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Opinión | Lo que pasa y pesa

Eugenia Amo

Eugenia Amo

Psicóloga

Mujer

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Mujer de la doble jornada. La cuidadora. La que nunca enferma. La soltera mojigata o la casada reprimida. Mujer siempre perfecta, siempre arreglada, siempre dispuesta. Mujer que llora a escondidas para que nadie la oiga. Mujer rechazando sueños, ambiciones. Viviendo en tercera persona. La de «algo harías», «es que vas muy provocativa». La juzgada cuando denuncia y cuando calla.

A ti, que te explican con condescendencia eso de lo que eres experta. A ti, que en el médico te diagnostican ansiedad cuando tus síntomas son de infarto. A ti, rodeada solo de otras como tú, madres, en las reuniones del colegio. A ti, hormonada hasta arriba porque no hay financiación suficiente para investigar sobre la menstruación. A ti, cocinera, maestra, enfermera... Trabajos estadísticamente realizados por ti, mujer, pero dirigidos por ellos, hombres.

Virginia Woolf, pero también esa mujer que hoy vive de su arte y firma con su propio nombre. Chimamanda Ngozi Adichie, pero también esa mujer negra que hoy por fin es vista y escuchada. Las 13 Rosas, pero también ese grupo de adolescentes inconformistas que con sus pancartas inundan las calles un 8M. Rocío Jurado y su «hace tiempo no siento nada al hacerlo contigo», pero también esa mujer rural que decide separarse de quien ya no ama. Simone de Beauvoir, pero también esa mujer que hoy sigue cuestionando el patriarcado. Referentes que allanaron el camino de las que se fueron y de las que vendrán.

El camino de una sociedad hecha para el hombre. Los que niegan la violencia de género y las violaciones pero se acuestan con un nudo en el pecho cuando su hija sale de noche. Los que dicen «¿Y el día del hombre para cuándo?», pero no han dedicado dos minutos de su tiempo en informarse. Los que se agarran al «not all men» para proteger su frágil masculinidad. Los de los golpes en la pared «porque no te quiero pegar a ti». Los de «estoy celoso porque te quiero». Los que esperan tirados en el sofá a que su mujer le ponga el plato de comida en la mesa.

Nunca he visto ofenderse por esto a los hombres que nos acompañan en el feminismo. Acompañan, sí, porque el espacio ha de ser nuestro. Porque este movimiento, sin la descontrucción de quienes siempre han estado arriba, sería imposible. Pero saben que la voz la tenemos que elevar nosotras. Con ellos, todo.

Y por último me dirijo a ti, niña que un día serás mujer. Ocupa espacios. No pidas permiso para existir. Grita. No te cruces de piernas si no quieres. No eres menos femenina por eso. Señala lo que está mal. Lee, crea, dirige. Cambia de opinión las veces que haga falta. Cuida tu cuerpo porque es el motor de tu vida, no una escultura que moldear. Enamórate. O no. No te pierdas intentando ser amada. Sé una mujer. Libre y valiente.

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