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Opinión | El teleadicto

‘España de barrio’

‘España de barrio’.

‘España de barrio’.

Atención a los ocho reportajes que acompañan a la serie Barrio Esperanza. España de barrio se ha revelado como uno de los documentales más estimulantes de cuantos hemos visto en los últimos tiempos. Guionizados y editados a la manera de Mi cámara y yo, su visionado es una fiesta. Las dos primeras entregas dedicadas a Carabanchel y La Viña de Cádiz no tuvieron desperdicio.

Aunque en pantalla se omita la autoría de los mismos (está feo que no se muestren créditos con el equipo que los ha hecho posibles) se trata de un trabajo pergeñado por profesionales curtidos en el medio televisivo. España de barrio posee la virtud de retratar en apenas una hora la esencia de los habitantes de un determinado ecosistema humano. La velocidad con la que desfilan las historias por delante de nuestros ojos impide que pestañeemos; mucho menos que nos den tentaciones de zapear.

La radiografía realizada tanto a Carabanchel como a La Viña saltó con naturalidad de la alegría, la solidaridad y los momentos insólitos a las secuencias más emocionantes. Porque España de barrio emana verdad, sabe tomar el pulso de la calle y nos presenta una España real que se incrusta por las rendijas del día a día más allá de donde lo hacen los informativos presuntamente más serios. Es fácil enamorarse de los personajes que aparecen en cada reportaje, por lo que es muy fácil hacerlo de los barrios que habitan. Con sus problemas y sus carencias, como todos.

La gentrificación está a la orden del día, pero el modo en que se muestra en España de barrio es tan honesto que llega al corazón sin filtros. Mientras otros realizan análisis sesudos, aquí sólo vemos personas de carne y hueso, esas que son felices con aquellas pequeñas cosas que cantaba Serrat.

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