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Opinión | Tribuna

Mejor preparados para los virus

Archivo - Una persona mayor con una mascarilla entre sus manos

Archivo - Una persona mayor con una mascarilla entre sus manos / USC - Archivo

Dicen que no hay nada como la experiencia para afrontar acontecimientos futuros negativos, y, sobre todo, si se trata de malas experiencias todavía con mayor razón la preparación personal es mayor cuando se ha actuado mal y se está preparado para rectificar errores y afrontar situaciones más adversas, incluso, que las que una persona o la sociedad entera han podido pasar.

Las dificultades graves que se tuvieron hace ya 6 años –y parece que fue ayer- cuando el covid apareció en nuestras vidas como un enemigo letal que se llevó por delante la vida de muchas personas y dejó secuelas graves psicológicas y físicas entre un gran sector de la población, han dejado una experiencia terrible que permite afrontar este tipo de situaciones de crisis sanitaria de una manera más preparada.

Resultó de una evidencia aplastante durante el covid que la inversión en sanidad es la pieza básica de una sociedad que no puede funcionar sin que sus ciudadanos tengan bien cubiertas sus necesidades de asistencia sanitaria. Y que nuestros responsables sanitarios de todo tipo que trabajan en los centros hospitalarios precisan de los medios necesarios para atender a todo aquél que lo necesite. Incluso es preciso quitar las trabas a aquellas empresas que quieren abrir centros sanitarios privados para ofrecer una mayor asistencia sanitaria a una población que reclama menos listas de esperas y más y mejor cualificación profesional y ayudas a quienes trabajan en la sanidad.

Hace seis años salimos durante varios meses a las 20 horas a aplaudir a nuestros sanitarios a los balcones en prueba del reconocimiento del esfuerzo que estaban haciendo jugándose la vida en los centros sanitarios literalmente. Y puede que ahora se nos hayan olvidado esos momentos en los que cualquier responsable sanitario que trabajaba en un centro médico era nuestro héroe. Pero hay que recordar que siguen siéndolo, porque el coronavirus nos ha demostrado que hay que estar alerta como ha ocurrido recientemente con el denominado hantavirus, que aunque dicen que es menos letal y dañino ha provocado también la lógica preocupación, ya que tres personas fallecieron por ese virus, lo que indica que no hay que desdeñar su poder mortal.

Sin embargo, la situación es ahora distinta a la de hace seis años, habida cuenta que nos ha cogido más y mejor preparados para afrontar crisis como estas, y, sobre todo, más concienciados del peligro de los virus, porque mucha gente no le da la importancia que realmente tiene que un virus se propague entre la ciudadanía y cause efectos muy graves. Y la prueba la tenemos en que en plena crisis del covid muchos ciudadanos no quisieron vacunarse, e, incluso, se llegó a negar la existencia de la pandemia frente a las pruebas objetivas de lo que estaba ocurriendo. Se llegaron a decir cosas que daba vértigo escucharlas.

En cualquier caso, la mayoría de la ciudadanía afrontó con responsabilidad y entereza la vacunación, y ahora nos coge, quizás, más preparados y concienciados de que vacunarse contra los virus y cualquier enfermedad antigua o nueva es una necesidad que nos protege a nosotros mismos y a todo nuestro entorno.

Sin embargo, hay que puntualizar que debería abrirse el abanico de las posibilidades de que cualquier ciudadano que quiera vacunarse ante un virus o enfermedad de la que se quiera proteger pudiera tener acceso a la vacunación con independencia de la edad del ciudadano. Y decimos esto porque en ocasiones se ponen muchas trabas a la posibilidad de vacunarse ante enfermedades que son graves, exigiéndose una determinada edad para ello cuando muchos de los que podrían vacunarse por las razones objetivas que se imponen no lo quieren hacer, por lo que transcurrido un plazo que se pudiera fijar a tal efecto debería permitirse que cualquier ciudadano que quiera acudir a un centro sanitario a vacunarse pudiera hacerlo si otros no quieren cumplir con los consejos de la autoprotección que produce la vacunación.

Hay muchas personas, por otro lado, que siguen sin vacunarse, ni de la gripe ni de cualquier otra enfermedad que el sistema sanitario les posibilita, olvidando la época del covid y pensando que todo ese riesgo ya ha pasado y que no se volverá a presentar una situación igual, cuando la experiencia nos demuestra la elevación del nivel de riesgo de que vayan apareciendo nuevos virus con efectos graves en la salud de las personas como ahora se ha demostrado.

Por ello, debería hacerse un esfuerzo en concienciar a los ciudadanos de las exigencias de la vacunación y para el caso de que no se quieran aceptar abrir la puerta a que cualquier persona que quiera vacunarse pudiera hacerlo, suprimiendo las trabas que existen cuando voluntariamente una persona quiera acudir a un centro sanitario para vacunarse y protegerse de alguna enfermedad.

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