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Opinión | La Atalaya

Toni Cabot

Toni Cabot

Director de INFORMACIÓN

Esperando a la Generalitat

El videoanálisis de Toni Cabot sobre los escándalos de la Cámara de Comercio de Alicante bajo la presidencia de Carlos Baño

El videoanálisis de Toni Cabot sobre los escándalos de la Cámara de Comercio de Alicante bajo la presidencia de Carlos Baño / INFORMACIÓNTV

Imputado en un proceso penal por una investigación que le señala como presunto responsable de fraude de subvenciones y falsedad en el caso del bono comercio; con la nueva sede cameral de Panoramis paralizada al carecer de la preceptiva licencia para ejecutar unas obras ya realizadas al no atenerse a la legalidad; con las cuentas en precario a causa de esa inversión millonaria en una propiedad alquilada... A ese dudoso expediente hay que añadir ahora la situación irregular que ostenta como presidente de la Cámara de Comercio desde 2023. Toda esa suma, inevitablemente, conduce a pensar cuál será el próximo escándalo en llegar o qué se puede salvar de una entidad, otrora referente, que no esté barnizado por el timo desde que Carlos Baño se puso al frente.

La última burla a la ley le inhabilita como dirigente cameral al haber cerrado la sociedad que le representaba en el pleno de la entidad hace varios años. Aquel cierre arrastraba su baja, tal y como queda reflejado en las diferentes leyes y normas por las que se rigen estas entidades, sin pie a ningún otro tipo de interpretación: la “pérdida de la condición de miembro del pleno y del comité ejecutivo” se dará por “por extinción de la persona jurídica de la que ostentará la representación en la elección (…)", afirma la legislación. Claro como el agua.

El asunto no queda ahí: esta circunstancia pone en tela de juicio la legalidad de todas las decisiones adoptadas en el seno de la corporación, que podrían ser nulas de pleno derecho desde esa fecha hasta la actualidad, es decir, cerca de tres años.

Con todo ello, al ser la Cámara una corporación tutelada, la pelota salta, de nuevo, al tejado de la Generalitat, que no puede quedar de perfil al estar obligada a tomar cartas en el asunto frente a una ilegalidad incuestionable, admitida, incluso, por el propio implicado, por mucho que la quiera disfrazar de “simple tecnicismo”.

El cuadro, se mire por donde se mire, queda con un presidente que no puede presidir, que participó directamente en decisiones sin estar habilitado para ello, que se ha gastado dinero público en una obra paralizada por irregular, y, lo más evidente, que preside una organización nutrida de empresarios que, en su gran mayoría, visto lo visto en la gestión, lo habrían puesto de patitas en la calle si ostentara un cargo en sus empresas.

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