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Francisco Polo Candela

Francisco Polo Candela

Cofrade crevillentino

¿Por qué Crevillent?

Abrazo en la Morquera el Viernes Santo.

Abrazo en la Morquera el Viernes Santo. / Paco Polo

La Semana Santa de Crevillent junto a la de Orihuela son las de las dos únicas poblaciones que ostentan el reconocimiento como fiestas de Interés Turístico Internacional en la Comunidad Valenciana. A ellas se suma, con la misma declaración, la celebración del Domingo de Ramos en la ciudad de Elche. Pues en Crevillent, Orihuela y Elche, en cada una de estas poblaciones, se siente y se vive con plena intensidad la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, con sus particulares y características formas de llevarlas a cabo, que las distinguen de otras celebraciones.

Me voy a centrar en algunas de las singularidades de la Semana Santa crevillentina por la que la han hecho merecedora de tan alta distinción a pesar de ser una población pequeña, con 30.000 habitantes, pero que tiene censados unos 8.000 cofrades distribuidos entre las 30 cofradías que forman la Federación de Semana Santa, lo que viene a representar el 37,5 % de la población.

Me gusta decir que la Semana Santa crevillentina es como «el poblado galo de Asterix», irreductible, con su propia «poción mágica» que constituye la tradición; el arraigo por lo propio, con sus señas de identidad propias que, a pesar de las modas existentes en la actualidad, tendentes a «sevillanizar» cualquier celebración, en Crevillent nos mantenemos fieles a las costumbres o formas de celebrar que las hicieron en 2011 merecedoras del reconocimiento que ostentan.

Esa es la gran riqueza que atesora la Semana Santa en cualquier población, que, conmemorando lo mismo, en cada lugar se desarrolla de forma distinta.

¿Por qué Crevillent merece ser visitada durante la Semana Santa? Comentemos algunos aspectos de lo más significativo.

Cronología

La celebración crevillentina guarda la cronología de los hechos pasionales que se conmemoran gracias a que las distintas familias o grupos gremiales adquirieron en su día los pasos procesionales completando las secuencias evangélicas más representativas de la Pasión y Muerte de Cristo, sabiendo convivir la celebración de las procesiones con los actos litúrgicos. Por ejemplo, Jueves Santo, no hay procesiones para que se pueda asistir a los Santos Oficios de la Cena del Señor. Hasta Viernes Santo por la tarde no procesiona ningún crucificado (salvo en la procesión de Penitencia el Martes Santo).

Coro del colegio Nuestra Señora del Carmen en la procesión del Santo Entierro.

Coro del colegio Nuestra Señora del Carmen en la procesión del Santo Entierro. / Vicente López

Música

El acompañamiento musical es una faceta fundamental en cualquier Semana Santa, pero en Crevillent resulta muy particular puesto que se manifiesta en una triple vertiente. En primer lugar están las bandas de música y sus marchas procesionales, en la mayoría de los casos compuestas por autores de la localidad y escritas para las propias cofradías con mención concreta a «Les Pasarelles», que son reducidos grupos de músicos que interpretan composiciones escritas para los pasos que acompañan en los traslados.

En segundo lugar las bandas de cornetas y tambores con los sones característicos que toda la vida se han venido interpretando en la localidad, sin dejarse influenciar por las modas existentes, facilitando el procesionar de los pasos que son portados a hombros de los «agarraós». En Crevillent existen actualmente cuatro de estas bandas, la centenaria Los Lucas, la Banda de Clarines y Tambores de la Federación, fundada en 1918, la agrupación Nuestra Señora de los Dolores, que el pasado año cumplió su 50 aniversario, y recientemente se ha refundado la Banda del Pollastre que vuelve a acompañar al paso de la Negación de San Pedro.

La tercera vertiente musical la representa la participación de las masas corales existentes en la población quienes con sus motetes sacros convierten las procesiones en verdaderos conciertos de polifonía coral al aire libre. Las partituras de compositores clásicos junto a otros modernos y de la localidad suenan en las magníficas y afamadas voces crevillentinas durante los cortejos procesionales. En Crevillent no caben las saetas.

