Opinión | Una mirada a mi ciudad

Doctor en arquitectura
La transformación de Zara en edificio universitario

Así es la nueva sede de la Universidad CEU Cardenal Herrera en un histórico edificio del centro de Elche / Áxel Álvarez
Vamos a comentar hoy la actuación arquitectónica materializada en lo que fue el cine Capitolio y después tienda de Zara. Con el fin de conseguir el nuevo edificio, se ha ejecutado una gran transformación del existente hasta lograr obtener un centro universitario capaz de albergar la Facultad de Odontología.
Quiero en primer lugar felicitar a la Universidad Cardenal Herrera por la realización de este edificio y en segundo lugar felicitarme como ilicitano por el hecho, no común, de que una Universidad haya recalado en Elche para desarrollar su labor. Y, además, y no menos importante es que elija el centro histórico como lugar idóneo para sus actividades y que no se sitúe en nuestra periferia. No puedo sino recordar con horror que instituciones como Tráfico o Hacienda prefieran un polígono industrial en nuestro extrarradio a situarse en el corazón de la ciudad. También, y por supuesto, felicitar a sus arquitectos, el estudio Burgos y Garrido.
Siempre he sido un defensor de la arquitectura de la reutilización y he creído en un urbanismo de la renovación y densificación de barrios obsoletos frente a las nuevas edificaciones o los nuevos barrios concebidos sobre suelo agrícola. En cuanto a los centros históricos siempre he defendido su conservación. Por otro lado, también he mantenido que pudieran darse las necesarias transformaciones de los centros históricos para mantenerse vivos. Aunque he de decir que no estaba preparado para la velocidad de cambio de una sociedad como la nuestra, un mundo que alguien comienza a denominar «turbocapitalismo». La transformación del cine Capitolio en una gran tienda de Zara me pareció magnífica y me sorprendió que quedara obsoleta en tan pocos años. No puedo dejar de recordar la exquisita actuación del arquitecto Antonio Serrano, conservando la idea espacial y la decoración del edificio anterior. Y es que se me antoja que este mundo que nos ha tocado vivir se adapta mal a la estabilidad que necesita un centro histórico y sus edificios protegidos.

La Universidad CEU Cardenal Herrera inaugura su nueva sede en Elche / Áxel Álvarez
Refiriéndonos al nuevo edificio lo primero que quiero resaltar es que se trata de una espléndida obra, con una arquitectura muy depurada. La nueva edificación respeta la fachada y el hall de entrada con la escalera situada al frente y una escalera secundaria de acceso a las plantas altas. Tras la fachada, conservada exenta y separada del resto, se levanta un muro cortina que abarca una doble altura. En el hall se reproducen en escayola los esgrafiados del antiguo cine con poco convencimiento. Y es que el aprecio a la decoración preexistente no es el fuerte del nuevo edificio. Aparte de estos elementos conservados, el resto del edificio supone una profunda transformación.
El edificio cuenta con tres plantas destinadas a enseñanza, y un pequeño sótano para instalaciones. En la cubierta se ubica una cafetería y comedor para los alumnos, abierto también para gente ajena. La terraza, transitable, cuenta con un pavimento elevado sobre plots que permite que el agua penetre sobre la lámina impermeable y nunca se encharque. La jardinería recurre a una vegetación algo exótica, echándose de menos algo más propio de la tierra. El concepto que ordena el edificio es claro y bien ejecutado. Se trata de utilizar unas llagas de iluminación que dividen el espacio interior en tres partes y que permiten ubicar en ellas seis aulas en los pisos superiores e iluminar la planta baja. El espacio de aulas de la primera planta se destina a boxes donde se instalan las sillas de dentista necesarias para las prácticas. Los patios quedan recubiertos por placas de aluminio.
En cuanto a los acabados del edificio se utiliza una amplia modulación para instalar tableros contrachapados, en algunos casos terminados con madera de fresno y en otros con acabados sintéticos. Los azulejos colocados a la manera japonesa, sin trabas, resultan muy visuales. Todo hasta una altura de dos metros veinte, y a partir de esa línea el protagonismo pasa al vidrio, incluso al espejo, creando alteraciones de la percepción visual al amplificar los espacios. Por último, las instalaciones son de una gran complejidad y se adopta la buena idea de que el cableado como la estructura resulte visto en la mayor parte de su recorrido.
En definitiva, se trata de una buena obra arquitectónica que tiene su justificación en la necesaria adaptación de un edificio existente a la realización de una actividad universitaria en el centro de nuestra ciudad. No puedo sino valorar como una magnífica obra de arquitectura lo realizado, aunque mi sensibilidad se vea afectada por la profunda transformación ejecutada.
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