Opinión | Espejo

Laura Soler Azorín es diputada autonómica por Alicante del PSPV-PSOE
Nunca más

Laura Soler y EStela de Carlotto. / INFORMACIÓN
Hace medio siglo que comenzó la dictadura en Argentina y, a día de hoy, cada 24 de marzo se sigue conmemorando de manera multitudinaria en todo el país. Memoria, verdad y justicia siguen siendo las consignas de un pueblo que no olvida y que se moviliza para que no se repitan las atrocidades cometidas hace ya cincuenta años.
Es impresionante ver a una sociedad tan combativa medio siglo después, manteniendo vivas las marchas para recordar lo que nunca debe repetirse. Argentina nos ha dado muchas lecciones, especialmente en lo que se refiere a memoria histórica.
Ahí están las Madres de Plaza de Mayo, marchando en silencio, con sus pañuelos blancos, incluso en plena dictadura, portando las fotos de sus hijos e hijas asesinados o desaparecidos. Demostraron que también existe una forma distinta de hacer ruido: la de la dignidad.
Y junto a ellas, las Abuelas de Plaza de Mayo, que entendieron que la búsqueda no terminaba en sus hijas, muchas de ellas embarazadas, sino que también alcanzaba a los niños y niñas que llevaban en el vientre. Criaturas a las que les arrebataron la identidad para entregarlas a familias afines al régimen, con la intención de «reeducarlas». Esa barbarie añade una dimensión aún más cruel a una historia ya de por sí insoportable.
Las Abuelas nos han dado una lección de resistencia incansable. De lucha diaria. Como bien me enseñó mi querido Ismael Serrano en su canción dedicada a ellas: «La única lucha que se pierde es la que se abandona». Ese lema, que siento profundamente mío, guía mi manera de entender la vida.
Ellas fueron nuestras maestras, sin pretenderlo.
Estela de Carlotto, con 91 años, sigue al frente de Abuelas de Plaza de Mayo, plenamente lúcida, continuando la búsqueda de los nietos y nietas que aún no conocen su verdadera identidad. Gracias al banco de datos genéticos, muchas historias han podido recomponerse. Ella misma logró reencontrarse con su nieto. Pero aún quedan muchos por encontrar. Y, afortunadamente, son esos mismos nietos quienes hoy recogen el testigo para continuar la lucha. Esto no va a parar.
La movilización de este año ha sido especialmente significativa. Argentina vive un momento complejo, de incertidumbre política y social, y las marchas del «Nunca más» resuenan no solo como memoria del pasado, sino también como advertencia en el presente.
Gracias al pueblo argentino por, una vez más, darnos una lección de democracia, memoria y justicia. Todos tenemos mucho que aprender.
Y gracias, Estela, y gracias, Óscar Estrada, por ayudarme a cumplir el sueño de conocerla cuando visitó Alicante. Nunca olvidaré aquel momento. Lo guardaré siempre en mi corazón.
Porque la única lucha que se pierde es la que se abandona.
No queremos volver a vivir algo así, ni aquí ni allá. Ojalá sirva de ejemplo de lo que no debe pasar, ni ahora ni nunca.
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