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Opinión | Desde la calle

Jesús Pareja

Jesús Pareja

Exconcejal del Ayuntamiento de Elche

Muy interesante

Colegio electoral en Elche, donde si las elecciones se hubieran realizado aplicando el sistema de recuento francés el resultado habría sido distinto.

Colegio electoral en Elche, donde si las elecciones se hubieran realizado aplicando el sistema de recuento francés el resultado habría sido distinto. / ANTONIO AMORÓS

Recientemente, se han celebrado elecciones municipales en Francia, lo que a los politólogos nos hace volver a poner sobre la mesa un modelo alternativo que, observado desde España, invita a reflexionar sobre la gobernabilidad local. Mientras el sistema español prioriza la proporcionalidad y la negociación postelectoral, el francés introduce mecanismos diseñados para asegurar mayorías claras desde el inicio. Si este modelo se aplicara en España, sus efectos serían visibles en la mayoría de los ayuntamientos, y resultarían especialmente ilustrativos en ciudades como Elche.

El sistema francés combina dos elementos clave: una segunda vuelta electoral y un «bonus» de mayoría. En municipios de más de mil habitantes, si ninguna lista supera el 50 % en primera vuelta, se celebra una segunda a la que sólo pueden concurrir las listas que hayan obtenido al menos el 10 % en la primera, si bien pueden incorporarse a éstas candidatos procedentes de otras listas. La lista vencedora recibe automáticamente la mitad de los concejales, y el resto se reparte proporcionalmente según los votos obtenidos. Este mecanismo transforma victorias ajustadas en mayorías sólidas y asegura un gobierno estable desde el inicio de la legislatura.

Además, los mandatos municipales en Francia duran seis años, frente a los cuatro habituales en España. Este mayor horizonte temporal permite a los gobiernos locales diseñar y ejecutar políticas públicas con mayor margen y continuidad administrativa, y con menor presión electoral inmediata. Proyectos de largo plazo, como en las áreas de urbanismo, infraestructuras o políticas sociales, pueden planificarse con mayor estabilidad, evitando la lógica de corto plazo que condiciona los mandatos de cuatro años.

En España, las elecciones municipales se rigen por un sistema proporcional con la ley d’Hondt. No existe segunda vuelta ni prima de mayoría. Los concejales se distribuyen según los votos obtenidos, y el alcalde se elige en el pleno. Este diseño favorece la representación plural, pero permite que la fuerza más votada no gobierne si otros partidos se coaligan y obtienen la mayoría absoluta.

Elche permite visualizar con claridad cómo cambiaría la dinámica política con un sistema francés.

En 2007, PSOE y Partido Popular obtuvieron 13 concejales cada uno, mientras que la coalición minoritaria EU-BNV lograba un concejal. La mayoría absoluta estaba y está en 14 concejales, por lo que el PSOE solo pudo acceder a la alcaldía gracias al apoyo de esa fuerza minoritaria. Con un sistema francés, la ciudad habría afrontado una segunda vuelta entre bloques, izquierda frente a derecha. El Partido Popular, aun partiendo igualado, habría tenido una oportunidad real de gobernar. El bonus de mayoría habría otorgado automáticamente 14 concejales al bloque vencedor, asegurando el control sin depender de pactos.

En 2011, el PP ganó con claridad, obteniendo 14 concejales frente a los 12 del PSOE, y 1 del Partido de Elche. Al darse la mayoría absoluta, el resultado habría sido idéntico bajo cualquier sistema. La estructura francesa no habría alterado el desenlace, pero habría consolidado la capacidad de planificar políticas durante seis años completos, evitando presiones inmediatas y garantizando la continuidad.

En 2015, la fragmentación volvió a marcar la agenda. El PP fue la lista más votada con 11 concejales, seguido del PSOE con 8. Completaban el pleno Ilicitanos por Elche (2), Ciudadanos (3), Compromís (4) y el Partido de Elche (1). Pese a la victoria relativa del PP, un pacto entre PSOE, Compromís e Ilicitanos permitió que el PSOE accediera a la alcaldía. Con un sistema francés, es difícil prever cuál habría sido el resultado, pues habría dependido de los pactos previos a la segunda vuelta, pero lo cierto es que sólo habrían concurrido a la segunda vuelta tres candidaturas -PP, PSOE y Compromís-, y parece razonable que pensar que los electores de Ciudadanos y Partido de Elche, y una parte de los votantes de Ilicitanos por Elche, habrían votado al PP y habrían garantizado su victoria. E, incluso con una diferencia mínima, el bloque ganador habría obtenido automáticamente 14 los concejales, asegurando desde el inicio una mayoría absoluta clara para la derecha.

En 2019, El PSOE fue la lista más votada con 12 concejales, frente a 9 del PP, mientras otras fuerzas como Vox, Compromís y Ciudadanos completaban los 27 ediles. El gobierno socialista se consolidó mediante pactos postelectorales. Bajo un sistema francés, la segunda vuelta habría enfrentado únicamente a PP y PSOE, y la fuerza vencedora habría recibido el bonus del 50% de los concejales, alcanzando una mayoría sólida, eliminando la necesidad de acuerdos y garantizando la gobernabilidad inmediata.

Y el ejemplo más reciente, en 2023, es quizá el más ilustrativo. El PSOE ganó en votos con 12 concejales, mientras el PP obtenía 11, Vox 3 y Compromís 1. En el sistema español, el PP alcanzó la alcaldía gracias a un pacto con Vox, sumando la mayoría absoluta de 14 concejales. Con un sistema francés, muy probablemente el PP habría ganado la segunda vuelta, y habría recibido automáticamente el bonus de mayoría, eliminando la dependencia de acuerdos posteriores y asegurando un gobierno estable y duradero.

Al analizar todas las legislaturas de Elche, emerge un patrón claro: el sistema francés habría incrementado notablemente las posibilidades de la derecha de gobernar en varias ocasiones en las que, en Elche, dependió de pactos o quedó fuera pese a ser la lista más votada.

En 2007 y 2015, el PP habría contado con oportunidades reales en Elche de alcanzar la Alcaldía que el sistema español limitó.

La combinación de mayorías reforzadas y mandatos más largos habría permitido a cualquier gobierno local planificar y ejecutar políticas públicas con mayor eficacia. Con seis años por delante y mayorías claras, los proyectos estructurales en materia de urbanismo, movilidad, educación o bienestar social habrían gozado de continuidad y menor riesgo de bloqueos derivados de negociaciones posteriores.

En definitiva, aplicar el modelo francés en España transformaría la lógica de la política municipal. La gobernabilidad dejaría de depender de pactos postelectorales y se decidiría directamente en las urnas entre bloques, amplificando el efecto de cada victoria electoral.

En Elche, este cambio habría alterado el signo de varias legislaturas y habría hecho más probable que la fuerza más competitiva consolidara el poder. La pregunta que subyace es profunda: ¿preferimos una democracia local más fiel a la pluralidad de votos o una orientada a garantizar gobiernos estables y claramente definidos, capaces de planificar a largo plazo?

La historia reciente de Elche demuestra que la elección del sistema no es solo una cuestión técnica, sino que puede cambiar el signo y la estabilidad de toda una legislatura municipal. Hasta pronto.

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