Opinión | Palabras gruesas

Doctor en Sociología y Analista Político
La ciudad de las promesas interminables

Óscar Puente, Juanfran Pérez Llorca y Luis Barcala, antes de la presentación. / Alex Domínguez
Ocurre con frecuencia que el envase es más importante que la mercancía, el anuncio es más atractivo que el producto y los vendedores son más relevantes que los artículos que promocionan. Algo parecido sucedió el pasado lunes con motivo de la presentación del proyecto, largamente esperado, del Parque Central en el Salón Azul de la casa consistorial por el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, la Generalitat Valenciana y el Ayuntamiento de Alicante.
En la historia reciente de esta ciudad han sido contadísimas las ocasiones en que los máximos responsables de las tres administraciones de los gobiernos central, autonómico y local han comparecido armoniosamente juntos para anunciar un gran proyecto de futuro para esta ciudad. Con mayor motivo cuando los partidos políticos que dirigen estas instituciones son de distinto color, especialmente en medio de un clima de enfrentamiento y desencuentro como el que se vive actualmente.
De manera que el acto en el que se exponían los ejes básicos diseñados para ese gran Parque Central que se pretende llevar a cabo a lo largo de todo el espacio que arranca desde la estación de Alicante Terminal hasta la salida de las vías del tren, en el límite con la proyectada e inacabada Vía Parque, fue en sí mismo excepcional y me atrevería a decir que hasta histórico, de esos que pasarán a la memoria de la ciudad. Ver al ministro de Transportes, Óscar Puente; al presidente de la Generalitat, Juan Francisco Pérez Llorca, y al alcalde de Alicante, Luis Barcala, compartiendo un mismo acto y la misma tribuna de oradores para hablar de un proyecto tan estratégico como largamente reivindicado para Alicante, a un año de las elecciones municipales y en medio de uno de los momentos de crispación política de mayor intensidad, en un tono constructivo y dialogante, es algo que nos resulta completamente inusual.
Hasta el punto de sorprender que no se lanzaran reproches como los que escuchamos a diario, que no se intercambiaran algunas de las muchas acusaciones o provocaciones que se arrojan allí donde coinciden. Muy al contrario, hablaron de sumar esfuerzos y recursos para llevar a cabo este gigantesco proyecto que supondrá la construcción del mayor parque urbano para la ciudad de Alicante, de unos doscientos mil metros cuadrados, del impulso a la construcción de miles de viviendas en sus terrenos destinando el treinta por ciento de ellas como protegidas, y lo que es más importante, de coser el enorme tajo que suponen las vías del tren sobre la ciudad y solucionar la incomunicación de dos barrios como el PAU 1 con la Florida y Ciudad de Asís, además de mejorar la accesibilidad de otros tan importantes como Benalúa y San Blas, colindantes con la zona, regenerando una de las grandes zonas degradadas que tiene Alicante.

Representantes vecinales con el ministro Óscar Puente y el alcalde Luis Barcala / Alex Domínguez
Sin embargo, una vez más en lo que ya se ha convertido en habitual para este Ayuntamiento, se presenta una propuesta trascendental para la ciudad y para algunos de sus principales barrios, demandada desde hace treinta años, sin haber contado como merecen con los vecinos, sin haber trabajado con ellos a fondo previamente. La participación ciudadana reducida a un simple trámite burocrático después de tres décadas de luchas y movilizaciones, siendo una vez que se anuncian las líneas estratégicas del proyecto por las tres administraciones cuando se habla de escuchar a los vecinos. ¿Tan difícil de comprender es que ese proceso de escucha, que ahora el Ayuntamiento dice que va a iniciar, debería de haberse puesto en marcha de manera amplia, rigurosa y técnica con anterioridad para poder ofrecer un proyecto mucho más cercano a las necesidades y peticiones de los vecinos? Además, evitaría seguir alargando más y más los plazos para la finalización del proyecto y el inicio de las obras.
La complejidad técnica de una propuesta de esta naturaleza, la multiplicidad de planos y detalles sobre los que disponer de información especializada, junto a su enorme dimensión exigen de una mirada calmada sobre una intervención en un espacio tan amplio para la ciudad a la luz de diferentes disciplinas. Por eso, llama la atención que el debate se esté centrando básicamente en las características del soterramiento o paso de las vías del tren, ignorando otras muchas cuestiones decisivas. Por ejemplo, ¿qué tipo de zonas verdes, vegetación y arbolado se quiere implantar? ¿Se ha pensado en dar respuesta al cambio climático y generar refugios que amortigüen las altas temperaturas y contemplen las alteraciones meteorológicas? ¿Se asegurará que las viviendas protegidas previstas permitan su acceso a personas y familias que verdaderamente las necesiten? ¿Se tendrán en cuenta en las zonas públicas y de esparcimiento las necesidades específicas de colectivos como las personas mayores, los niños, las mujeres y jóvenes? ¿Se llevará a cabo una conexión real con los barrios colindantes para que también mejoren en sus condiciones urbanas, habitacionales y de ocio, impidiendo su progresiva degradación?
Con todo, la verdadera prueba de fuego de este anuncio será saber cuándo comenzará a hacerse realidad, evitando que se convierta en una más de las innumerables promesas incumplidas para Alicante que no pasan de ser simples anuncios publicitarios. La lista es demasiado larga.
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