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Opinión | La Atalaya

Toni Cabot

Toni Cabot

Director de INFORMACIÓN

Brandoni y Alicante

Luis Brandoni en la película "Esperando la carroza". / INFORMACIÓN

Muere el mítico actor argentino Luis Brandoni a los 86 años / Europa Press

El elogio partió de Carlos Herrera en una de las últimas entrevistas que concedió en España, coincidiendo con su participación en la obra Parque Lezama junto a Eduardo Blanco en el teatro Fígaro de Madrid: «En mi opinión, usted es el mejor actor del mundo». Y sí, yo también estaba de acuerdo con esa apreciación sobre Luis Brandoni, «Beto» para los amigos, un tipo que cautivaba al minuto de conversar con él a través de una voz potente, sonora, que daba cuerpo a un mensaje interesante y comprometido.

Con él al volante comprobé el vértigo que supone conducir por Buenos Aires, tras una ceremonia que nos vinculó familiarmente y que dio paso, a partir de entonces, a que me empapara de la obra de aquella, para mí, desconocida celebridad, que centraba las miradas de todo bicho viviente mientras callejeaba por el centro porteño en la década de los 90.

Por ahí descubrí La Patagonia rebelde, Made in Argentina y, sobre todo, Esperando la carroza, esa obra maestra del cine criollo, considerada por muchos la mejor película argentina de la historia, enriquecida a base de los diálogos de una familia porteña en el velatorio de la abuela.

Pero Brandoni fue algo más que un excelente actor. Entró en la arena política al elevar su compromiso uniendo su tirón popular a Raúl Alfonsín, el presidente que puso nombre a la normalización democrática con la Unión Cívica Radical tras la aciaga etapa marcada por la dictadura militar argentina, el régimen del que Beto escapó por los pelos tras ser secuestrado junto a su entonces mujer, la también actriz Marta Bianchi, por un comando de la Triple A.

Nunca estuvo, pese a mi insistencia, interesado en rememorar aquel capítulo, excepto en una ocasión en la que me confesó que le debía la vida al también actor e íntimo amigo Miguel Gila, que tras conocer la desaparición de la pareja al poco de triunfar el golpe de Estado buscó la influencia de un alto militar, cercano y menos fanático, para salvar a los Brandoni de una muerte segura.

Los actores Luis Brandoni y Robert de Niro en la serie "Nada".

Los actores Luis Brandoni y Robert de Niro en la serie "Nada". / INFORMACIÓN

Su compromiso político siempre estuvo activo, con el irreductible y eterno enfrentamiento contra todo lo que proyectaba el peronismo desde cualquiera de sus extremos, pero tras la etapa de Alfonsín ya no abandonó más el escenario, bien fuera con películas, series o, por supuesto, en el teatro, su gran pasión. Verlo sobre esa tarima era visionarlo en su vida cotidiana, de calle, en su casa de Buenos Aires o dando vueltas por el verano atlántico de Punta del Este, esgrimiendo esa cautivadora capacidad de convicción que únicamente los grandes maestros mantienen intacta, tanto en la realidad como en la ficción. Difícil no caer rendido, sometido ante razonamientos firmes acompañados de gestos y penetrante mirada, la misma que cautivó a Robert de Niro para rodar con él en Buenos Aires el capítulo final de Nada, una de sus últimas obras.

De Alicante conservaba la imagen asombrada de Luis de Castro, el recordado director del Teatro Principal, despidiendo el año en bañador desde Mar del Plata. Pero sobre todo la raíz paterna de dos de sus nietos, Macarena y Tomás Ripoll Brandoni, a los que veneraba.

Se ha ido un gran tipo, no me cabe duda, uno de los más grandes del espectáculo, pero también de los que puso su alma al servicio de un mundo mejor.

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