Opinión | Ver, oír y gritar
Razones para no aplaudir nunca a algunos

Bancada de PP y Vox durante el pleno / Juani Ruz
El reciente Primero de Mayo puso de manifiesto, nuevamente, las reivindicaciones de los trabajadores. Exigir avances y evitar retrocesos. Los derechos laborales costaron vidas en 1887, en Chicago. Por otra parte, la primera gran manifestación multitudinaria en España tuvo lugar en 1978. Pasa el tiempo y algunas luchas se han ido ganando y otras no. Las derechas nunca aportan nada en favor de la gente a pie, y si fuese por ellas no se avanzaría nunca en cuestiones sociales. Por eso ya merecen una reprobación. Solo creen en los derechos avasallantes de algunos y hacen siempre un corte de mangas a las subidas de salarios y a la democracia. El tema de la vivienda lo entienden como un negocio más y no les importa la mejora de las condiciones de vida de la mayoría.
Reforzar los servicios públicos, reducir la jornada laboral o la reforma del despido para, entre otros asuntos, generar indemnizaciones más altas que sean disuasorias, no son prioridades de Feijóo y Abascal. Todo ello queda despreciado por semejantes sujetos, como se demuestra cada día. Recuérdese que las derechas tumbaron en el Congreso la reducción a 37 horas y media. El límite de las 40 horas semanales se instauró aquí en 1983, cuando entró en vigor el Estatuto de los Trabajadores. Ya toca reducirlas. Jamás lo harían el PP y Vox. ¿Es lo que las clases medias y trabajadoras necesitan y quieren?
O sea, la continuidad de un Gobierno progresista o la regresión pura y dura de los especímenes habituales. Elija usted. Porque el poder adquisitivo de los ciudadanos iría cuesta abajo si la batuta cae en manos del desconcierto que provocarían la derecha extrema y la extrema derecha. Expertas en ejercer cualquier juego sucio con tal de ocupar el puesto del «malvado» Sánchez y seguir haciendo de las suyas. Esto no significa que no haya problemas hoy. El coste de la vida debilita a la población, y el conflicto en Oriente Medio alienta la inflación y diezma los bolsillos. Los altos precios de los alquileres y la dificultad de los jóvenes para adquirir un inmueble están ahí. Y la precariedad, la temporalidad, el trabajo a tiempo parcial y la pobreza siguen existiendo. Mucho peor sería aplaudir a las derechas creyendo que van a solucionar algo.
Los amantes de las lógicas especulativas del mercado de la vivienda atacan, por lo que es preciso aplicar la ley, regular los precios, respetar la Constitución y crear un parque público suficiente. Unos intentan frenar los abusos de toda índole. Y los de enfrente desean lo contrario y recortar. El desequilibrio del orden internacional diluye los valores democráticos, y la inestabilidad florece más en el mundo por obra y gracia de Trump, dios de la guerra e ídolo de barro de sus admiradores en nuestro país.
Pedro Sánchez levanta la copa al ver que España supera los 22 millones de trabajadores por primera vez, si bien el triunfalismo no resulta muy aconsejable. Despierta desconfianza en la ciudadanía con ciertas goteras. Celébrese lo conseguido y sígase avanzando cada día mejor. Olvidémonos de los viajes al pasado y rechacemos el apocalipsis de quienes odian los derechos básicos y las ampliaciones. Nada positivo pueden reivindicar y celebrar las derechas en el Día del Trabajo, ya que lo de estos personajes consiste en la estricta defensa de los intereses de unos cuantos y de las estructuras tradicionales de poder económico y social. El crecimiento progresa adecuadamente, una realidad que las actitudes reaccionarias no digieren porque va asociado a la ampliación de derechos laborales que tanto repudian.

El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, interviene durante el Bloomberg CityLab 2026, en el Teatro Real de Madrid, a 28 de abril de 2026, en Madrid (España). El Bloomberg CityLab, es la cumbre mundial más importante sobre ciudades, que este año tiene l / Eduardo Parra - Europa Press
La verdadera «prioridad nacional» es seguir mirando al frente, no rechazar a los migrantes que contribuyen al bienestar colectivo. La regularización es necesaria para combatir la explotación laboral y la exclusión de personas que ya estaban entre nosotros viviendo y trabajando. Las derechas se llevan muy mal con los derechos. Hasta la Doctrina Social de la Iglesia está a favor como imperativo ético y de justicia. Forma de protección e integración fundamentada en la dignidad y el bien común.
Sin embargo, los grupos que presumen de cristianismo ofenden con su odio, racismo y xenofobia. No todo vale. Defienden y promueven la agresividad, la ausencia de argumentos válidos, y dan la espalda a las necesidades que tienen los ciudadanos. La paz, el empleo de calidad, un techo digno, la sanidad pública universal, la educación como vehículo de igualdad, la revalorización de las pensiones o los servicios sociales. Es decir, avanzar unidos con respeto mutuo y pluralidad territorial e ideológica.
Han aportado mucho más las formaciones independentistas al conjunto de los españoles, en función de la aritmética parlamentaria y dentro de la legalidad, que la nula utilidad de las derechas que intimidan y degradan la democracia un día sí y otro también. Les «gusta la fruta». Lo demuestran los acosos y ataques, de diverso tipo y diferente procedencia, al Gobierno y a las izquierdas. Estas normalizadas conductas invitan a que avance ese desprestigio de la política que beneficia a los de siempre. Así, el PSOE quiere llevar a la Cámara Baja una respuesta ante el virus de los discursos negacionistas, reaccionarios y revisionistas que contagian a jóvenes en las redes. El orden democrático no se defiende solo y sobran motivos para no ovacionar a algunos.
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