Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión | Tribuna

El caso Jeffrey Epstein

Uno de los documentos desclasificados por el Departamento de Justicia de EEUU sobre el caso Epstein.

Uno de los documentos desclasificados por el Departamento de Justicia de EEUU sobre el caso Epstein. / Carles Planas Bou

Confieso que soy más de dudas que de certezas, y si tengo una opinión bien formada sobre un tema, libre de fisuras, es porque previamente he ido venciendo una a una esas dudas. En el caso Jeffrey Epsteinno avanzo en ninguna dirección: cuanto más me documento y más dudas intento despejar, menos certezas encuentro.

Más allá de que la culpabilidad del magnate está fuera de duda -su trayectoria como pedófilo está documentada por la policía desde al menos 2005-, resulta incomprensible que en una red de abusos que según el Departamento de Justicia y el FBI afectó a más de mil mujeres y niñas, solo Ghislaine Maxwell, expareja y colaboradora de Epstein, haya acabado en prisión.

¿Cómo es posible que una investigación que abarca décadas, miles de víctimas y nombres bien conocidos de las élites globales -empresarios, políticos, abogados, artistas…- esté tan estancada? ¿Será porque la ingente documentación de los Archivos Epstein -varios millones de folios- es más un obstáculo que una ayuda? ¿Será porque Donald Trump está realmente implicado y usa su poder político como presidente de EE. UU. para frenar la investigación?

Es cierto que el hecho de que Epstein se suicidara -ejem…- en 2019, antes del juicio, no ayuda a esclarecer los hechos, pero si un asunto tan flagrante de acoso sexual como este no llega judicialmente a ninguna parte, tal como prevén algunos expertos, quizá haya que creer que cuando los malos son poderosos, la ley no tiene nada o casi nada que hacer.

Intuyo que este va a ser uno de esos episodios vergonzosos en los que sus responsables se van a ir de rositas, no porque se demuestre su inocencia, sino por las muchas trabas que impiden sacar a la luz su culpabilidad.

Bien mirado, la sensación de impunidad que sienten muchos poderosos proclives al mal está a veces más que justificada, por mucho que nos pese.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents