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Opinión | La plaza y el palacio

Era un murciélago

Llorca afea a Compromís ser los "pagafantas" de Sánchez: "Se dedican a pelear"

Llorca afea a Compromís ser los "pagafantas" de Sánchez: "Se dedican a pelear" / Europa Press

Voy a contar un chiste. Esto es una ratita que se hace novia de un murciélago. Un día va por la calle cogida de la mano de su pretendiente y se encuentra a una amiga a la que anuncia: “Mira, es mi novio”; pero la amiga dice: “¡Es muy feo!”; pero ella, animosa, responde: “Sí, pero es piloto”. A mí siempre me ha hecho mucha gracia, pero hay gente a la que no le gusta. Si es de estos no se preocupe por mí, ni disimule si me ve. Un artículo periodístico es como un pequeño tratado de filosofía moral y nadie espera que los chistes en él incluidos hagan risa: se trata de que acojan y revelen algún tipo de metáfora sapiencial. Este chiste y sus circunstancias, por supuesto, va dedicado al presidente de Canarias. Lo malo es que tampoco alcanzo a ver cuál es la moraleja. O quizá esa sea la moraleja: mucho cuidado con los excesos que quedan en nada por las redes porque muestran su eficacia haciéndote un desgraciado cuando menos lo esperas. Con lo contento que se quedaría él, firme defensor de su tierra y gentes, animoso debelador de roedores inmundos. Lo malo es que los roedores no eran. Nadaran o no, se habían ido volando. Feos serían en su entendimiento, que los humanos tenemos tirria a ratas, sierpes y arañas. Feos serían, pero eran pilotos.

Seguí el cruce de palabras intergubernamentales con cierta aburrida distancia, convencido de que se nos venían encima días poco gloriosos, en los que el miedo haría decir cosas que después provocarían arrepentimiento, pero no disculpa. Es uno de los males de la España autonómica: la ausencia de mecanismos fiables de encuentro, diálogo y resolución de problemas. O sea, que estamos condenados a desagradables e inútiles conflictos por empeñarnos en no aceptar las diferencias y avanzar a un Estado federal. Pero es mucho mejor perseverar en las sutilezas acerca de las características natatorias de los vertebrados de pequeño tamaño. Aquí, cada presidente se siente alcalde de Hamelín y ambiciona que sus ciudadanos, presos de una minoría de edad culpable, sean caterva de sumisos seres, dispuestos a lanzarse a la carrera, desplegando banderas tras sus toques mágicos, por ver si invade competencias de otros, en valles y montañas poco definidas. Que aquí cada cual lleva una frontera en el corazón y en el Boletín Oficial. Lo malo -lo peor- es que normalmente no saben tocar la flauta, que no digo yo que sea fácil.

La España de las redes complica el panorama: superpuestas a la densidad creciente de incertidumbre e identidades doloridas, genera con un par de compases un ataque de histeria que trata de hacer pasar por libertad. Pero todos quieren estar ahí, nadie tiene la presencia de ánimo de evadirse. Personalmente yo haría una reforma constitucional para prohibir los Jefes de Prensa y la presencia de asesores en redes y enredos en toda dependencia oficial. ¿Sabe usted lo que deben ser varios millares de personas, que se justifican por “facilitar información”, intentando ocultar mensajes, confundir razas, dibujar trampas y reivindicándose como auténticos salvadores de todas las patrias y causas perdidas? Pilotos sin helicópteros, drones automatizados de respuesta inmediata ante toda ofensa al partido, comunidad, ayuntamiento, ministerio, dirección general, patio de vecindad o qué sé yo.

Lo que nos faltan son políticos con afición y sentido común. Lo digo en serio. No puede ser que en vez de buscar soluciones uno acuda corriendo a un micrófono o a un teclado a explicar cuál es la culpa del “otro”; otro con el quizá tenías una relación razonable y que a partir de ahora queda clasificado como culpable. Una cosa parecida advierto en la gestión de la importante huelga en la enseñanza pública valenciana, en la que el Consell está dando muestras de una insensatez más que notable: la única respuesta conocida ha sido contraatacar a los sindicatos, dudar de sus intenciones, tratar de poner a las familias contra maestros y profesores. Esto es: ensanchar las grietas en la sociedad, comunicarse con textos tramposos, dejar heridas perdurables. Por más vueltas que le doy, concluyo que, en una democracia, estas dinámicas no tienen sentido: hay una larguísima experiencia sobre cómo encargarse de estos asuntos sin embestir desde el primer minuto y, al menos, minimizar daños. El problema es que el Consell y su president -que es quien nombra y mantiene a una consellera que fue buena hasta que tuvo que demostrarlo- está dando vueltas a ver cómo es posible que se le considere víctima de unos trabajadores a los que tendrá que dar la razón. El PP se lo tiene que mirar: si ya es ridícula la pretensión, cualquier cosa que vaya en esa línea, tras las desventuras de Mazón, suena a ratería indigna. Es como si los del PP de aquí fueran un Ratoncito Pérez que se llevara los dientes y se quedara los regalos.

En fin, así estamos, especialmente atentos a las elecciones del Real Madrid. Tengo un buen amigo que opina que Mbappé es gafe y que desde que llegó al club no ha dado una a derechas. No sé, a mi me parece raro. No debe ser así porque Florentino Pérez, en su tremendo memorial de agravios, no habló de un conjuro de ese tipo, y al hombre se le veía enfadado, las cosas como son. Otra víctima. Muy víctima y mucho víctima, como dijo aquel otro personaje de meme, ya legendario. Pero también es verdad que son cosas de Madrid. Allí todo es raro: como no llegan los cruceros, las epidemias son de otra manera. Más cosa de alcantarilla.

Al parecer México tiene mucho que ver, que ya avisó el inmortal Agustín Lara:

“Madrid, Madrid, Madrid

Pedazo de la España en que nací,

Por algo te hizo Dios la cuna del requiebro y el chotis.

Madrid, Madrid, Madrid

En México se piensa mucho en ti”.

Hay que reconocer que, sabido lo que puede saberse por ahora, el novio de Ayuso no es piloto. Pero como es del gremio sanitario, debería hablar con el presidente canario por si le apañan unas mascarillas, una flauta y un poco de queso. Y Malinche. Que es que quien no corre, vuela.

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