Opinión | Tribuna

Dr. Arquitecto y Académico de la Real Academia de las Bellas Artes de San Carlos
Edificio singular en peligro de alteración

Edificio singular en peligro de alteración / Santiago Varela Botella
La playa de San Juan es un área de superficie extensa y de rasgos diversos. A comienzos de los años de 1930 se convocó el concurso para resolver el proyecto destinado a la construcción de la futura ciudad de vacaciones, bajo el auspicio del ministro Indalecio Prieto. Tomando las dimensiones territoriales en aquellas bases, el límite establecido hacia el sur alcanzaba la Cantera, en la sierra de San Julián, próximo al casco urbano de la ciudad. A norte el límite se establecía en el cauce del río Seco. Una extensa franja litoral con profundidad de extensión variable. Comprendía montes de la cadena costera, arenal junto a las playas, hacia el interior la fértil huerta que se regaba con las aguas procedentes del pantano de Alicante, e importante arquitectura vernácula.
El proyecto ganador de aquella convocatoria fue elaborado por el arquitecto Pedro Muguruza. La propuesta era muy avanzada para la época en la técnica urbanística, solución urbana y formalización plástica muy atractiva. Se proponía la construcción de un campo para el juego de golf, club marítimo, con puerto de embarcaciones e hidroaviones, hoteles de diversas categorías y viviendas de distintas categorías, etc.
Su desarrollo en el tiempo ha sido diverso y con resultados variados, siempre a tenor de intereses concretos. En el litoral contiguo a la playa de San Juan se concretó la fase de Miguel López. Con posterioridad el Plan de Guardiola Gaya, con estudio muy concienzudo contempla la jerarquía en la disposición de los edificios, los trazados urbanos peatonales abiertos y, por otra parte, el uso del automóvil privado. Con resultados que han distorsionado las propuestas de proyecto de origen. Más tarde llegó el plan de Hansa Urbana, ocupando terrenos situados hacia el interior. El proyecto era del arquitecto Miguel Fisac, contemplaba la jerarquización de los viales, quizás dentro de un postrer reconocimiento de la Carta de Atenas. Tampoco se ha completado según lo previsto. Hoy quedan algunos tramos de viales peatonales, fosilizados entre calles con mayor tránsito.
En esta extensa superficie urbana, desde la Cantera hasta el cauce del río Seco se ha edificado mucho, siempre uso de vivienda, con arquitectura para cubrir expectativas de residencia temporal que, en la práctica se prologa indefinidamente. Con objetivos de cubrir beneficios máximos. Hay excepciones de calidad con resultados de arquitectura notable, y respeto a las terminaciones de origen. Si bien se acusan distorsiones, cierres de balcones y terrazas, cambios de carpinterías, entre otros.
La plaza de La Coruña se encuentra en un nudo urbano donde se articulan diversas vías. En ella está el edificio que fue la sede social y administrativa de Hansa Urbana. Más tarde ha sido sede de la empresa ECISA. Construido según proyecto de Miguel Fisac, quien junto a otros arquitectos fueron renovadores de la arquitectura española en aquellos años de 1960. El inmueble consta de sótano y cinco plantas sobre rasante en una pequeña superficie ajardinada, donde se contempla una escultura no figurativa de Eduardo Lastres. La construcción de Fisac son varios prismas dispuestos en horizontal, alternan las direcciones de los ejes longitudinales. De esta manera consigue dinamismo, juego de planos y alternancia de luces y sombras. Variando extensos paños planos acristalados y espejados, y otros opacos de hormigón visto. En esta etapa Fisac experimentaba y trabajaba texturas con encofrados de superficies textiles, cuyos resultados contrastan con las acristaladas muy pulidas y reflectantes que reflejan, asimilan y engullen el entorno del paisaje. En definitiva, es un edificio que constituye un hito, a modo de manifestar protagonismo en aquella zona urbana tan anodina. Expresa la manera de hacer arquitectura moderna de calidad.
En la actualidad el edificio se encuentra cerrado y sin uso. Al parecer la propiedad aspira transformarlo en viviendas, está en su derecho, Aunque este cambio de uso, tan diferente respecto al original, puede resultar letal a la configuración de los interiores. También a la disposición de su arquitectura en el exterior. Puede reconsiderarse su destino. La Administración municipal sería la adecuada en tutelar su conservación. Quizás manteniendo un uso más acorde, dotacional o equipamientos, de los que tan falto se encuentra aquella extensa zona de Alicante.
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