Opinión | Corto y al pie
Rosalía se presenta como aprendiz

Rosalía se presenta como aprendiz / Gemma Martínez
Rosalía salió al escenario el sábado por la noche en Barcelona —«mi ciudad», dijo varias veces— con una imagen muy poco habitual en un concierto de gran formato. Iba dentro de una caja y vestida de bailarina clásica, con tutú y zapatillas de punta. Ligera y concentrada, como si fuera una figura salida de un cuadro de Degas, interpretó varias piezas, entre ellas Sexo, Violencia y Llantas y Reliquia. Justo después, se detuvo un momento y señaló al público para dar las gracias a su profesora de ballet. La nombró —Tatiana Yerakhavets— y contó que, en el mes y medio anterior al inicio de la gira, le había ayudado con «una disciplina difícil, de una belleza extrema». Y añadió, de manera casi casual, que antes no sabía casi nada de ballet. «Siempre seré una estudiante», dijo emocionada, antes de reivindicar a los «maestros» de su vida.
Hay algo de subversión en esa escena. En una cultura que tiende a presentar el éxito como un punto de llegada, y en una industria obsesionada con la estrella que lo sabe todo, Rosalía se presenta como aprendiz. Otros blindan un estilo y lo convierten en marca: repetición como garantía, riesgo como amenaza. Rosalía, una figura global que ha redefinido el pop contemporáneo, juega a lo contrario. Donde se espera repetición, ella introduce exploración, tanto en lo musical como en lo escénico.
A la vez, ese movimiento convive con otro más íntimo. En ese mismo escenario, la noche anterior, dio las gracias a su madre y a su hermana, «las mujeres de mi vida». Una afirmación de origen: sin ellas no sería quien es. Entre ambas escenas se dibuja una misma lógica, el éxito en red. Maestros, familia y vínculos. Gente concreta, con nombre y apellidos.
Si de verdad Rosalía se toma en serio esa identidad de estudiante, su carrera todavía puede estar muy abierta. Si sigue aprendiendo, seguirá cambiando. Y no sabremos del todo quién será la próxima vez que vuelva a su Barcelona «poderosa». Quizá ahí esté lo más estimulante de Rosalía: no tanto lo que ya es, sino la sospecha de lo que aún puede llegar a ser.
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