Opinión | Tribuna
Hace sesenta años

Programa de actos de la inauguración del Club Amigos de la UNESCO, en 1966. / INFORMACIÓN
En enero de 1966 fue inscrito en el Registro de Asociaciones el Club de Amigos de la UNESCO de Alicante, el tercero –tras Madrid y Barcelona– que se autorizaba en España: la solicitud se había presentado en noviembre de 1965. Los veintidós socios fundadores estaban encabezados por Óscar Esplá –que sin embargo, jamás pisaría el Club–, y pronto, entre sus socios, figuraron la mayoría de los intelectuales alicantinos progresistas, junto a estudiantes, enseñantes, empleados y trabajadores. El Club se convirtió en un lugar de «resistencia cultural» contra la dictadura y allí convivieron personas de muy diversa ideología. Como aseguraba Josevicente Mateo, el Club –en sus distintas sedes– acabó siendo «negocio de los antifranquistas alicantinos, el único duradero que tuvieron en común».
No cabe duda de que la defensa de unos derechos humanos teóricamente aceptados y conculcados diariamente por la dictadura franquista atrajo a quienes mantenían esas posiciones políticas y suscitó, al mismo tiempo, la abierta hostilidad del régimen. Pero al margen de esa indudable significación política, el Club desarrolló una intensa labor cultural de carácter progresista, dentro de las limitaciones de la época. Esa labor se caracterizó por una visión laica del mundo, el afán de conocimiento, la apertura a cualquier rama del saber, la discusión y el debate sobre los más diversos temas...
La inauguración oficial del Club tuvo lugar en la sala de la Caja de Ahorros Provincial, el 12 de junio de 1966, en un acto en que el grupo de Teatro Popular del Club representó «El retablillo de Don Cristóbal», de García Lorca; hablaron Rafael Taibo, presidente del CAU de Madrid, y el novelista Armando López Salinas, y se proyectó un documental sobre la Marcha sobre Washington en 1963. En diciembre de 1966 contaba ya con 320 socios, en su inmensa mayoría jóvenes. Desde octubre de 1968 y a partir de la interpretación del artículo 3.º de los Estatutos del Club, que ampliaban a la provincia el ámbito territorial de acción del mismo, se fueron abriendo nuevas sedes en Alcoi –que todavía sigue en activo–, en Mutxamel y Elche, en 1969, y en Callosa de Segura, en 1971, aunque aquí no llegó a abrirse la sede, por diversos problemas. Finalmente, en 1974, el Gobierno Civil prohibió la actividad de todas las sedes, excepto la de Alicante, muy reducida también entonces a la vida interna.
A lo largo de estos primeros años, el Club celebró actos contra el racismo y de divulgación de los Derechos Humanos y de los proyectos de la UNESCO, informes y estudios sobre diversas materias, charlas o mesas redondas sobre los temas más variados, recitales poéticos y de canción folk –el grupo Lasser, La Pedrada–, escenificaciones teatrales por grupos como Doncel o La Máscara, proyecciones cinematográficas y exposiciones –de la mano de Ernesto Contreras–, cursillos de catalán, etc. El Club llevó a cabo campañas de propaganda de El Correo de la UNESCO, organizó concursos de redacción sobre «Los Derechos Humanos» y «Una educación para la paz», preparó conferencias sobre aquellos personajes destacados en la historia de la cultura universal, algunos de cuyos aniversarios patrocinaba la UNESCO –desde Erasmo de Rotterdam hasta Federico Engels, pasando por Rembrandt, Picasso, Leonardo da Vinci o Gandhi–. Era una actividad incansable, en la que participaron prácticamente cuantos en esos años se movían en la ciudad en el terreno cultural. Se trataba de recuperar apresuradamente todo un pasado que se nos había ocultado y todo un presente que también se nos ocultaba, sobre todo si ocurría fuera de nuestras fronteras.
Posteriormente, y hasta su desaparición, el Club desarrolló una extraordinaria labor cultural, fue una parcela de libertad, una escuela de democracia y facilitó la creación de un espíritu cívico. Por ello, estuvo siempre en el punto de mira de las autoridades franquistas, que sostenían, en un informe a Madrid, que el Club era, junto a la clase obrera de Alcoi, Ibi y alguna otra ciudad, sectores del catolicismo progresista, el PCE y CC OO, y el incipiente Centro de Estudios Universitarios, sus únicos motivos de preocupación.
Ya cercana la muerte del dictador, en el Club acabarían por tener acogida todos los partidos de la oposición democrática, las instancias unitarias, organizaciones como el Movimiento Democrático de Mujeres, los sindicatos y, en definitiva, cualquier grupo de oposición al régimen franquista que, sin embargo, abandonarían en su mayoría el Club a partir de los primeros meses de 1977, cuando se acercaban las primeras elecciones democráticas, provocando una grave crisis en el mismo. Aunque se intentó reorientar su actividad, que durante unos años había sido eminentemente política, no hubo respuesta y la asamblea de socios acordó, en septiembre de 1980, cerrar las puertas del Club, que no había conseguido la solidaridad de quienes tanto se habían beneficiado de su hospitalidad.
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