Opinión | La pluma y el diván
Homo Barbarus

El machismo que no cesa.
El comportamiento humando cuenta con tal variedad de versiones que por mucho que lo intentemos nunca podremos aproximarnos a la más mínima generalización. Seguimos con el empeño de escudriñar los entresijos que llevan a alguien a perder el control hasta convertirse en un ser odioso y agresivo, cuando sus vecinos lo reconocen como una persona afable y racional.
El desarrollo natural de la historia del mundo nos ha ido mostrando la evolución del homo sapiens donde lo más destacado ha ido de la mano de las diferencias anatómicas entre los sexos, donde el hombre supera a la mujer en cuerpo, fuerza y volumen, adoptando papeles de supremacía física.
Esta connotación de supuesto ser superior por imperativos físicos, ha llevado al hombre a grandes confusiones que arrastra durante siglos y que lo inhabilitan para poder comprender su papel en la naturaleza de una forma coherente y, sobre todo, racional.
El crecimiento del sapiens sobre el homo, ha hecho que las estructuras sociales varíen lo suficiente como para hacer entender al más parco, que todos somos iguales en derechos y obligaciones, independientemente de nuestra condición de sexo, religión, ideología o cualquier otra cosa.
Los «privilegios» perdidos por el varón se asumen con raciocinio cuando se entiende que ni la fuerza, ni la inteligencia, ni la inercia histórica pueden ser baluartes para ejercer un dominio tiránico sobre las mujeres.
El sentido de posesión del hombre cuando sus actitudes, sus comportamientos, sus creencias y su interacción social son sexistas, les lleva a pensar y actuar como homo barbarus, relegando a la mujer a un plano de discriminación, sometimiento e infravaloración absolutamente irracionales.
La ideología machista no logra entender la igualdad por mero egoísmo, refugiándose en los argumentos del homo necius, que sigue pensando, cuando lo consigue, que la mujer tiene su sitio debajo del hombre en el mejor de los casos.
Quedan algunas manadas de homo barbarus que se niegan a su extinción. Cuando son descubiertos, cuestión bastante complicada, son perseguidos y acorralados por la inmensa mayoría de homo sapiens, intentando conseguir que se dobleguen a la razón.
En demasiadas ocasiones se llega tarde y el homo barbarus desata toda su ira contra la mujer y acaba con su vida para intentar demostrar que siguen siendo poderosos. La violencia nunca estará justificada y menos aún el quebranto de la vida.
Debemos romper las paradojas ideológicas que siguen alentando al homo barbarus y para ello no podemos permitirnos el lujo de bajar la guardia amparándonos en ningún tipo de crisis. Hay valores fundamentales que tenemos la obligación de mantener, promover y difundir sin ninguna restricción por el propio bien del homo sapiens.
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