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Opinión | En pocas palabras

Un certamen de bandas apoteósico

Un certamen de bandas apoteósico

Un certamen de bandas apoteósico

Me esperaba un lleno total, como en las grandes ocasiones, en la 54.ª edición del Certamen de Bandas de la Provincia que, organizado por la Diputación, se celebró este año en el ADDA de Alicante. Teniendo en cuenta que en las cuatro secciones del concurso participaban 11 bandas foráneas más otras dos de la capital, imaginaba que solamente con los familiares y amigos de sus integrantes el aforo quedaría pequeño. Sin embargo, apenas se llenaron la mitad de las butacas, contando con que la planta superior permaneció cerrada, ocupada solamente por el jurado.

En el fondo, lo que late es una incultura manifiesta hacia estas formaciones, que sí son muy valoradas de ‘boquilla’ por aquello de que “vertebran nuestros pueblos”, pero a las que los melómanos suelen mirar por encima del hombro. Por eso no me cansaré de insistir en la relevancia que posee nuestra tradición bandística.

Lo que escuchamos aquellas jornadas en el ADDA fue música de primera. No de aficionados ni estudiantes. Las obras obligadas dieron gozo. Complejas y con numerosos registros: Rascanya i Mestalla, de Miriam Pascual y Claudia Romero; Diferencias on an old spanish song, de Ito Yahuside; Quadern sonor d’una ciutat, de Ferran Lluís Martinez, y Bacchus on blue ridge, de Joseph Horovitz. Por no hablar de los pasodobles con los que dio comienzo cada audición. Baste con citar La fiesta del pasodoble, Alma alicantina, Colors de Mariola, Origen o Malena.

Aunque hemos de recordar que en Valencia ocurre algo parecido. Cuando el Palau de la Música acoge el Certamen de Bandas, con su siglo y medio de historia, divisamos muchas butacas vacías. Les invito a que disfruten en las matinales de À Punt la enorme calidad de sus actuaciones.

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