Opinión
Educar en tiempos revueltos

Educar en tiempos revueltos / INFORMACIÓN
Acabo de regresar de Argentina después de realizar una Gira Pedagógica por las provincias de Neuquén y Río Negro. La gira estaba organizada por el Ateneo Psicoeducativo de San Martín de los Andes, presidido por la psicóloga Carmen Manson, la historiadora Marcela Vilela y el reconocido educador y gestor vasco-argentino Iñaki Hernaiz. El eje temático que abordé en las sesiones celebradas en las ciudades sureñas de San Martín de los Andes, Cutral Có, Zapala, Neuquén y General Roca fue la necesidad de educación en los tiempos revueltos que estamos viviendo.
Resulta admirable la receptividad de los docentes y las docentes de Argentina. Después de jornadas intensas de trabajo e, incluso, después de la semana entera, acuden por la tarde de días laborables o el sábado por la mañana para participar en sesiones de trabajo largas y exigentes. Un grupo de docentes de Bariloche pasó la noche del viernes viajando (setecientos kilómetros nada menos) y, al terminar el sábado por la tarde, emprendieron el regreso a sus domicilios. Era patente su alegría de la misma manera que había sido patente su compromiso, su interés y su generosidad. Téngase en cuenta que la formación no es gratuita, como sucede en nuestro país. Algunos, de un magro sueldo, dedican además algunos pesos a comprar un libro. ¿Cómo no sentir admiración, gratitud y afecto hacia estos profesionales de la educación que lo dan todo por hacer cada día mejor su tarea en unas condiciones tan adversas como las que tienen?
La escuela en la que trabajan estos admirables docentes no está situada en la estratosfera, ni el vacío, ni en una campana de cristal. Está situada en un contexto que lo condiciona todo, para bien y para mal. Es preciso conocer los contextos para entender los textos. Los alumnos y las alumnas vienen a la escuela influidos por la filosofía que se respira en la cultura y van a ella después del tiempo de escuela. A me gustaría que volvieran para transformarla, para mejorarla. Voy a plantear doce características que definen el contexto actual de la escuela.
Convengamos que muchas de esas características y otras que no hemos tenido espacio para comentar contradicen los presupuestos de la educación. Es más fácil dejarse arrastrar por la corriente que ir en contra de ella, pero la corriente solo arrastra a los peces muertos.
1. Individualismo exacerbado: está claro que la cultura neoliberal que nos invade predica un rabioso individualismo. Los lemas vigentes nos dicen que cada uno tiene que ir a lo suyo, que se salve el que pueda y que al que Dios se la da San Pedro se la bendice. Es decir, que hay que mirar solo por uno mismo. Es la filosofía del yo-yo y del ya-ya.
2. Competitividad extrema: no se trata de luchar por alcanzar la mejor versión de nosotros mismos sino de ganar a los otros como sea. Somos víctimas de la rankingmanía. Lo que se busca es estar por encima de los demás a través de los medios que sean necesarios. Cada persona, cada institución, cada país. Las pruebas externas se articulan sobre el assessment: medición de resultados a través de pruebas externas con el fin de confeccionar el ranking.
3. Relativismo moral: para alcanzar poder, vale todo; para conseguir dinero, vale todo; para tener fama, vale todo; para tener bienes, vale todo. Para anexionarse un país, vale todo; para conseguir petróleo, vale todo; para deponer al presidente de un país, vale todo; para desprestigiar a un adversario político, vale todo.
4. Privatización de bienes y servicios. Cuando se privatiza, está claro a quién se perjudica. Son los más pobres, los más desfavorecidos, quienes se van a quedar sin educación, sin sanidad, sin seguridad porque no la pueden pagar.
5. Imperio de las leyes del mercado: tanto dinero tienes, tanto vales; tanto puedes comprar, tanto eres. Lo verdaderamente importante de la vida en esta sociedad mercantil es acumular dinero, no solo para comprar, sino como signo de distinción.
6. Capitalismo salvaje: sabemos los males que trae el capitalismo desbordado. Podemos comprobar fácilmente que los ricos son cada vez más ricos y que los pobres son cada vez más pobres.
7. Situaciones de guerra: estamos viviendo situaciones de inusitada violencia en el mundo. Se organizan genocidios, se declaran guerras crueles de forma ilegal, se pretende solucionar los conflictos matando a personas inocentes y sembrando el terror.
