Opinión | La pluma y el diván
Emociones fuertes

Un viaducto de pura adrenalina
Antes o después nos acostumbramos a todo y el cuerpo nos acompaña en esas nuevas costumbres. Con lo que antes nos provocaba angustia o ansiedad, ahora ni nos inmutamos, como si hubiéramos aprendido alguna cosa que nos inmunizara.
Los que tenemos la fortuna de vivir en la costa alicantina somos capaces de soportar estoicamente los rigores del calor sin parpadear. Los foráneos que llegan a estas generosas tierras, sufren lo indecible si vienen del norte, porque el calor sofocante les hace perder el sentido de la realidad, hasta que poco a poco se adaptan.
Con nuestras emociones pasa algo similar. Hace no muchos años éramos absolutamente incapaces de seguir comiendo el pollo si estábamos viendo un telediario con cruentas imágenes de personas mutiladas, porque nuestro estómago respondía con desagrado a emociones tan fuertes.
Hoy en día, además de seguir comiendo el pollo de una forma impasible, somos capaces de comentar las espeluznantes imágenes y nuestro estómago ni se resiente. Todo esto teniendo en cuenta que las imágenes de antaño eran mucho más comedidas que las que nos pueden servir en la actualidad.
Siempre hemos querido estar expuestos a emociones fuertes. Las hemos buscado para alimentar la adrenalina y sentirnos vivos, pero ahora necesitamos unas dosis mucho más altas para aproximarnos a lo que antes se conseguía con bien poco. Es una forma de adicción más, porque para conseguir los mismos efectos emocionales, necesitamos ir aumentando las dosis.
Las tecnologías ayudan sobremanera a aumentar las emociones de riesgo y por ello la gente se lanza desde un acantilado con un ala delta, practican “puenting” o se lanzan en paracaídas desde alturas inusitadas.
Los parques de atracciones también han tenido que evolucionar, inventando nuevas formas de insuflar adrenalina a lo bestia y hemos pasado del simpático y tranquilo tío vivo a la fastuosa montaña rusa de vértigo, que nos hace cambiar de color.
Los hay que buscan emociones fuertes mediante juegos de rol en vivo y en directo, construyendo aventuras fantásticas auspiciadas por empresas que te montan un espectáculo donde parece que los límites no existen y puedes incluso verte a punto de morir, aunque en el fondo sepas que eso no es posible porque todo es una ficción.
Pero se puede ir mucho más lejos y ser víctima de una encerrona sin que sepas que todo es un montaje. Un ejemplo estelar es la despedida de soltero donde los amigos del novio contratan un secuestro para que éste viva en sus carnes un auténtico infierno, antes del matrimonio.
Eso sí que puede ser un verdadero chute de adrenalina, otra cosa es que le compense el susto y le sigan quedando ganas de matrimoniarse.
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