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Opinión | Ver, oír y gritar

Furia épica de la siniestra pareja

Trump se dirige al pueblo iraní: "Tomad las riendas de vuestro destino"

Europa Press

No hay semana en la que no te puedas echar las manos a la cabeza como forma de mostrar asombro y estupor ante las tropelías en sesión continua. La epidemia incita a la violencia permanente. Verbal o física. En España y fuera de aquí. En el terreno nacional, la pésima oposición política lo demuestra a diario, rechazando el escudo social, riéndose de la mayoría y pretendiendo que esta le apoye. En el plano internacional han visto la última ocurrencia, de momento, del dios supremo Trump, protagonista de lo que le da la gana para saciar su arrogancia y el interés político y personal que tiene con la excusa de la libertad y de la carrera nuclear.

Estados Unidos e Israel buscan más hegemonía regional, control de recursos naturales, rutas para su transporte, facilitar la anexión ilegal israelí de territorios ajenos y contener el crecimiento de China. O sea, crimen de agresión o ataque preventivo respecto a un país que no se disponía a atacar. El respaldo de la derecha extrema y la extrema derecha españolas reside nuevamente fuera de la legalidad.

Trump se pone el casco de guerra y, subido en un tanque, organiza números bélicos unilateralmente. Alienta un desorden mundial lleno de incertidumbre. La hostilidad funciona en perjuicio del derecho y de las soluciones políticas. La destrucción humana es el deporte favorito de algunos en lugar de la paz y la estabilidad. No se puede vitorear al opresor régimen iraní en ningún caso, pero los bombardeos del amo y de Netanyahu, su perrillo faldero, no son de recibo. Los expertos en usar licencia para matar presumen de destrozos y se cuelgan medallas en su lucha contra la tiranía de unos y que ellos mismos ejercen aun cuando ninguna devastación es admisible.

Las diferencias no se resuelven con bombas y misiles en favor, presuntamente, de los derechos humanos. La inseguridad gana a la seguridad. La Organización de Naciones Unidas no existe para el presidente estadounidense. La Comisión Europea responde con flojera al exigir la máxima moderación y el respeto a la población civil. Y el espíritu belicista instaura su tesis. Por su parte, Putin condena los ataques a Irán, un Estado soberano, independiente y miembro de la ONU. Bebe una botella de vodka y olvida la invasión de Ucrania.

Batallar contra el terrorismo y favorecer, en teoría, los derechos civiles y políticos del pueblo iraní suena bien. Pero ejercer un terror indiscriminado, al margen de las leyes, y generar amenazas a todos no parece la mejor opción. La solución negociada de cualquier conflicto es la principal manera de resolver problemas.

Recientemente y hablando de Trump, el sujeto montó un espectáculo televisivo, como es su sagrada costumbre, con el discurso sobre el estado de la Unión en su primer año de vuelta en el poder, poco antes de lanzar la acometida mencionada. El falso benefactor de los trabajadores de aquel país saca pecho, sin sonrojarse, disfrazado de superhéroe al servicio de los que menos tienen. Los demócratas están locos y ellos son los únicos culpables de que pueda haber aspectos que no gusten. Lo mismo que hacen el PP y Vox con cinismo y obsesiones compulsivas frente al «malvado» Sánchez, origen de todos los males de España, que no está, ni mucho menos, en situación apocalíptica.

Donald Trump.

Donald Trump. / DPA vía Europa Press / DPA vía Europa Press

La mayoría de los estadounidenses no aprueba la gestión de la inmigración y de la economía de Trump. Crece menos que con Biden. El Partido Republicano podría perder el control de la Cámara de Representantes en las elecciones del próximo noviembre. Y el Tribunal Supremo le ha frenado en el asunto de los gravámenes que impuso a más de un centenar de países de forma unilateral, si bien el mandatario esquiva la anulación e impone nuevos aranceles al 10 %, sin necesidad de la aprobación del Congreso. Recorta impuestos a los ricos. Castiga a los pobres y los recompensa con migajas en lo que él llama «era de oro». La gente gana «demasiado», según le dicen.

Prometió acabar con guerras y emplear el dinero del contribuyente no en conflictos en el extranjero. Bombas a lanchas venezolanas con más de cien personas muertas que no estaban acusadas de ningún crimen. Después fue Venezuela y ahora lo de Irán. El conflicto se extiende al Líbano y a Chipre, y los riesgos progresan en Oriente Medio. Acechan más allá y repercuten en la economía global. Recuérdese también que amenazó con invadir Groenlandia y Canadá. Curiosamente, las autoridades canadienses le ovacionan por los bombardeos que se producen en pro del bienestar.

Y qué decir del despliegue de agentes migratorios con maltrato a los migrantes y dos asesinatos premeditados… Estos son los grandes logros de Donald Trump, y lo expuesto es la operación Furia Épica del personaje. Por si fuese poco, entiende que los gases de efecto invernadero son saludables, ya que ha revocado el dictamen de peligro que aprobó Obama en 2009. Prevalece el beneficio de los fabricantes de autos y, supuestamente, de los consumidores. La agenda verde y las energías renovables no importan. El medioambiente y el mundo lo celebran. Que la ciudadanía, despreciada por este individuo, ponga esa épica soberbia en el sitio que merece.

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