Opinión | Tribuna
Pues sí, votaré a la izquierda

Pues sí, votaré a la izquierda.
Llevo viviendo en Andalucía casi la mitad de mi vida. Exactamente cuarenta y dos años. Voy a participar de nuevo en unas elecciones autonómicas. Si me dicen hace diez años que en esta tierra iba a ganar la derecha por mayoría absoluta, como sucedió hace cuatro años, hubiera dicho que eso era metafísicamente imposible. La autocrítica se hace un deber ineludible. ¿Por qué ese vuelco? Ahora nos encontramos ante unas nuevas elecciones y mucho me temo que volvamos a repetir como pueblo el error de caminar en la dirección equivocada. El error de avanzar en la privatización de la sanidad y de la educación públicas, de mirar más por los de arriba que por los de abajo, de estar más con los empresarios que con los trabajadores, con los caseros que con los inquilinos, con los nacionales que con los inmigrantes, con los obispos que con los feligreses… Creo que se equivocan quienes entregan su confianza a la opción conservadora (no solo por la amenaza evidente de un pacto con Vox), sino porque la filosofía del PP se halla cada vez más alejada de posiciones progresistas. El PP de Andalucía es el mismo que ha firmado el principio de prioridad nacional en Extremadura y en Aragón. El mismito. Y si aquí no firma esos pactos no es porque no estén de acuerdo con ellos, sino porque, quizás, no tengan la necesidad de hacerlo. El señor Moreno pertenece al mismo partido que está en contra de la regularización de inmigrantes, en contra de la memoria histórica, en contra de la subida de los salarios, en contra del salario vital, en contra del tope de los alquileres…
¿Cuántas veces vamos a oír al candidato popular decir que quiere gobernar en solitario? Y, ¿quién no, señor Moreno Bonilla? Lo importante es decir para qué y para quiénes quiere gobernar en solitario. Lo que se esconde detrás de la frase es que considera la dependencia de Vox como una maldición bíblica. O como él mismo dice “meterse en un lío”. ¿Cuántas veces vamos a oír que Andalucía necesita estabilidad? Lo que quiere decir es que solo él puede brindarla. ¿Cuántas veces vamos a oír hablar de seguir en la senda de la sensatez, de la moderación, de la cordura y del sentido común? Lo que quiere decir es que esos atributos tienen un claro y único propietario, que es el susodicho señor Moreno Bonilla. Lo que hace falta pensar es si la continuidad del presidente garantiza la igualdad, la justicia, la equidad en el reparto de los bienes, la profundización en los derechos y en las libertades, la mejora de los servicios públicos.
La señora Ayuso le va a hacer media campaña al candidato andaluz del PP. Porque ella aparece como la no moderada, la insensata y la carente de sentido común (¿a quién se le ocurre viajar diez días a un narcoestado?), la que impone medallas a Milei y a Corina y pretende concedérsela a Trump, la que llama hijo de puta al presidente del Gobierno… Él aparece ante la población como un santo y pacífico varón (y barón). Otra parte se la va a resolver el señor Mazón. La ciudadanía comparará su modo de afrontar el temporal de lluvias de Andalucía o la catástrofe ferroviaria de Adamur con el absentismo del señor Mazón en la dana del país valenciano y su interminable sarta de mentiras para salir él a flote. Y otra parte se la harán la señora María Guardiola, y los señores Azcón y Mañueco con la firma de sus horribles acuerdos con Vox.
Otra parte de la campaña se basará en el ataque a los casos de corrupción que hoy están afrontando algunos miembros del partido socialista (Ábalos, Santos Cerdán, Koldo García, Víctor Aldama…), compañeros que fueron de la candidata socialista María Jesús Montero. Ataques que bien podrían contrarrestarse con los casos de corrupción que también se juzgarán en estos días relativos a la operación Kitchen del Partido Popular. Muchos votantes se dejarán arrastrar por el eco de esos casos y no por los logros económicos y sociales del gobierno del que ha formado parte la señora Montero.
Pero todo esto, por más que se insista en ello, nos mantiene alejados de los verdaderos ejes sobre los que debería girar, a mi juicio, la campaña y la decisión sobre el voto de los ciudadanos y ciudadanas que residimos en Andalucía.
