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Opinión | CRÍTICA

Andrè Schuen y Daniel Heide, almas de artistas para un memorable ‘Viaje de invierno’

Daniel Heide y Andrè Schuen, el pasado lunes, en el Teatro Principal de Alicante.

Daniel Heide y Andrè Schuen, el pasado lunes, en el Teatro Principal de Alicante. / Ángel Luis Juste Foz

Temporada Sociedad de Conciertos de Alicante

Andrè Schuen, barítono

Daniel Heide, piano

Franz Schubert: Winterreise, D 911

Teatro Principal de Alicante, 11 de mayo

El universo hondo y sensible del Lied, de la canción de concierto en alemán, ha sido siempre santo y seña en las programaciones de la Sociedad de Conciertos de Alicante. Ya en su concierto fundacional, el 29 de septiembre de 1972, con un recital memorable de Victoria de los Ángeles, se puso de relieve esta voluntad indeclinable, guiada y nacida en buena media por la pasión liederista de Rafael Beltrán Dupuy (1932-2025), alma mater de la SCA y dinamizador de la vida musical alicantina. Los mejores liederistas de ayer, hoy y siempre han pasado por el escenario privilegiado del Teatro Principal: de Elisabeth Schwarzkopf a Christian Gerhaher; de Christa Ludwig a Gerald Finley, de Jessye Norman a Matthias Goerne…

En esta tradición se inscribe el Winterreise de Schubert interpretado el lunes por el barítono Andrè Schuen y el pianista Daniel Heiden, que se emplaza entre las más genuinas y memorables jornadas de la filantrópica sociedad musical alicantina. Schuen, uno de los máximos liederistas de la escena contemporánea, recorrió, impregnado de la benignidad mediterránea de la ciudad del creador de las Canciones playeras, las sombras, nostalgias, añoranzas, desengaños y resignaciones de este inexorable y solitario viaje invernal a la muerte.

Lo cantó y revivió con su cálida y poderosa voz baritonal, pero sobre todo con el alma interiorizada de un artista, de un ser sensible, que, más que interpretar, se entrega y sumerge en la piel, reflexiones, pesares y zozobras del viajero; en las palabras certeras que le regala el verso poético de Wilhelm Müller y la armonía y melodías de un Schubert, él mismo a las puertas del final, cuando, en 1827 concluye los 24 Lieder que integran este ciclo que ahonda y escarba hasta el escozor en lo más hondo del ser humano.

Winterreise es un itinerario por la desolación ante la pasión no correspondida; ante la “impresión gélida, sin concesión al encanto ni a la felicidad lacrimógena”, por utilizar la expresión de quien, como Schuen, ha sido uno de sus mejores artífices, el barítono Dietrich Fischer-Dieskau. En la voz de Schuen y el teclado de Heide, es, también, el latir de un caminante que surca el frío exterior e interior: el desamor, la soledad y su desesperanza. Ante un paisaje helado, de nieves, y río congelado… Un camino de huellas desveladas en cada canción. Desde el “Gute Nacht” inicial a la zampoña que suena mientras el viajero se despide.

En medio, la veleta, lágrimas heladas, el tilo, un río, sueños de primavera, el correo, la corneja, un pueblo, tormenta, ilusión, una posada… La vida en 24 breves pero inmensos poemas, en 24 breves pero inolvidables melodías. Después, al final, con el yugo en la garganta, el silencio. Lo rompió parte del público, con un aplauso demasiado temprano, sin tiempo para el regreso al día a día. Rafael Beltrán, a cuya memoria estaba dedicado el recital, se hubiera revuelto en su desvencijada butaca de la segunda fila.

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