Opinión | Una mirada a mi ciudad

Doctor en arquitectura
Las piedras que hicieron Elche

La plaza del Congreso Eucarístico, donde se alza la basílica de Santa María, en una imagen reciente. / ÁXEL ÁLVAREZ
Vamos a hablar hoy de las piedras que nos ayudaron a construir nuestra ciudad. Los materiales de construcción usados en nuestra villa proceden del conjunto de ecosistemas que nos rodean y van desde las rocas calizas de la sierra, pasando por las tierras arcillosas de nuestras llanuras aluviales, llegando hasta las arenas que se acumulan en las costas formando líneas dunares.
Una iniciativa que me ha parecido soberbia proviene de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas; que, a través de su sección «Piedras del Patrimonio», ha comenzado a reconocer las rocas que han intervenido en la Arquitectura y la construcción de ciudades históricas. Se trata de señalar cómo el uso de ciertas rocas ha configurado la generación del paisaje urbano que conforma nuestras ciudades tradicionales. El uso de una determinada piedra configura una continuidad en las ciudades, independientemente del estilo arquitectónico que se haya utilizado en la construcción en cada momento.
En España se han designado varias rocas ornamentales que constituyen nuestro acervo arquitectónico. La primera es la arenisca de Villamayor que conocemos como piedra dorada de Salamanca y que da un aspecto distintivo a la ciudad. «Oro en sillares de soto de las riberas del Tormes», diría Unamuno al poetizar Salamanca. En segundo lugar, tenemos la pizarra verde de Lugo (filita) que es una magnifica piedra para techar, utilizada también en aplacado de fachadas como en el museo interactivo del Hombre de Arata Isozaki. El mármol rojo de Ereño, empleado en Bilbao y Vizcaya y también en el pavimento de San Pedro de Roma. El mármol blanco de Macael es otra piedra considerada esencial en la arquitectura española.
Un capítulo aparte merecen los granitos berroqueños de las sierras de Guadarrama que hemos identificado con la arquitectura de Felipe II. Utilizado en El Escorial y en algunas obras de Madrid como el Palacio Real o la Puerta de Alcalá, identifica a la arquitectura madrileña. Unido con el uso de las pizarras negras de Bernardo, ha dado lugar a una tradición arquitectónica que hemos denominado «Escurialense». Es curioso que tras la guerra civil algunas grandes obras del Madrid republicano que se encontraban en ejecución se reconvirtieran en nacionales forrándose de granito y utilizando cubiertas de pizarra.
Volviendo a nuestro Elche, hay que decir que para los edificios monumentales se utilizaron las areniscas calizas traídas de las canteras situadas al norte de la ciudad, en las sierras de Ferriol, junto al Pantano, y que han perdurado en la toponimia como Canteras de Santa María. Se trata de piedras muy porosas que se trabajan fácilmente, pero que con el tiempo sufren serios procesos de degradación.
En el caserío común se utilizaron muros de piedra caliza con barro como ligante, o recibida con morteros bastardos de barro y cal. Aunque también se usaron el tapial y los adobes obtenidos con nuestras tierras arcillosas. Así mismo, en muros exteriores se usaban los muros de calizas con barro, aunque existen pequeñas edificaciones y muros de piedra a junta seca.
En cuanto a los pavimentos, recuerdo los adoquinados de mi infancia ejecutados con basaltos provenientes de canteras volcánicas situadas al sur de Cartagena. En los últimos tiempos, en las calles, hemos asistido a la total sustitución por pavimentos graníticos, tanto grises como de colores rojizos, algo bien alejado de nuestras costumbres y tradiciones pétreas. Hay que realizar próximamente dos importantes pavimentaciones en torno a Santa María y al Mercado Central, y espero que se tenga algo más de sensibilidad y que no se compre una partida de granito chino a buen precio.
En cuanto a la ornamentación de edificios, las piedras más utilizadas eran el mármol crema Novelda y el rojo Alicante. No eran auténticos mármoles, sino piedras calizas que admitían un buen pulido y daban una gran calidad ambiental. El auténtico mármol, que utilizábamos sobre todo para peldañeados de escaleras era el blanco Macael y este sí era un magnífico material.
Una disposición de la normativa de edificación contenida en nuestro Plan General nos obligó durante años a revestir las fachadas desde planta baja hasta la altura del entresuelo con piedras ornamentales de buena calidad. Al principio se utilizaron las piedras de la zona; pero pronto granitos y otras piedras de fantasía, ciertamente más resistentes a los agentes exteriores, fueron sustituyéndolas. Creo que en el futuro tenemos que hacer un esfuerzo por reutilizar nuestras piedras tradicionales, pues disponemos de buenas canteras en los alrededores.
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