La privatización de la sanidad no favorece precisamente a los más desfavorecidos. Por eso siempre me ha sorprendido el apoyo electoral de las clases más pobres a los partidos de derechas. Cuando se privatiza un servicio se castiga a los más pobres. Es indiscutible. Porque lo que impera es el negocio, lo que impera es la ganancia. Pero al gobierno de un país democrático le deberían importar las personas.
En el escándalo de los cribados se produjo un fallo grave en el programa público de detección precoz del cáncer de mama. Miles de mujeres no fueron avisadas de resultados sospechosos tras sus pruebas. Eso provocó retrasos de meses o incluso más de un año en pruebas clave para confirmar o descartar el cáncer. En total, la Junta reconoció al menos 2.317 mujeres afectadas, aunque algunas asociaciones hablan de más. En muchos casos, las pacientes tenían mamografías dudosas y necesitaban más pruebas…, pero nunca fueron llamadas. El problema fue ocasionado por un cúmulo de fallos: problemas de comunicación (no se avisaba a las pacientes), falta de personal (miles de pruebas sin hacer), reiterados avisos de profesionales ignorados (desde 2023 a 2025), fallos en sistemas informáticos y bases de datos… Las consecuencias fueron tremendas: retrasos en diagnósticos de cáncer con riesgos para la salud, angustia provocada en esperas in terminables, gran alarma social.
La privatización de la educación. Lo mismo sucede con la educación. Cuando se ensalza el derecho a elegir, no se suele desvelar que los que pueden elegir son únicamente algunos, precisamente aquellos que disponen de dinero. En Andalucía, se ha abierto las puertas a varias universidades privadas. ¿Quién las puede elegir? Solo los que tienen dinero para pagarlas. La posibilidad de elegir no mejora la libertad sino que la recorta y orienta.
La postura frente a la guerra. El candidato andaluz del Partido Popular, como es lógico y como corresponde con la actitud de una persona sensata y moderada, no se desmarca de la filosofía y de la postura del PP nacional. Por consiguiente no condenan duramente la guerra de Irán, a pesar de todo el dolor y muerte que ocasiona y de las daños económicos que acarrea para nuestro país.
Destinatarios preferentes. La posición del lado de los ricos y no de los pobres, de los empresarios y no de los trabajadores, de los propietarios y no de los inquilinos, de los que mandan y no de los que obedecen, de la jerarquía y no de los feligreses… Este es un signo de identidad. De esta actitud procede aquel certero diagnóstico: eres más tonto que un obrero de derechas.
La posición ante la violencia de género. Esta es una las mayores lacras de muchas sociedades, entre ellas la nuestra. La lucha por acabar con la discriminación y la injusticia, la lucha por la igualdad de derechos y de oportunidades de hombres y mujeres. El compromiso con el movimiento LGTBI es patrimonio de la izquierda.
La proximidad a la iglesia. Así es. Y así será en estas nuevas elecciones. En las parroquias y en los obispados se hará campaña por los suyos. Por los que están contra el aborto, contra la eutanasia, contra la homosexualidad, contra la ideología de género…
Estoy en una gira pedagógica por la provincia argentina de Neuquén. Lamento sobremanera no poder seguir los debates de la campaña. La recurrente sospecha de que la política del gobierno central y, en concreto, la presencia del presidente de la nación en la campaña electoral resulta negativa para la causa de la izquierda puede ser cierta, pero yo la veo inconsistente. A mí no me hace cambiar el voto el hecho de que algunos socialistas se hayan corrompido. Creo que al cuenteo o al peso hay más afiliados corrompidos del PP. Mi voto está fraguado en la respuesta a mi modo de entender la política: ¿quién defiende mejor las causas en las que creo? ¿Quién trabaja por la educación pública, por la sanidad pública, por los desfavorecidos, por la separación de la Iglesia, por la república, por el feminismo, por el progreso, por la memoria democrática, por el derecho al aborto, por el matrimonio homosexual, por la justicia social, por el rechazo a la guerra, por la acogida de inmigrantes…? La respuesta es inequívoca, así que votaré a la izquierda. Es probable que mi voto vaya contra mis intereses, pero votaré según mis principios.
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