Opinión | Tribuna
Atentos a la ciberdelincuencia

La nueva estafa por correo de la que está advirtiendo la DGT
Cada vez que se producen avances en el campo de la informática y de la tecnología en general los delincuentes encuentran nuevas modalidades y vías para cometer delitos aprovechándose, sobre todo, de la gente más vulnerable. Pero no solamente éstos pueden caer en las trampas de estas personas, sino que dada la elevada sofisticación con la que actúan en sus mensajes de correo electrónico o watshapp es posible que cualquier persona pueda caer en las trampas que confeccionan con sumo arte quienes solo se dedican al «arte de delinquir con la informática».
Las estadísticas sobre ciberdelincuencia demuestran la gravedad de esta situación, ya que en el año 2025 se registraron 489.000 ciberdelitos, lo que supone el 20 % de toda la criminalidad, y 10 delitos de esta clase por cada 1.000 habitantes.
Estas personas se hacen pasar con frecuencia por tu entidad bancaria pidiendo datos personales de la misma para hacer operaciones, o, en muchos casos, simulan ser un familiar que precisa de ayuda económica para que les manden dinero. Pero en la actualidad se estilan con frecuencia esas llamadas que se hacen desde números de distintas provincias donde operan estas auténticas organizaciones criminales y cuando se acepta la llamada existe un silencio. Por ello, las empresas de telefonía deberían articular unos cortafuegos que eliminaran directamente esas llamadas sospechosas de ser estafas o fraudes informáticos. Y el caso es que están diciendo que esas llamadas sospechosas las están suprimiendo, pero no es así, porque son repetitivas todos los días llamadas desde distintos teléfonos que no responden cuando la aceptas.
De esta manera, con los avances de la tecnología los operadores de telefonía deberían mejorar el servicio a sus clientes impidiendo que estas llamadas sospechosas de provenir de números concretos pudieran llegar a los ciudadanos. De suyo, las entidades bancarias están alertando constantemente a sus clientes para informarles de los fraudes en el envío de mensajes dirigidos a cometer fraudes.
La tipología de la ciberdelincuencia gira en torno a falsificaciones digitales, hackeo, delitos de odio online, amenazas y coacciones en la red, y, sobre todo, el terrible daño que hace este tipo de delincuencia en la propiedad intelectual y el daño que provoca en los autores de obras que presencian cómo se distribuyen por internet de forma gratuita, o, incluso, cobrando los ciberdelincuentes un precio por ello más reducido que el que pone en la venta al público el autor de una obra del tipo que sea.

Ciberdelincuencia. / INFORMACIÓN
Una de las modalidades que provoca un daño mayor es el de las ciberestafas, porque es tal la perfección de estos delitos que, como decimos, no solo caen en las mismas personas vulnerables, sino cualquier persona. Y un ejemplo claro son los mensajes dirigidos a que se va a recibir en breve un paquete y que se faciliten datos para ello, dado que son muchas las personas que adquieren productos por internet y con envío por mensajero, lo que propicia que rara es la persona que en un momento determinado no esté esperando un paquete y es capaz de dar datos personales bancarios, si así se solicitan, para agilizar el envío. Por ello, es preciso incidir en que no hay que facilitar por internet a nadie los datos personales, salvo que se trate de compras online seguras en páginas conocidas y donde ya se haya operado anteriormente. Pero nadie va a solicitar información nueva de datos bancarios personales de un cliente, por lo que estos mensajes son fraudes donde es preciso estar especialmente alerta.
Todo esto nos demuestra que es preciso ir mejorando en la especialización para hacer frente a esta ciberdelincuencia, como lo hace la policía, y actuar desde el punto de vista preventivo y de información a la ciudadanía de que esté alerta ante este tipo de hechos que ocasionan un daño terrible en el patrimonio de los ciudadanos. Por ello, las compañías telefónicas deberían potenciar el corte de acceso de esas llamadas que, a buen seguro, identifican cada día como sospechosas de ser delictivas, e impedir que lleguen a los teléfonos de los usuarios, bloqueándolas directamente en lugar de someter al riesgo de los ciudadanos de que puedan caer en la trampa de los ciberdelincuentes.
Y el problema es que la delincuencia informática crece y se perfecciona a medida que avanza la propia tecnología y esta misma necesidad de los ciudadanos de querer acceder a estos avances nos hace ser más proclives a que caigamos en las trampas de quienes «trabajan para delinquir». Porque mientras el resto de personas dedicamos el tiempo a trabajar el ciberdelincuente todos los días, incluidos fines de semanas, «trabaja» para aprovecharse del trabajo y rendimiento económico honrado de los demás.
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