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Opinión | Hola, soy Dios

Semana Santa

Semana Santa

Semana Santa / Belmar Artworks

─Allá abajo se está celebrando la semana Santa, JC. Un recuerdo de cuando pasaste unos años entre los humanos.

─Así es, Pa. Un recuerdo quizá algo distorsionado, pero recuerdo al fin.

─Lo cierto es que estoy solo a medias satisfecho con los humanos. No han respondido a nuestras expectativas. La concepción de Dios que les ofrecimos es lo contrario a lo que ellos son: sabiduría frente a ignorancia, infinitud frente a caducidad.

─Ellos necesitan certezas en sus vidas, agitadas por embates de toda índole y luces al final del túnel que les ofrezcan esperanza. Y eso es lo que yo intenté darles cuando bajé por allá. Un Dios que pudieran tocar, una persona casi como ellos, con miedos, angustias y sufrimiento. Yo bajé no solo como Salvador, sino como uno más entre ellos, alguien con el que poder solidarizarse y compartir.

─Ese es tu gran mérito, JC. Quizá los siglos transcurridos hayan llenado de oscuridad ese mensaje sencillo y accesible para todos, sepultándolo bajo un manto de rituales, prohibiciones y normas poco comprensibles.

─Pero el hombre moderno se aleja, Pa. No hay más que ver los vacíos de nuestras iglesias, nuestros seminarios y el caudal de oraciones que sube cada noche, que es más escaso día a día.

─Eso es cierto. Además el recelo de algunos modernos frente a la religión nos está haciendo daño. Y no se dan cuenta que no hace falta creer en nosotros para entender la belleza y la sensibilidad que conllevan nuestras creencias, su esencia intrínsecamente buena. Y un buen ejemplo de esto son las procesiones de Semana Santa, porque ellas contienen esa ceremonia y ese misterio de que adolece la sociedad actual. Todo el ritual compone un sobrecogimiento que invita a la reflexión, la introspección y el encuentro con ese Dios que cada uno configura a su medida.

─La semana Santa se ha transformado en un rito cultural, una manera de compartir unos recuerdos, hacerlos patrimonio de toda una sociedad y añadirle esa música y estas esculturas que identifican a un pueblo y le dan carácter. Pese a que la sociedad se seculariza, la existencia de estos ritos le aporta una riqueza histórica que harían bien los humanos en preservar. La Pasión pretende acercar lo celestial al dolor cotidiano de los hombres. Que la figura divina experimente padecimientos es la forma más explícita de decirles que estamos aquí, que les comprendemos y les amamos.

Y tu Resurrección es sobre todo, una esperanza. Se trata de la única posibilidad de trascender a la muerte, de negar la existencia de la nada, ese vacío que angustia a los humanos desde que levantaron su vista hacia el cielo, allá por los primeros tiempos de su bipedestación.

─Yo lo único que pido es que los humanos que se acercan a nuestros ritos de Semana Santa recuerden el resto del año los valores que nosotros encarnamos. Que no sea solo disfrutar del folklore, emocionarse al paso de una escultura, sudar bajo un hábito o caminar descalzo por un empedrado. Que ese sentimiento se deslice hacia nuestro sencillo sistema de valores: hacer prevalecer al prójimo sobre uno mismo, priorizar la solidaridad y la piedad sobre el egoísmo y perdonar una y mil veces las afrentas. Solo con eso me conformaría y daría por bien empleado el esfuerzo de haber bajado allí, sufrir y morir para que me recuerden en cada Semana Santa.

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