Opinión | El ángulo

Politóloga
Sánchez, a la izquierda

Javier Vendrell Camacho
Las últimas semanas han dejado algo más que una lectura electoral puntual, han confirmado el cambio de ciclo en la izquierda. A pesar del plantón de Sumar en el Consejo de Ministros, cada vez condiciona menos el rumbo del Gobierno, y se empieza a percibir a un aliado que era imprescindible a pasar, al menos, a sustituible en términos estratégicos. El declive de Sumar no es solo orgánico, la renuncia de Yolanda Díaz a seguir liderando el proyecto reflejó el agotamiento de una fórmula que nació con aspiraciones de recomposición y ha terminado diluyéndose. La ruptura con Podemos, al principio de la legislatura, fue el final de una crisis que empezó en el pabellón Magariños y sus consecuencias siguen sangrando.
En paralelo, Pedro Sánchez ha ido ocupando ese terreno con una combinación de pragmatismo y oportunidad. Ha absorbido parte del discurso más reconocible de la izquierda mientras se afana en proyectar una imagen de liderazgo sólido en el ámbito internacional. En lo nacional, y con las convulsiones propias de nuestro sistema político, las dinámicas se vuelven a agrupar en el bipartidismo. Al PSOE ya no le resulta tan necesario sostener una izquierda fuerte a su lado, la dispersión de ese espacio puede favorecerle si logra concentrar el voto progresista bajo la idea de utilidad.
Este reajuste se equilibra con el papel de los partidos nacionalistas periféricos, que refuerzan su influencia en sus respectivos territorios. Formaciones como Esquerra Republicana de Catalunya, BNG, Chunta Aragonesista, Compromís, Bildu o PNV consolidan su papel como socios clave en una gobernabilidad que ya no depende tanto de un bloque estatal homogéneo, sino de acuerdos más fragmentados, pero igualmente eficaces.
Mientras tanto, lo que queda del antiguo espacio confederal intenta encontrar hueco con iniciativas puntuales y gestos de confrontación. Pero las dificultades para encontrar un liderazgo claro, justo cuando la política es más personalista, reduce su capacidad de condicionar decisiones, y su presencia se percibe más como reactiva que propositiva.
En la derecha, el Partido Popular y Vox intensifican su oposición en un clima cada vez más tenso, obligados a cooperar y competir a la vez. Algo se ha modificado en los últimos días, ha aparecido una creciente presión política y mediática sobre el partido de Santiago Abascal, rompiendo la luna de miel que recordaba a la que antes vivió Ciudadanos. Con próximas citas electorales y un entorno de guerra internacional impredecible, la política española evoluciona hacia un modelo donde los grandes partidos recuperan terreno, mientras los espacios intermedios se debilitan.
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