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Opinión | Opinions des d’Elx

La igualdad debe primar sobre las exclusiones

Brillante colofón del Misteri d'Elx

Matias Segarra

El pasado domingo se celebró en Sagunto una votación para cambiar, en los estatutos de una organización, la palabra «varones» por «personas». Con ello se trataba de conseguir que todas las personas, hombres o mujeres, pudieran acceder en igualdad a formar parte de la misma si así lo querían. Lamentablemente, es un problema aún presente en muchos casos.

La votación se celebró entre los miembros de la Cofradía de la Purísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo de Sagunto, todos ellos hombres. El resultado final fue de 267 votos en contra del cambio, frente a 114 síes. Con ello se impedía que las mujeres pudieran participar, en igualdad con los hombres, en todos los actos propios de la cofradía, incluidas las celebraciones. Las mujeres sólo podrán seguir participando en tareas de limpieza, arreglo y preparación de la vestimenta que lucen los hombres y similares. Se consolidaba así su marginación, igual que se viene haciendo, por tradición, según dicen, desde 1492 en que se fundó dicha cofradía.

El resultado de la votación no ha sido sorpresivo. Hace cuatro años se intentó en otra ocasión y, el resultado actual ha sido incluso peor. Se han registrado, en esta ocasión, 28 votos negativos más que hace cuatro años. La discriminación no sólo no se va superando, sino que se acrecienta.

El argumento de una decisión tan machista es que, así, se mantiene la tradición. De nuevo se demuestra que esto de las tradiciones se utiliza siempre en interés del que manda. Se la considera un privilegio reservado a unos pocos, siempre hombres, por supuesto, y ahí la mujer no debe participar, no por nada sino, simplemente, porque así lo dice una tradición anacrónica de hace siglos.

Recordemos que la participación de la mujer en todo tipo de actos públicos siempre ha sido cuestionada por los sectores más retrógrados de todas las iglesias, no sólo la católica (en esto, como en tantas otras cosas, todas se parecen mucho), la marginación y ocultación de la misma siempre ha sido evidente. Se pensaba, decían para justificarse, que aquello podría dañar la reputación y moral de las mujeres. Así se impidió su participación, hasta llegar al extremo de que los papeles femeninos en las obras de teatro y representaciones en la antigüedad eran asumidos por hombres.

Se impuso, desde unos poderes despóticos gubernamentales y religiosos, y de una forma obligatoria, este modelo de sociedad. Más que tradición aquello respondía a una política de dominio y sumisión que era lo que, realmente, suponía. Ese modelo es el que aún, en algunos ámbitos, se sigue defendiendo como tradición: unas prácticas machistas anquilosadas en el tiempo. Defender este tipo de tradiciones es defender modelos excluyentes que nacieron en situaciones no democráticas, y que suponían privilegiar a una clase o, en casos como éste, a un sexo sobre otro. Cuestiones todas ellas que en una España del siglo XXI deberían estar superadas.

Es lamentable constatar que, por desgracia, situaciones como ésta siguen vigentes en muchos ámbitos. Y que, ahora, determinados partidos, como Vox y empieza a serlo también el PP, cuestionan las políticas de igualdad que nuestra Constitución recoge, y que la sociedad ya ha asumido plenamente, excepción hecha de pequeñas pero llamativas excepciones como la de Sagunto, entre otras.

Por eso es acertada la decisión del Gobierno central de plantear que algo así no puede seguir siendo Fiesta de Interés Turístico Nacional, como se le declaró en 2004. Una fiesta discriminatoria así hoy es más bien una vergüenza nacional.

Toda la sociedad debe exigir que situaciones como ésta no se repitan, y que antes que determinadas tradiciones, de muy dudoso origen, deben prevalecer principios de igualdad y no exclusión hacia las mujeres.

Afortunadamente, se ha avanzado mucho en estos temas. Todos recordamos las polémicas en determinadas fiestas, en los desfiles de Moros y Cristianos, Alardes en el País Vasco, etc. La mujer se ha ido incorporando paulatinamente, con grandes esfuerzos y es cierto que aún quedan situaciones a superar, como la de Sagunto, pero debemos luchar para conseguirlo y ahí las instituciones deberían jugar un papel fundamental.

Reivindicación desde un puente de Elche: "Que las niñas canten en el Misteri"

Matías Segarra

Y es que en nuestra ciudad también hay ejemplos de situaciones, amparadas en tradiciones desfasadas, que siguen favoreciendo situaciones de exclusión de la mujer. El Misteri, o La Festa, es una de ellas. Incluso se padecen retrocesos en el tema. Si hasta hace unos años las niñas podían participar en determinados actos con la Escolanía, se les ha ido negando su presencia sin razón convincente, ya que no sólo nunca hubo un problema, sino que se enriquecía La Festa con su participación. Un retroceso preocupante que privilegia exclusiones basándose en «tradiciones» decimonónicas.

En vez de avanzar de una vez a que las mujeres también puedan participar, plenamente, en toda la representación, incluido en el papel de la Virgen, hasta ahora reservado sólo a niños, con prohibición de que una niña lo pueda hacer, simplemente porque así era como se hacía hace cinco siglos, se opta desde el Patronato por la postura más excluyente posible, como si la sociedad, en estos temas y en otros, no hubiera avanzado nada. Una verdadera lástima.

Aunque contra el avance de la sociedad no podrán ir siempre. Se tardará más o menos. Dependerá de que los pocos que en Elx deciden estas cosas quieran actualizar y mejorar algo tan nuestro como La Festa. Pero, seguro, se conseguirá. Elx dejará de ser ejemplo de exclusión en su fiesta más representativa. Y, sin duda, será mejor para todos y todas.

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