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Opinión | Ver, oír y gritar

Procesión de misiles de diversa especie

María Dolores de Cospedal y Jorge Fernández Díaz, implicados en la trama Kitchen.

María Dolores de Cospedal y Jorge Fernández Díaz, implicados en la trama Kitchen. / EFE

A ver si me entero. El Gobierno de Sánchez está lleno de corrupción y saca el «No a la guerra» para tapar sus vergüenzas. ¡Genial! Ningún partido puede estar exento de algún punto oscuro, sí. Pero la derecha extrema del PP se lleva la palma por los numerosos casos que aún quedan pendientes en relación con este grupo. Uno de ellos es el uso de las instituciones para el sabotaje a una investigación judicial. Y es que la trama Kitchen es algo más que un escándalo. Porque se demuestra que algunos poderes políticos son capaces de colonizar las estructuras públicas para protegerse a sí mismos.

El próximo 6 de abril se juzgará uno de los episodios más graves, como es este asunto que, además, tuvo una presunta red de mandos policiales que utilizaron fondos públicos para llevar a efecto espionaje político. No fue un hecho aislado al parecer, sino una estructura debidamente organizada con el exministro del Interior Jorge Fernández Díaz a la cabeza del pelotón, camino del Calvario y sin tocar a quienes estaban en la cúspide del tinglado. Supuestamente, M. Rajoy y la peineta de Dolores de Cospedal.

Recuérdese la acreditada financiación irregular, una caja B durante más de veinte años y otras lindezas de los que han residido o siguen residiendo en Génova, 13. Quienes no se han tapado nunca la nariz, ante las cloacas, tienen el descaro de apuntar con el dedo al vecino. Si seguimos recordando, el independentismo catalán y las fuerzas emergentes, como Podemos, fueron enemigos que el aparato policial crucificó presuntamente bajo el amparo de los gobernantes de entonces y de pseudomedios. ¡Qué cruz!

No se investigaban delitos. La maquinaria partidista fabricaba relatos y filtraba dosieres tranquilamente, entre 2013 y 2016. Es evidente que la justicia es lenta cuando quiere serlo. Dilaciones, recortes… ¿Quién ordenó toda esta movida contra los más elementales principios de la democracia? En ese sentido, la normalización de la impunidad es palpable. Unos llevaron hechos a cabo. Otros los diseñaron. Y el fariseísmo está a la orden del día con estridentes tambores cercanos y trompetas.

Salta a la vista y al oído la confrontación total y gratuita de Feijóo, Ayuso y toda la compañía de comedias populares. En la diana, Pedro Sánchez, claro. Si quieren derrotarle que lo hagan limpiamente, no con oscuras maniobras como única manera de intentar el asalto a la Moncloa para después flagelar a la población tras no haber movido un solo dedo en favor de la gente. Nada nuevo que no se conozca de sobra.

El espantoso ridículo de algunos no tiene límites con sus desquiciadas hipérboles, reproches baratos e infantiles calenturas. Núñez Feijóo no analiza. Da patadas y es un hombre al borde de un ataque de nervios. No sabe ya qué hacer con tal de doblegar a Sánchez. Jamás logra ese propósito a través del despropósito. Y sale en camilla cada vez que se enfrenta al presidente en el Congreso. Cualquier forma indigna le sirve en su desesperada conducta anti-Sánchez, lo que demuestra el nivel de crispación del que quiere presidir España, aunque bien sabemos que no es presidente porque no quiere.

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, y su portavoz adjunta, Cayetana Álvarez de Toledo, tras una sesión de control al Gobierno en el Congreso,

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, y su portavoz adjunta, Cayetana Álvarez de Toledo, tras una sesión de control al Gobierno en el Congreso, / Eduardo Parra - Europa Press / Europa Press

El daño que este hombre inflige a nuestro país es notable por varias razones, pues viene generando una imagen de fractura nacional que nos debilita en el exterior y en el terreno nacional. A todos los ciudadanos. No le es suficiente la inutilidad, la contradicción y la barbaridad por bandera. Necesita cruzar líneas rojas a fin de satisfacer sus oscuros intereses, que sintonizan con los de la extrema derecha. Así que Sánchez es «el traidor de Europa» cuando ocurre justamente lo contrario. La UE se sube al carro español que rechaza las hostilidades destructivas y defiende la diplomacia y el derecho internacional.

A Feijóo le interesan mucho las rebajas fiscales a los de arriba y dar la espalda al escudo social de los de abajo. Mejor o peor escudo porque siempre ganan los poderes económicos. Y esas centrales nucleares que «luchan» contra el cambio climático. Es decir, la irrelevancia internacional y el conflicto permanente son sus armas. No vale para estar en la oposición y mucho menos para gobernar. A las pruebas me remito.

El sujeto se agarra a los fantasmas del pasado, y sus soluciones no pueden solucionar nada. Solo tiene convicciones que imponen penitencia y hacen reverencias a la minoría privilegiada. Lo propio de la derecha más reaccionaria. El patriotismo de hojalata, incapaz de contribuir a resolver problemas. Hasta Rufián le gana por su compromiso con la convivencia, la estabilidad institucional y la mejora de la realidad de la gente.

Por cierto, la industria armamentística de Netanyahu va bien a pesar del rechazo de Pedro Sánchez a la guerra. Un nuevo informe aclara que no se ha puesto fin a esas relaciones. No hay un embargo real y no se ha anulado ningún contrato después de octubre de 2023. Las cuadrillas bélicas desfilan y cargan a hombros las andas con misiles destinados a liquidar inocentes antes del Domingo de Resurrección.

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