Opinión | Tribuna
Nuestro Teatro Principal y sus butacas

Imagen del interior del Teatro Principal de Alicante. / Jose Navarro
La imponente y bella arquitectura de nuestro Teatro Principal de Alicante sufre el inevitable paso de casi dos siglos. En ese tiempo ha sido rehabilitado y modificado su interior en diversas ocasiones. Durante la guerra civil parte del techo y escenario sufrió destrucción por bombardeos y fue reconstruido con la dirección del arquitecto Juan Vidal Ramos, quien a su vez, para que el teatro tuviese mayor capacidad, propuso suprimir plateas y los palcos principales dejando sólo dos a cada lado, con lo que se ampliaba en número de las butacas hasta los muros laterales, tal como ahora lo vemos. En 1992 se elevó considerablemente el techo del escenario, y lo que en mi opinión perjudicó en parte su excelente acústica al cubrir con hormigón una peculiaridad geológica como eran los pequeños cauces naturales de agua sobre roca que desde su construcción discurrían por la planta inferior de su caja escénica y que con conocimiento altamente técnico y profesional se habían respetado al construirlo, al igual que se hizo en la construcción del Teatro Real de Madrid por la mejora acústica que proporcionaban estos cauces de agua subterránea. En épocas más recientes se intervino en algún punto del exterior en el que se advirtió posibles riesgos y también cubriendo e impermeabilizando zonas de un lateral de fachada afectado por humedades.
El deterioro actual del edificio en sus fachadas, pórtico y zonas de acceso son evidentes y está claro que precisa de las intervenciones anunciadas y dotadas para su ejecución desde hace varios años con tres millones de euros.
Otra cuestión es su interior. He visitado muchos de los teatros que hay en España y puedo afirmar que el Principal de Alicante es estéticamente en su interior uno de los más bellos. Distribución de espacios, formas y colores fueron muy bien elegidos. Y en estos espacios tenemos las butacas de las que se comenta su posible sustitución. Abundaré en este asunto porque algunos creen necesario sustituirlas no siéndolo así en modo alguno. Sería un error. Son suficientemente cómodas -no en vano han sido así consideradas durante muchos años- su tamaño, forma, tejido y color del tapizado son buenos, elegantes, y armonizan visualmente con la estética del interior. El teatro tiene una acertada y ajustada distribución de estas magníficas butacas; bien saben de esta condición quienes frecuentan otros teatros de construcción a la italiana como es el nuestro. Lo que si precisan las butacas, afectadas por treinta y tres años de uso, con una sola rehabilitación hace unos veinte, es una restauración de relleno y topes de altura de los asientos y en modo alguno ser sustituidas por otras nuevas, pero no necesariamente mejores a las que hay si se las restaura. Se ahorrarían considerables costes que pueden destinarse a otras mejoras como pudieran ser las de la climatización u otras que podría apuntar quien por su amplio conocimiento del día a día en el coliseo durante muchos años ejerce de facto como reconocida directora del teatro.
Y no sólo es que las butacas son muy buenas y sólo precisan ser restauradas, es que cualquiera otras, por diferencias de tamaños, obligaría a encajarlas en una nueva distribución, su número podría reducir el aforo y, por añadidura, perjudicar el siempre difícil y necesario equilibrio entre las aportaciones dinerarias de la propiedad mas las de taquilla frente a los siempre crecientes costes para lograr buenas programaciones, tarea harto complicada como bien pude experimentar años ha. No se puede perder número de butacas, cada una es importante para el sostenimiento de un teatro que es querido y bien valorado por los alicantinos y los muchos que en él actúan.
Las butacas más afectadas son las más próximas al escenario por su mayor uso. Si, como se ha publicado, el interior del teatro no se tratará antes del verano del 2027, sería buena solución temporal acometer antes de que en septiembre 2026 se reanuden las actuaciones escénicas la rehabilitación de sólo una parte de las butacas que más lo precisan -no serán más de cuarenta- frente a las cuatrocientas cuarenta que tiene el patio de butacas.
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