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Opinión | Tribuna

Antonio J. Rodríguez Soler

Antonio J. Rodríguez Soler

Secretario de Memoria Democrática del PSOE Elx

Santa María: memoria viva de Elche

Grabado reconstrucción de la cúpula de Santa María

Grabado reconstrucción de la cúpula de Santa María / Antonio J. Rodríguez Soler

Después de leer varios textos publicados en periódicos de finales del siglo XIX sobre la iglesia de Santa María de Elche, me di cuenta de que su historia no es solo la de un edificio religioso, sino algo mucho más grande. En realidad, es la historia de la ciudad y de su gente. La verdad es que leyendo esos artículos antiguos se nota que para los ilicitanos Santa María era algo muy importante, casi parte de su vida diaria.

Según esos escritos, el lugar donde hoy está la basílica no siempre fue una iglesia. Primero fue mezquita y después templo cristiano. Esto me llamó bastante la atención porque demuestra que los lugares también cambian con el tiempo igual que la sociedad. No es solo un edificio fijo, sino un espacio que ha pasado por distintas culturas y religiones.

Uno de los momentos que más impresiona es cuando cuentan el derrumbe del antiguo templo por las lluvias del siglo XVII. El edificio quedó casi destruido y tuvieron que abandonarlo. Pero lo que más me sorprendió fue cómo reaccionó la gente. Según los periódicos, el pueblo entero participó en actos religiosos y procesiones porque no hubo muertos. Se nota que la religión tenía muchísimo peso en la vida de las personas y que la iglesia era el centro de todo.

Después de ese desastre decidieron construir una nueva iglesia desde cero. Aquí se ve el esfuerzo de toda la sociedad. Autoridades, nobles y vecinos aportaron dinero y recursos, y la colocación de la primera piedra se celebró como un gran acontecimiento. A mí me parece increíble pensar que muchas personas trabajaron durante años en una obra que quizá ni siquiera verían terminada. Había mucha fe y también un sentimiento fuerte de comunidad.

Además, Santa María no solo fue importante como edificio, sino también por el Misteri d’Elx, que está muy relacionado con la basílica. El Misteri es una representación sacro-lírica medieval que cuenta la muerte y la asunción de la Virgen María y hoy es Patrimonio de la Humanidad. Algo que me parece muy interesante es que sobrevivió a la prohibición del teatro en las iglesias después del Concilio de Trento gracias a una bula del papa Urbano VIII en 1632, que permitió que siguiera representándose dentro del templo. Pensar que esta tradición sigue viva desde hace siglos en el mismo lugar me parece bastante impresionante.

En los textos también aparece el obispo José Tormo, del que hablan con mucha admiración. Dicen que ayudó a terminar partes del templo y que hizo mejoras importantes para la ciudad, como traer agua potable. Esto demuestra el poder que tenía la Iglesia en aquella época, no solo en lo religioso sino también en la vida pública.

Las obras del templo continuaron durante muchos años, con avances y parones por guerras o problemas económicos. Poco a poco se añadieron esculturas, el órgano, el altar mayor y otros elementos hasta que finalmente la iglesia se terminó y se convirtió en uno de los símbolos principales de Elche.

Lo que más me llamó la atención de estos artículos del siglo XIX es el tono con el que lo cuentan todo. Se nota mucho orgullo y respeto hacia el templo. No solo informan, sino que transmiten emoción y admiración. Da la sensación de que Santa María era algo vivo, algo que representaba la identidad de la ciudad.

En mi opinión, conocer esta historia hace que veamos el edificio de otra manera. Santa María no es solo un monumento antiguo o turístico. Es el resultado del esfuerzo de muchas generaciones y de una forma de entender la vida muy distinta a la actual. Además, gracias al Misteri d’Elx, sigue siendo hoy un símbolo que conecta el pasado con el presente.

En conclusión, la historia de Santa María que aparece en los medios de comunicación de finales del siglo XIX nos ayuda a entender mejor el pasado de Elche y el vínculo emocional de la ciudad con este templo. Y creo que conocer estas historias es importante porque nos hace valorar más el patrimonio y entender que detrás de cada edificio hay personas, emociones y recuerdos.

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