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Opinión | Desde la calle

Jesús Pareja

Jesús Pareja

Exconcejal del Ayuntamiento de Elche

Diego Maciá vs. Pablo Ruz

El nuevo servicio de autobús a las pedanías comenzó a funcionar el 27 de enero

El nuevo servicio de autobús a las pedanías comenzó a funcionar el 27 de enero / Áxel Álvarez

En la historia reciente de Elche hay etapas que no se sustituyen, sino que se complementan. Como politólogo y apasionado de la política local -observador constante de la vida pública ilicitana desde hace décadas-, he defendido recientemente y en más de una ocasión en círculos sociales que dos nombres destacan con nitidez en la democracia ilicitana: Diego Maciá Antón y Pablo Ruz Villanueva.

No es una afirmación ideológica, sino analítica; y compararlos no es enfrentar trayectorias, sino entender momentos históricos distintos. Maciá gobernó una ciudad que necesitaba consolidarse; Ruz dirige una que aspira a diferenciarse. El primero trabajó en la arquitectura silenciosa de los servicios; el segundo en la narrativa visible de la inversión y la proyección exterior.

Cuando Diego Maciá accedió a la Alcaldía en 1995, con 41 años, Elche vivía una fase que empezaba a abrirse hacia la expansión económica y la estabilidad política, y fundamentalmente en su segundo mandato (1999-2003) había margen presupuestario, menor fragmentación política y una necesidad clara: ordenar el crecimiento. La ciudad debía fortalecer sus estructuras, modernizar su industria y consolidar su identidad institucional.

Maciá entendió el Ayuntamiento como eje vertebrador, y su liderazgo fue estratégico, apoyado en sólidos equipos técnicos y en la planificación a medio plazo. Desde la teoría política, podría definirse como un liderazgo racional-institucional: reforzar la Administración para reforzar la ciudad.

Durante su mandato se impulsó el desarrollo del parque empresarial de Torrellano, ampliando el suelo industrial y facilitando la llegada de nuevas empresas, que no rompían con la tradición zapatera, pero la modernizaban, con mejor planificación y mayor interlocución pública. Aquellas decisiones, discretas en lo mediático, resultaron estructurales en lo económico.

Uno de los legados más relevantes fue la implantación de la Universidad Miguel Hernández como actor estratégico, a pesar de que Maciá en un principio se opuso; pero, finalmente, con el soporte lógico de la Generalitat Valenciana, que entonces comenzaba a gobernar el Partido Popular con Eduardo Zaplana, se pudo completar el hito. La ciudad comenzó a pensarse también como espacio de conocimiento, no solo de manufactura. Industria y universidad empezaron a dialogar.

En paralelo, se fortaleció la proyección de nuestro patrimonio con el reconocimiento internacional del Palmeral de Elche y del Misteri d’Elx. Identidad histórica y modernización urbana avanzaban al mismo tiempo, alumbrando a fuego dos grandes hitos.

Hubo críticas, como en toda etapa prolongada, pero el balance de su trayectoria es que Elche avanzó en cohesión, se ordenó, consolidó sus servicios públicos, y se preparó para afrontar años posteriores de crisis con bases sólidas. Si tuviera que sintetizar su figura, diría que Maciá fue el alcalde de la estabilidad estructural.

Tres décadas después, el contexto es lógicamente muy distinto. Globalización, competencia territorial, transformación digital y mayor polarización política definen el escenario en el que Pablo Ruz llega a la Alcaldía en 2023, con 39 años. La ciudad necesita mayor consolidación y, por tanto, posicionamiento.

Su mandato se está caracterizando por una brutal e intensa agenda inversora como nunca se había visto en Elche, y una clara voluntad de visibilidad. Frente a la lógica estructural de los noventa, hoy la clave es el impacto; atraer industrias de alto valor añadido, regenerar barrios y proyectar una narrativa ambiciosa de ciudad forman parte de una misma estrategia.

Por ejemplo, la implantación de la empresa aeroespacial PLD Space en el entorno industrial ilicitano simboliza ese cambio de escala. No es solo empleo; es posicionamiento estratégico. Asociar el nombre de Elche a la industria espacial envía un mensaje potente: la ciudad tradicionalmente manufacturera puede competir en sectores tecnológicos de vanguardia.

Al mismo tiempo, la regeneración de barrios como Porfirio Pascual, en Carrús Este, y otras muchas actuaciones precisamente en Carrús han puesto el foco en la cohesión social. La apuesta por la vivienda protegida y la mejora del espacio público responde a uno de los grandes desafíos actuales: el acceso a la vivienda.

La movilidad urbana ha generado debates intensos, desde el aumento del transporte público y su implantación en pedanías -verdadero hecho histórico- hasta la reconfiguración del circuito de carriles bici. Gobernar hoy implica gestionar políticas bajo una exposición mediática permanente y una ciudadanía más activa y crítica.

Aquí se aprecia una diferencia fundamental de estilo. Maciá ejercía un liderazgo más institucionalizado, propio de una época sin hiperconectividad; Ruz gobierna en la era de la comunicación constante.

Ruz ha entendido que el alcalde del siglo XXI debe ser gestor, pero también embajador, negociador y comunicador. Todo ello combinado con una oratoria precisa, una enorme cercanía -que Maciá no tenía en la misma medida-, y una vertiginosa capacidad de improvisación en el debate político.

Desde el análisis politológico, gobernar en expansión permite construir con margen; gobernar en fragmentación exige mayor capacidad de decisión y resistencia. Ruz ha asumido personalmente debates complejos -como la resolución del histórico asunto del Mercado Central o la mejora del transporte a pedanías ya citado- proyectando un liderazgo ejecutivo visible.

En apenas tres años ha logrado situar a Elche con mayor intensidad en el debate autonómico y nacional. Esa proyección externa no es un detalle menor: en la política contemporánea, la capacidad de influencia institucional se traduce en oportunidades.

Comparar a Maciá y Ruz es comparar dos modelos exitosos en contextos distintos. Maciá consolidó la ciudad en un ciclo de crecimiento y estabilidad. Ruz la está proyectando en un entorno más competitivo y exigente con un extra añadido de velocidad, de mayor caballaje.

Ambos han sabido leer su tiempo, y por eso considero que han sido los dos alcaldes más determinantes de la democracia reciente en Elche. Sin la cohesión institucional de Maciá, difícilmente la ciudad habría afrontado con solidez los años posteriores. Sin la ambición estratégica de Ruz, Elche correría el riesgo de acomodarse en lo ya construido.

Sin embargo, si debo inclinar ligeramente la balanza desde una perspectiva de futuro, percibo en Pablo Ruz un elemento diferencial: la capacidad de convertir la gestión en posicionamiento estratégico. Maciá dejó huella; Ruz está en condiciones de marcar una época.

El tiempo, como siempre, dictará sentencia definitiva, pero hoy, como politólogo y apasionado de la política local, observo que la proyección, la intensidad y la ambición del actual liderazgo otorgan a Pablo Ruz una pequeña ventaja en la carrera por definir el próximo gran capítulo de la historia contemporánea de Elche. Hasta pronto.

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