Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión | El ojo crítico

¿Debe unirse la izquierda de la izquierda?

Rufián: "Conviene que las izquierdas se pregunten por qué solo hay dos derechas y, en cada provincia, catorce izquierdas"

Lucía Feijoo Viera

Conocido el resultado de las recientes elecciones de Castilla y León han surgido de nuevo voces alertando sobre la necesaria unión de los partidos situados a la izquierda del PSOE para evitar así un más que probable futuro Gobierno del PP con Vox. Este movimiento unificador, por así llamarlo, partió de la reflexión del diputado Gabriel Rufián hace unas semanas sobre la necesidad de que los cinco o seis partidos (incluso más en el caso de las CCAA) que se presentan a las elecciones generales cada vez que estas se producen, salvo en muy contadas ocasiones lo único que consiguen es ayudar al fortalecimiento de la derecha que, desde hace algunos años, supone no sólo el cambio de rumbo político para España cada ciertos años, sino que, sobre todo ahora, puede conllevar la más que probable irrupción de la extrema derecha española en las más altas instituciones españolas.

Esta declaración de Gabriel Rufián que tuvo cierta repercusión en los medios de comunicación no es algo nuevo en cualquier caso. Cuando escuché las reflexiones de Rufián hace unas semanas recordé las elecciones generales del año 2.000. En aquel entonces, un PSOE liderado por Joaquín Almunia y una Izquierda Unida liderada a su vez por Francisco Frutos firmaron un acuerdo electoral basado en un listado de acuerdos fundamentales para el caso de que lograsen formar Gobierno tras las elecciones generales de aquel año. Izquierda Unida se comprometía a apoyar a Almunia en una hipotética investidura y, además, presentaron una lista conjunta para el Senado en 27 circunscripciones electorales. El fracaso fue estrepitoso.

Si en 1996 el Partido Popular con José María Aznar logró formar Gobierno con tan solo una diferencia de 300.000 votos respecto al PSOE de Felipe González, en el año 2.000 el PP aumentó 600.000 votos, pero el PSOE perdió 1.500.000 e Izquierda Unida 1.376.000 votos. ¿Por qué ocurrió? ¿Qué llevó a casi tres millones de votantes de izquierda a quedarse en su casa o, lo que es peor, votar al Partido Popular? Cabe recordar que en 1996 el PSOE e IU podían haber formado gobierno, lo que hubiera impedido gobernar a Aznar y con toda probabilidad hubiese supuesto su desaparición de la jefatura del PP al no ganar las elecciones del año 2.000. Fue imposible por el odio que Julio Anguita tuvo siempre respecto al PSOE. Anguita no sólo ayudó a Aznar cuando estaba en la oposición con la famosa pinza, sino que cuando en 1996 Aznar ganó por tan solo 300.000 votos, como he dicho antes, a nadie se le pasó por la imaginación, ni remotamente, un pacto auspiciado por Felipe González y Julio Anguita.

Una parte de la izquierda española ha preferido que el Partido Popular acceda al poder antes de que lo haga el PSOE

Y este es el gran problema que ha tenido siempre la izquierda sociológica en España. Que una parte de la izquierda española ha preferido que el Partido Popular acceda al poder, ya sea en la presidencia del Gobierno o en las comunidades autónomas, antes de que lo haga el PSOE. Hace más de 20 años comencé a observar que jóvenes de entre 20 y 30 años que se autodenominaban de izquierda habían dejado de votar al PSOE por el odio a este partido que se había puesto de moda. Ni siquiera apoyaban a Izquierda Unida, y la gran mayoría se abstenía en las elecciones tanto generales como autonómicas y municipales. En el mejor de los casos votaban a un partido nacionalista de su comunidad autónoma que obtenía unos resultados muy exiguos.

Ahora el problema ya no es que gobierne el PP, sino que lo haga en coalición con Vox, un partido, este último, de clara inspiración racista, conspiranoica y negacionista. Y este peligro para el Estado del bienestar y para la democracia tal y como la hemos conocido puede cumplirse en el caso de que los partidos a la izquierda del PSOE con muy poca representación, pero que reciben una cantidad de votos de relativa importancia, se empeñen en querer tener una importancia política que no tienen o que nunca han tenido. Es muy llamativo el caso de Podemos, un partido al borde de la desaparición que en cuanto sus dirigentes tienen un micrófono delante echan la culpa al PSOE de todos sus males y de sus malísimos resultados electorales elección tras elección.

Si los minúsculos partidos que circundan la izquierda electoral se empeñan en no querer unirse, en no querer buscar fórmulas que les permitan presentarse como una unidad, es más que probable que los votos que consigan cada partido político de manera individual no sirvan para llegar a acuerdos de investidura que, de manera clara, estaría dirigida por el PSOE. Para ello es imprescindible dejar los egos a un lado y dejar de creerse el ombligo del mundo por ver su foto en un periódico. Aún se está a tiempo de evitar que el neofranquismo participe en las reuniones del Consejo de Ministros en el Palacio de la Moncloa. Luego vendrán las lamentaciones.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents