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Opinión | Desde la calle

Jesús Pareja

Jesús Pareja

Exconcejal del Ayuntamiento de Elche

¿Será posible? Lo es

Calzado en una de las últimas ediciones de Futurmoda celebrada en Fira Alacant.

Calzado en una de las últimas ediciones de Futurmoda celebrada en Fira Alacant. / Pilar Cortés

El sector del calzado de Elche vuelve a situarse en el centro del debate político, pero no por avances o nuevas oportunidades, sino por una decisión que ha generado desconcierto en buena parte del tejido económico local. El rechazo del PSPV-PSOE a respaldar la propuesta de un Plan Nacional de Modernización Industrial para esta industria no es un simple desacuerdo parlamentario: es una señal preocupante sobre el grado de compromiso de los socialistas con uno de los motores históricos de la ciudad, parece que les importa poco.

Hablar del calzado en Elche es hablar de identidad. Durante décadas, miles de trabajadores han construido una reputación internacional basada en la calidad, el diseño y la capacidad de adaptación. La marca «Hecho en Elche» no es solo un distintivo comercial; es el reflejo de una cultura industrial arraigada, que ha sabido evolucionar desde la tradición artesanal hasta la incorporación de tecnología avanzada. De pequeños talleres familiares han surgido empresas capaces de competir en mercados globales, exportando producto y conocimiento.

La propuesta presentada por el Partido Popular en las Cortes Valencianas partía precisamente de ese diagnóstico. Incluía medidas orientadas a facilitar la modernización del sector: apoyo a la digitalización de pymes, incentivos a la innovación, refuerzo de la competitividad exterior, instrumentos frente a la competencia desleal y la creación de un Centro Nacional de Referencia del Calzado. No era una declaración genérica, sino un conjunto de herramientas concretas para sostener el futuro de una industria estratégica.

Por eso, la negativa socialista no solo sorprende: cuesta entenderla. Cuesta entenderla en los despachos y, sobre todo, en la calle. El pueblo de Elche no puede comprender esta decisión por más que lo intente. No encaja con la realidad diaria de miles de familias que dependen directa o indirectamente del calzado. No encaja con el discurso de defensa del empleo industrial. Y no encaja, especialmente, con la urgencia del momento.

Más desconcertante aún es la falta de una alternativa. El rechazo del PSOE no ha venido acompañado de una propuesta que iguale o mejore las medidas planteadas. En política, decir «no» es legítimo; lo que resulta difícil de justificar es hacerlo sin ofrecer un camino distinto. Esa ausencia de rumbo transmite una sensación de improvisación que choca con la magnitud del reto.

La crítica se acentúa cuando se observa el papel del PSPV-PSOE en el ámbito autonómico, hoy en la oposición, y que decidió no apoyar el calzado de Elche, máxime si se tiene en cuenta que nuestra comunidad concentra más de la mitad de la producción nacional de calzado, por lo que cabría esperar de los socialistas una posición firme en defensa del sector; ni de lejos.

A ello se suma el silencio del socialismo local. La ausencia de una posición pública clara por parte del PSOE de Elche ha generado aún más perplejidad. En una ciudad en la que el calzado no es un sector más, sino el eje de su economía, se esperaba una voz firme, capaz de explicar, matizar o incluso cuestionar la decisión adoptada a nivel autonómico. Sin embargo, el PSOE de Elche ha guardado silencio, lo que les hace cómplices.

Ese silencio pesa. Pesa porque deja sin respuesta a trabajadores, empresarios y familias que buscan explicaciones. Pesa porque da la sensación de que los intereses de la ciudad quedan subordinados a la disciplina de partido. Y pesa, sobre todo, porque alimenta la idea de que falta una defensa clara de lo que representa el calzado para Elche.

El impacto de esta situación va más allá del plano político. Elche ha construido un ecosistema industrial complejo, en el que cada empresa forma parte de una cadena de valor que abarca diseño, producción, logística y comercialización. Miles de empleos dependen de ese equilibrio. Cuando las decisiones políticas no acompañan, la incertidumbre se traslada rápidamente al conjunto del sistema.

En este contexto, el apoyo institucional no es un lujo, sino una necesidad. Otros países lo han entendido y han articulado políticas industriales activas para proteger y fortalecer sus sectores estratégicos. Europa, además, avanza hacia un modelo que prioriza la reindustrialización, la sostenibilidad y la digitalización. Quedarse al margen de esa dinámica no es una opción viable.

Por eso, iniciativas como la planteada no deberían evaluarse únicamente desde una lógica partidista. La política industrial exige altura de miras, capacidad de acuerdo y visión a largo plazo. Cuando se impone el cálculo político inmediato, se pierde una oportunidad de construir soluciones compartidas.

El sector del calzado ilicitano ha demostrado una resiliencia extraordinaria. Ha superado crisis, ha innovado y ha sabido posicionarse en mercados internacionales. Pero esa resistencia tiene límites. La velocidad de los cambios actuales exige un acompañamiento más decidido por parte de las administraciones.

La formación, la digitalización, la sostenibilidad y la internacionalización son pilares imprescindibles para el futuro. Sin embargo, avanzar en estos ámbitos requiere recursos, planificación y apoyo público. Las pequeñas y medianas empresas, que constituyen la base del sector, difícilmente pueden asumir solas ese esfuerzo.

En última instancia, lo que está en juego es el modelo económico de la ciudad. Elche ha crecido en torno a una industria que ha generado empleo, riqueza y cohesión social. Preservar ese modelo no significa anclarse en el pasado, sino adaptarlo a las exigencias del presente y del futuro.

Por eso, la decisión del PSOE no solo resulta difícil de entender, sino que deja una sensación de oportunidad perdida. Más aún cuando desde el ámbito local no se ha producido una respuesta clara que defienda los intereses de la ciudad.

Elche no pide privilegios, pide herramientas, pide respaldo; pide, en definitiva, que quienes tienen la responsabilidad de gobernar estén a la altura de un sector que ha demostrado sobradamente su capacidad de esfuerzo y adaptación.

Ignorar esa realidad no es solo un error político de los socialistas, pues Elche no entiende que no voten una propuesta a favor del sector del calzado. Es, sobre todo, una muestra patente de desconexión con una ciudad que sigue esperando explicaciones. Hasta pronto.

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