Opinión | Tribuna
Los papeles de Epstein y el intento de un nuevo (des)orden mundial

Expertos de la ONU: los archivos de Epstein revelan posibles crímenes de lesa humanidad
A pesar de la intoxicación informativa en la publicación de los "papeles de Epstein" y la complejidad para comprender la dimensión de lo que aparece en los documentos, una cuestión parece clara: quiénes son "los malos". Vivimos una época en la que es muy difícil poder apuntalar algunas certezas ante tanto exceso informativo, mentiras, o medias mentiras disfrazadas de verdades. Aun así, me atrevo a hablar de "los malos", como certeza, aun a riesgo de parecer dogmática o simplista. La información publicada sobre este caso pretende que los árboles no nos dejen ver el bosque. Mi objetivo en estas líneas es contribuir a que, colectivamente, podamos ver el bosque.
Mientras el populismo de derecha y ultraderecha local e internacional nos tiene entretenidos lanzando mensajes contra los/las migrantes, el colectivo LGTBI o las mujeres que deciden abortar -entre otros-, transmitiendo que estos son los enemigos a vencer para poder recuperar nuestra sociedad de valores tradicionales y nuestro privilegio occidental, el expediente Epstein muestra- con toda crudeza- una certeza: todos los nombres que aparecen son hombres blancos, ricos, poderosos, que entienden que el mundo es suyo y -por consiguiente- todo lo que está dentro de él les pertenece o lo pueden comprar. Todos ellos forman parte (algunos, incluso, para decepción nuestra) de la categoría de personas que -de forma voraz- necesitan poner el planeta a sus pies y que entienden el concepto humanidad solo como una palabra que agrupa a aquellos a los que van a someter. Ya no es ni siquiera una cuestión de poder económico. Es la combinación más cruel y despiadada de patriarcado y capitalismo, y su fin es llevarnos a un nuevo (des)orden mundial.

Archivo - Donald Trump y Jeffrey Epstein / Europa Press/Contacto/Epstein Estate/House Oversig
Todas las violencias sexuales contra las mujeres y las niñas que aparecen de forma descarnada en los documentos Epstein son aberrantes, pero son solo una muestra de cómo se abre paso la ofensiva ultraliberal y antidemocrática de estas élites; las élites que, de facto, gobiernan el mundo actualmente. Creo que esta cuestión nos constata algo que los feminismos llevan/llevamos diciendo hace muchos años: la lucha por una sociedad más justa y diversa no nos interpela solo a las mujeres. Los derechos de las mujeres son derechos humanos. El expediente Epstein muestra como las mujeres, y especialmente las mujeres y niñas vulnerabilizadas, las que están en situación de precariedad, aquellas procedentes de países empobrecidos, aquellas que solo pueden permitirse sobrevivir… son una herramienta al servicio de las élites. Pero la voracidad solo empieza aquí; no va solo contra las mujeres. Cualquier persona que no pertenezca a esta posición privilegiada está en riesgo en este nuevo (des)orden mundial; así, debemos tomar conciencia de que el feminismo está luchando por todas y todos. Esta lucha no va de una guerra de sexos, ni de orígenes, ni de color de piel o de diversidad sexual. Porque el mal –lejos de lo que nos quieren hacer creer- no está en el que viene de fuera o en los/las que deciden vivir una vida poco convencional. El mal está en el privilegio extremo. Especialmente, en los hombres privilegiados y a menudo es invisible. Por tanto, la defensa de los derechos humanos actuales, así como de nuestras democracias imperfectas, debe ser una tarea colectiva. No nos distraigamos. Los feminismos le han puesto palabras y lo han señalado. Porque las feministas sabemos que el feminismo no es transformador si no aborda las desigualdades sociales y lucha por revertir los privilegios.
Cuando las redes sociales estimulan -siempre de forma orquestada y a beneficio de los mismos- batallas fratricidas como: la batalla de los chicos jóvenes contra el feminismo entendiéndolo como una amenaza, o la batalla entre personas nacidas aquí contra personas nacidas fuera que llegan simplemente buscando una forma sostenible de construir sus vidas, o bien la batalla entre diversos feminismos,… y nosotros entramos estamos perdiendo de vista que "comernos" entre nosotros no solo replica la lógica violenta y destructiva que deberíamos intentar trascender, sino que es el caldo de cultivo perfecto para que las élites mundiales consigan este nuevo (des)orden mundial que nos relega al papel de meros siervos o instrumentos.
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