Opinión | La curiosa impertinente
Atletas y atletos

Atletas y atletos.
Tomé por bulo lo de que en TVE, la cadena de Cifras y Letras, habían dicho atletas y atletos, pero es verdad. E inmediatamente recordé el jóvenes y jóvenas -hace décadas- de Carmen Romero, mujer de quien hoy algunos socialistas llaman facha o traidor. Hay quienes admiran a estas mujeres, pioneras de lo que se ha venido a llamar lenguaje inclusivo, como aquella otra que dijo miembra o portavoza y hay quienes se burlan. Otros lo ven un retorcimiento malintencionado de la lengua española. Otros encuentran algo apocalíptico en esos disparates lingüísticos y atentados contra la familia tradicional con aquello de unos, unas y unes y las sandeces de matria y más ocurrencias que ahora no recuerdo. Sí recuerdo en cambio que “La Regenta” en tiempos de Clarín era la mujer del regente, y que, antes de ser admitido por la norma, no se podía decir médica o jueza y ahora está asimilado y el mundo, nuestro mundo, no se ha derrumbado, ni nuestros valores, los que cada cual tenga, tampoco. Y como en el lenguaje no tiene razón el que la tiene, sino el que la impone, una confía en que se adopte y diga lo que es razonable, como razonablemente ha ocurrido a lo largo de la hermosísima historia de nuestra hermosísima lengua. Tampoco es tan novedoso eso del desdoblamiento de género, pues ya el anónimo juglar inmortalizó en El Cid lo de «burgueses y burguesas por las finiestras son», pero de ahí a disparatar, va un abismo.
Recuerdo que en casa tuvimos un seiscientos de Murcia, al que llamamos murcio, creación lingüística doméstica e inofensiva. No lo es en cambio llamar Begoño a Begoña. Hay palabras que admiten moción de género y otras que no, por razones etimológicas. La periodista a la que se le escapó lo de atleto solo se había contagiado de la duplicidad absurda, antieconómica, boba y papagaya. Se puede considerar un desastre o desastra, una mierda o mierdo, un asco o asca, un disparate o disparata. Hay opiniones u opinionas para todos los gustos o gustas y así esta el cotarro. O la cotarra. Pero no por ello peligra la democracia, o democracio.
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