8. Ley de la selva: el más fuerte impone su voluntad. El más poderoso se anexiona otros países, secuestra a otros líderes, mata impunemente para conseguir sus objetivos.
9. Olvido de los desfavorecidos: nadie se ocupa de quienes necesitan ayuda porque el egoísmo incita al cuidado de los intereses y a la satisfacción de las propias necesidades. Los pobres, los inmigrantes, los discapacitados los enfermos, los ancianos… que salgan adelante como puedan, si es que pueden.
10. Incertidumbre extrema: los niños y los jóvenes se encuentran un mundo en el que hay pocas verdades que se puedan sostener, pocos valores que se puedan compartir, pocos ejemplos que se puedan imitar, pocos caminos que se puedan recorrer…
11. Corrupción de quienes deberían dar ejemplo: se multiplican los casos de corrupción política en el mundo. Aquellos que deberían dar ejemplo de honestidad se presentan ante la ciudadanía exhibiendo comportamientos delictivos.
12. Aumento de los problemas de salud mental: las autolesiones, los intentos de suicidio, las amenazas de muerte… proliferan en la infancia y en la juventud.
Solo la educación puede transformar un mundo hostil en un mundo habitable. La solución profunda a los problemas del mundo no está ni en los despachos ministeriales, ni en los cuarteles, ni en las multinacionales, ni en las iglesias, ni en los bancos… Está en las escuelas.
La educación es una tarea importante, difícil, colegiada, optimista y mejorable. Y, al ser tan importante debería estar desempeñada por los mejores profesionales y las mejores personas de cada país. Por otra parte, las condiciones laborales de estos profesionales deberían ser cuidados en extremo. Ahorrar en educación es masoquismo económico.
Hace algunos años publiqué en México un libro titulado “El Arca de Noé. La escuela salva del diluvio”. Del diluvio de la ignorancia, la desigualdad, la inequidad, la violencia, el sexismo, la guerra, la discriminación… En ese libro hablaba del mar proceloso de la cultura neoliberal en que vivimos, del arca salvadora, de la valerosa tripulación que es el profesorado y del arte de navegar que es la educación…
Considero fundamental definir el concepto de educación. A mi juicio se trata de un proceso diferente al de instrucción porque la educación tiene dos componentes básicos: el componente crítico y el componente ético. El componente crítico hace que la persona sea capaz de analizar, de discernir, de comprender con rigor. La persona educada sabe pensar (no qué pensar), sabe conectar las causas y los efectos, sabe que hay hilos ocultos y que esos hilos no son colocados por la divinidad o por el azar. Y sabe que esos hilos ocultos se pueden romper. Decía Paulo Freire: la persona educada ha pasado de una mentalidad ingenua a una mentalidad crítica. El componente ético de la educación tiene que ver con los valores. La persona educada ha aprendido a convivir, ha aprendido solidaridad, compasión y respeto por la dignidad del prójimo, sea cual sea su raza, su religión, su sexo, su posición. Tener mucha instrucción es almacenar muchos conocimientos, hecho que no conlleva ni la dimensión crítica ni la dimensión ética. No se puede, por consiguiente, identificar instrucción con educación.
Tampoco se debe identificar educación con socialización. Una persona se socializa positivamente cundo se incorpora con éxito a su cultura: tiene una posición, un trabajo, una formación, una buena inclusión en sus estructuras y en las dinámicas sociales. ¿Está esa persona educada? No lo sé. Depende de su capacidad crítica. Es decir, de si es capaz de discernir si en la cultura hay sexismo, desigualdad, dominación, pobreza, violencia… Si esa persona está educada, tendrá, además, un compromiso ético que le hará luchar por la eliminación del mal.
La educación nada tiene que ver con el adoctrinamiento. El educador es un maestro, el adoctrinador es un fanático. El adoctrinador impone los valores por la fuerza y, al imponerlos, los destruye. Dice Holderlin que los educadores forman a sus educandos como los océanos forman a los continentes, retirándose. Pero, ¿qué hace el adoctrinador? Anega a sus adoctrinados.
He querido llevar a los docentes y a las docentes de esta Gira Pedagógica un mensaje de esperanza porque su tarea, aunque difícil, es imprescindible para poner luz y bondad en estos tiempos revueltos. Un mensaje de aliento porque su trabajo es intrínsecamente optimista. La educabilidad se rompe cuando pensamos que el otro no puede aprender y cuando creemos que nosotros no podemos ayudarle a conseguirlo.
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