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Opinión | Lo que se aprende leyendo

Martín Sevilla

Martín Sevilla

Catedrático de Política Económica de la UA

De la España vaciada a la España llenada (I)

Un edificio en construcción, en una imagen de archivo.

Un edificio en construcción, en una imagen de archivo. / Áxel Álvarez

Leo con inquietud los nuevos planes del Ayuntamiento de Madrid acerca de su expansión urbana y su cambio de modelo urbanístico. Según las noticias, se plantea un cambio que, en vez de confiar todo el crecimiento de su expansión sobre el territorio y en la creación de nuevos barrios periféricos (cuyo símbolo pudiera ser Valdebebas), con amplias dotaciones y subordinación a la utilización de los vehículos privados, va a pasarse a la expansión urbana en altura, densificando los barrios más tradicionales, aumentando los aprovechamientos de las propiedades urbanas ahora existentes.

En ambos casos se ha asumido que el crecimiento de Madrid ciudad y su Área Metropolitana es imparable. No cabe duda de que el cambio supone una ruptura con los modelos de crecimiento urbano amparados en las previsiones para la formación de estructuras urbanas equilibradas y asociadas a las demandas de bienestar de sus habitantes. Cambiar un modelo teórico de ciudad por otro no tiene que ser necesariamente negativo, pero de lo que no cabe ninguna duda es que, por el camino, va a haber ganadores y perdedores.

Antes de entrar en algunas cuestiones propias del cambio, creo que conviene hablar del significado de Madrid y su expansión urbana para el resto del territorio español. Nadie debería pensar que este es un asunto propio de los madrileños y, por lo tanto, el resto de los ciudadanos españoles deberíamos verlo con respeto y, si cabe, indiferencia. Nada de eso. Los cambios en Madrid nos afectan.

Cuando se puso de moda hablar de la «España vaciada», apenas si se mencionó que la existencia del concepto de la «España vaciada», se enfrentaba al de la «España llenada» y, mucho menos, al de la «España equilibrada». La propia dinámica del crecimiento urbano poco respeto tiene a las competencias de las comunidades autónomas y ayuntamientos, que se ven sujetos a las demandas de empresas y ciudadanos por adaptarse a unas reglas del mercado muchas veces imposibles de regular y dominar.

Las «economías de aglomeración» se saltan los límites normativos y dictan sus propias leyes por las que los costes y los rendimientos de las empresas privadas industriales, de servicios o turísticos se van imponiendo a las propias limitaciones normativas. Buena parte de España se vacía, por mucho que se incentiven los asentamientos en su territorio (tampoco es que se incentiven mucho, ya que el montante global no deja de ser ridículo para tanto territorio), mientras que algunos enclaves, especialmente Madrid, se densifican desproporcionadamente, con unos incentivos públicos inmensos.

Mientras que las proclamaciones sobre la España vaciada gozan, al menos, de una presencia pública asegurada, aunque de escasa efectividad, la España llenada sigue en silencio y falta de reflexión su marcha inexorable hacia la concentración de la renta y la riqueza en un limitado número de enclaves. Madrid el primero.

Las aglomeraciones urbanas son acumulativas. A un crecimiento de unas determinadas industrias o servicios, les corresponden unas demandas adicionales de trabajadores y población relacionada que demandan dotaciones públicas (escuelas, hospitales, carreteras, etc.) y viviendas privadas, que precisan de nuevos trabajadores para su construcción y mantenimiento. Los propietarios de los terrenos donde se ejecutan las ampliaciones, sin hacer nada, se benefician de la subida del precio de sus propiedades, pudiendo de esa forma acometer nuevas inversiones sobre un espacio más densificado. Este «círculo virtuoso del crecimiento» tiene su contrapunto en la España vaciada, que tiene que soportar ser el «círculo vicioso del subdesarrollo». Todos los economistas y sociólogos que han escrito sobre estas cuestiones desde hace muchos años han descrito esta realidad del «crecimiento desigual».

La cuestión que se plantea es la de si es posible revertir ese proceso o, al menos, si las políticas públicas deberían de hacer algo para detener o moderar esa dinámica «natural» impuesta por el mercado. Por identificar y concretar el problema: ¿Debería detenerse el crecimiento de Madrid en beneficio del resto de España o ese crecimiento nos beneficia?

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