Opinión | Tribuna

Profesora de FP en el Instituto Carrús de Elche
Una profesora triste por la precariedad pide ayuda

Testimonios de profesoras sobre los obstaculos en la enseñanza pública / Pilar Cortés
Soy profesora de Formación Profesional Básica en el Instituto Carrús de Elche y me encuentro bastante triste por la falta de atención al sistema educativo público.
En mi aula tengo seis alumnos con dislexia y problemas de comprensión que no son cuestión de tiempo, además de otros tantos con comportamientos disruptivos muy graves a los que se unen estudiantes con un contexto socio familiar complicado que necesitan altas dosis de cariño y comprensión. Gran parte de ellos han sufrido situaciones personales que no desearía a ningún adulto: malos tratos, abandonos, bullying, ver su vida pasar en una casa okupa, inadaptación, racismo…
De un total de 18 alumnos afectados por estas situaciones me ocupo yo sola. Además de todo esto, he de impartir unos contenidos, ocuparme de la burocracia y prepararme las clases en mi casa porque en el instituto me dedico a levantar a cada uno de ellos, a enseñarles a enfrentarse a estos contextos tan difíciles y a luchar contra el absentismo.
Y no soy la única. Ahora mismo, con una Ley de Inclusión que solo se apoya en el sobreesfuerzo del profesorado, los alumnos y las alumnas dependen de la vocación de los profesores, de su dedicación, del cariño y de la atención que le quieran poner a su trabajo, pero no de un apoyo real por parte de las instituciones, por mucho que se les llene la boca al hablar de inclusión.
La gente tiene que saber lo que estamos viviendo en los institutos, no solo lo que aparece en un papel. Por eso digo que estoy triste, porque no sé cómo comunicar todo esto que siento para que la ciudadanía lo entienda.
Es injusto que, a veces, por falta de tiempo, falta de recursos o falta de personal, los profesores tengan que elegir entre ayudar a uno u otro alumno porque no llegan a todo. Por suerte, hoy en día tengo energía, tengo fuerza y soy una persona con iniciativa y pasión por lo que hago. Pero puede que algún día no llegue a todo, como les ha pasado a muchos de mis compañeros. Porque estoy agotada de gestionar 18 casos diferentes y que lo único que importe es si has rellenado los expedientes en Ítaca 3.
Tengo una necesidad muy grande de gritar, de expresarme y de que el mundo nos escuche. Por eso escribo estas líneas desde el corazón ante la imposibilidad de que puedan ver con sus propios ojos la dura realidad a la que nos enfrentamos cada día.
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