Opinión | El ojo crítico
Cuando todo estaba por hacer

La escritora Josefina Aldecoa / EFE / Alberto Martín
El pasado 8 de Marzo además del Día de la Mujer se recordaron también los 100 años del nacimiento de la escritora Josefina Aldecoa. Además de escritora, pedagoga y fundadora y directora del colegio Estilo de Madrid, se la conoce, sobre todo, por haber pertenecido a la primera generación de escritores surgida tras la Guerra Civil Española y por haber sido la esposa del escritor Ignacio Aldecoa del que tomó su apellido. Su centenario ha tenido cierta repercusión en los medios de comunicación al contrario que el centenario de Ignacio Aldecoa el año pasado, del que apenas se habló.
Como muchos otros de mi generación (supongo) yo también descubrí a Ignacio Aldecoa en 1994, gracias a las publicaciones que se hicieron en revistas culturales y en suplementos literarios con ocasión de los 25 años de su muerte, ocurrida en 1969. Su temprana desaparición, con sólo 44 años, supuso un antes y un después para sus compañeros de generación así como para la literatura española. Después de veinte años publicando los, al menos para mí, mejores cuentos de la literatura en España del siglo XX, los últimos años de vida de Aldecoa supusieron el inicio de su consagración como escritor con novelas como Con el viento solano (1956), Gran Sol (1958) y sobre todo con Parte de una historia (1967). Y al lado de Ignacio Aldecoa estuvo siempre, desde muy jóvenes, Josefina Aldecoa, como querían que la llamaran y así lo hago yo.
En la biblioteca de la Facultad de Derecho de la Universidad de Alicante había, en 1993, una sección de revistas entre las que destacaban aquellas centradas en la literatura. Ese año y el siguiente hubo, en revistas literarias, una importante atención sobre la figura de Ignacio Aldecoa con ocasión, como he dicho, de los 25 años de su muerte. Yo conocía a Aldecoa de alguna referencia que había leído sobre él en ensayos literarios escritos a principios de los 90, pero fue a partir de mis lecturas de aquel año cuando realmente lo conocí. La editorial Alfaguara publicó en 1995 todos sus cuentos reunidos en un excelente volumen que me ha acompañado desde entonces y que me llevó a leer también sus principales novelas. Y a su lado siempre, como digo, Josefina Aldecoa siendo testigo de su aprendizaje como escritor.
Carmen Martín Gaite, amiga del matrimonio Aldecoa desde muy jóvenes, hizo un retrato exhaustivo de Ignacio Aldecoa y sus primeros años como escritor en su libro Esperando el porvenir (1994). Para Martín Gaite, Aldecoa tuvo desde sus inicios un acercamiento al humilde, a esa vida alejada del triunfalismo y la propaganda del régimen franquista. Cuando leí en profundidad los cuentos y novelas de Aldecoa en 1994 y 1995 entendí a qué se refería Carmen Martín Gaite. Frente a un Cela que ridiculizaba a la clase desfavorecida, caracterizando a sus integrantes con muecas simiescas y dientes de burro, y frente a un Torrente Ballester que describía a los humildes como violentos y de comportamiento animal, como hizo con el guion de la película Surcos, Ignacio Aldecoa, como sus escritores coetáneos de generación, no terminaba sus relatos con finales felices ni con moralejas, en palabras de Martín Gaite, sino que su intención fue describir la verdadera realidad frente a otra inventada por el franquismo donde reinaba la paz, la libertad y el bienestar económico.

La escritora Josefina Aldecoa / EFE / Esteban Cobo
Aldecoa me introdujo en aquella generación de escritores, cineastas y artistas de los 50 en España. Nacidos en los años de la guerra, me refiero a los Sánchez Ferlosio, los Fernández Santos, los Juan Benet o los Medardo Fraile, tuvieron que crecer en medio del erial que dejó la autarquía franquista. Su revancha fue dar la versión real de lo que pasaba en las ciudades y en los pueblos como los abusos de los caciques con la connivencia de la Guardia Civil.
Yo ya conocía la literatura española desde Galdós pasando por el cambio de siglo, la Edad de Plata y la literatura española de los 80 y primeros 90 así que meterme de lleno en los años comprendidos entre los años 40 y 70 me llevó varios meses de lecturas y de búsquedas en librerías de segunda mano. Libros como Otoño en Madrid hacia 1950 (1987), de Juan Benet, me permitieron conocer aquel mundo desconocido del que me llegaban retazos de risas, sonidos e imágenes. Gracias a mi tendencia a tumbarme a la mínima con un libro dejando a un lado las asignaturas de la carrera, al final del curso del 94 podía haberme licenciado (es un decir) en Filología Hispánica. Años después completé el Máster de Formación de Profesorado de Secundaria que me permite ser profesor de Secundaria con especialidad de Lengua y Literatura Española.
Josefina Aldecoa, que dejó de escribir tras la muerte de su marido, retomó la literatura a finales de los 80 consiguiendo el éxito con su conocida trilogía sobre la historia de una maestra de la Segunda República, su depuración en el franquismo, su exilio y su regreso a España muerto Franco. Aquella generación tuvo la juventud más difícil, el futuro por hacer en medio de una dictadura que, como ha dicho Manuel Vicent, había teñido la vida de color de ala de mosca e impregnado las calles de un olor nauseabundo.
Suscríbete para seguir leyendo
- Sanidad retira una crema solar SPF 50 por contener una sustancia prohibida
- Las obras en la Estación Central de Alicante llegan a su momento más crítico
- Una empresa pierde 7.000 euros de fianza por dejar paralizadas unas obras de jardineras en Elche
- ¿Trasladar la fábrica de aluminio de Alicante? No tienen ni idea de lo que dicen, nos abocarían al cierre
- El Ayuntamiento anuncia más espacio para las fiestas en el futuro Plan General de Alicante
- Un fallo en el sistema de semáforos del TRAM causa un monumental atasco en la Vía Parque de Alicante
- La ruta de senderismo entre cascadas y bosques que esconde uno de los rincones más bonitos de Alicante
- La Casa de Lo Reche junto a la laguna de Torrevieja en Los Montesinos ya es historia ante la pasividad del Ayuntamiento y la Generalitat
