente. ¿Es necesario?

Dos hermanas acaban de conocerse. Y dos fantasmas como típico recurso. ¿Quiénes son los muertos? ¿Los vivos o los que no lo están? Se suman Nieve de Medina, Anna Mayo y Alicia Armenteros. Las tres componen un correcto reparto. La obra no permite otras posibilidades de lucimiento. El abandono y la identidad son otros detalles de esta pieza de Elisabeth Larena, actriz que rubrica la autoría y la dirección. Este discreto debut como autora y directora acoge una íntima historia que quiere conmover y hacer pensar con intrigante trama que no despierta interés auténtico. Y una herencia sin conocer a la heredera y sin avisar a la correspondiente nieta. Los numerosos asistentes, que visitaron el Teatro Principal de Alicante, aplaudieron mucho a María Galiana y a sus compañeras.

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