Gastronomía

Otro de los factores singulares es el tradicional «Almuerzo de Viernes Santo» a base de pan, ajos y bacalao, todo tostado al horno, con habas tiernas, habiendo introducido con posterioridad las tradicionales «cocas» entre las que predomina la de boquerón frito con cebolla. Un almuerzo que tiene su origen en la necesidad de recompensar als «agarraós» quienes venían cargando los pasos desde la madrugada de Viernes Santo y se hacía necesario reponer fuerzas. Costumbre que se ha mantenido y hoy en día, las cofradías lo ofrecen a cofrades y visitantes por lo que la población de buena mañana se puede apreciar el característico aroma de esos manjares.

Desde la Federación de Cofradías, junto al Ayuntamiento, se vienen celebrando desde hace ya 16 años unas jornadas gastronómicas cuaresmales en las que algunos restaurantes de la localidad ofrecen unos menús propios de la gastronomía cuaresma, que se complementa con los característicos arroces y dulces originales como torrijas, buñuelos…

Abrazos

Tres Abrazos se celebran en Crevillent. La ceremonia del Viernes Santo tiene en el primero de ellos al más emotivo. Se produce al amanecer, entre dos luces, en el lugar denominado La Morquera, al pie del Calvario y participan cuatro imágenes: la Verónica que limpia el rostro de Jesús Nazareno, San Juan y la Virgen de los Dolores. Madre e Hijo son dos tallas del imaginero valenciano Mariano Benlliure. El segundo de los Abrazos se desarrolla en la amplia explanada del Paseo del Calvario, y el último, al término de la procesión Bajada del Calvario, en la Plaza de la Constitución. En estos dos ya no participa la Verónica.

Podría seguir contando otras muchas particularidades de esta celebración, pero mejor comprobarlo por uno mismo, por lo que quiero invitar a todos a que visiten Crevillent durante la Semana Santa, más concretamente la jornada de Viernes Santo donde desde bien tempranas horas de la madrugada, por toda la población suenan las Dianas como convocatoria a vivir la jornada más larga de cuantas existen a lo largo del año. Con la primera de las procesiones que se inicia a las 6 de la mañana y que una vez quedan los pasos expuestos en el Paseo del Calvario, se produce un receso para degustar el clásico almuerzo cuaresmal, tras el corto descanso, la segunda de las procesiones, la Bajada del Calvario, en la que participan 16 secuencias pasionales, procesión con un ambiente totalmente levantino, colorido de las vestas, masiva participación de niños y las tradicionales bandas de cornetas y tambores.

Por la noche, el cortejo de la Muerte de Cristo, con ocho grupos procesionales que representan las secuencias del Calvario, el ambiente colorido y vistoso de la mañana se convierte en sobrio, de respeto y silencio ante la Muerte del Redentor, la estridencia de las cornetas y tambores es sustituida por las voces crevillentinas que acompañan a cada uno de los pasos que participan. Cuando en el año 1995 está procesión fue emitida por las cámaras de Televisión Española, fue denominada como la «Procesión de los Coros», también conocida como la «Procesión de los Benlliure» puesto que la mitad de los pasos que participan son obra es este imaginero.

En la jornada de Viernes Santo, el espectador, sentado en una silla, puede contemplar cuanto padeció Jesús desde su Entrada en Jerusalén hasta su Muerte en el Calvario gracias a los 24 pasos procesionales que participan durante toda la jornada. Pero si eso no es suficiente, el Sábado Santo, seis pasos más participan en el cortejo procesional del Santo Entierro, lo que representa una nueva oportunidad para conocer esta singular celebración que permanece fiel a sus ritos, costumbres y tradiciones.

Además, Crevillent cuenta desde 2005 con un Museo Pasional único en España debido a la configuración del edificio. Museo que el Ayuntamiento y Grupo Enercoop han puesto a disposición de la Federación de Semana Santa, lo que permite que esta celebración se pueda vivir durante todo el año, no únicamente de «Ramos a Pascua».

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